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Crítica: ‘The Romanoffs’ no es ‘Mad Men’ y cuanto antes lo aceptemos, mejor

Comentamos los dos primeros episodios de la nueva serie de Matthew Weiner: ‘The Violet Hour’ y ‘The Royal We’

De arriba abajo: ‘The Violet Hour’ y ‘The Royal We’. (Fuente: Amazon)

Esta crítica se ha escrito tras ver los dos primeros episodios de ‘The Romanoffs’.

El domingo de Pascua de 1885, el zar Alejandro III le regaló a su esposa, la danesa Maria Fiódorovna, un huevo de oro que escondía en su interior joyas con rubíes. La iniciativa fue tan bien recibida, que se convirtió en una tradición anual que siguió el zar Nicolás II, por lo que la Casa Fabergé, su diseñador, creó dos en cada Pascua siguiente, uno para la esposa y otro para la madre del zar.

La tradición de los Huevos Fabergé y los zares rusos llegó a su fin con la caída de la familia Romanov durante la revolución; de esos 50 huevos imperiales hoy en día se conservan 43, siete están perdidos. Y Matthew Weiner no los ha encontrado con The Romanoffs. Vaya rollo, diréis; os cuento esto porque, después de ver el estreno de esta nueva serie, y gracias a que uno de los huevos, uno que resulta ser falso y aparece en The Violet Hour, no puedo evitar hacer la analogía: The Romanoffs es como un Huevo Fabergé; en apariencia es lujosa, extravagante y ambiciosa, pero al abrirla, su interior no esconde ninguna sorpresa. No por ahora.

Aaron Eckart y Marthe Keller en el 1×01. (Fuente: Amazon)

¿Estoy diciendo con esto que The Romanoffs es un desastre y un producto mediocre? No, en absoluto, pero viniendo de donde viene su creador esperaba perfección, una tan rotunda, que nadie la pudiera discutir. Después de ver The Violet Hour y The Royal We, a ratos la serie parece un capricho caro de su creador. Se nota la libertad que da no tener limitaciones de presupuesto, pero esto se reduce a un mero artificio si toda esa ambición en la forma no es acompañada por el fondo.

La ambición a la hora de contar historias nunca me parecerá un defecto, hay que ser justos y reconocer que la propuesta de Weiner, para la que ha reunido a gran parte del equipo creativo y técnico con el que trabajó en Mad Men (Andre y Maria Jacquemetton, Semi Chellas, David Carbonara, Chris Manley…) no es del todo fallida, solo irregular. Los seguidores de su primera serie podemos reconocer en los episodios vistos sus inquietudes recurrentes, el estilo de sus diálogos, su sentido del humor y su capacidad para dibujar fácilmente con un par de trazos (algunos) personajes que parecen existir en la realidad y que tienen mundo interior.

Y en su faceta de director sabe encontrar el tono de las escenas y conseguir de sus actores exactamente lo que quiere; también controla el uso de los espacios y encuadra unos planos especialmente bonitos (sobre todo en el primer episodio, cuando materializa la hora violeta a la que hace referencia el título). Es en la propuesta narrativa donde The Romanoffs desluce. La duración de cada episodio oscila entre los 70 y los 90 minutos, y la sensación que nos queda cuando acaban, es que son muy largos para lo que parece que quiere contar, y a la vez, que se quedan cortos para que sus resoluciones estén justificadas.

No es esta la forma en la que imaginé que me enfrentaría a esta crítica cuando recibí acceso a los screeners. Esperaba este estreno con la máxima ilusión y la más genuina curiosidad (aunque Weiner no ha sabido responder de forma satisfactoria a la acusación de Kater Gordon, tema con el que aún estoy negociando a nivel personal), porque Mad Men lo fue todo para mí mientras estuvo en emisión y le reconozco muchísimos méritos. Pero The Romanoffs no es Mad Men, le falta intención y profundidad en sus conflictos; cuanto antes lo aceptemos, mejor. Pasemos a comentar lo que nos atañe hoy, los dos primeros episodios de la serie.

Matthew Weiner nos habla de su ‘The Romanoffs’, un viaje cultural y emocional
Unos supuestos descendientes de los Romanov son el vehículo narrativo que ha escogido el creador de ‘Mad Men’ para su…fueradeseries.com

‘The Violet Hour’

Marthe Keller e Ines Mèlab en el 1×01. (Fuente: Amazon)

De este episodio lo mejor es la dinámica entre Anushka y Hajar, creo que podría haber visto una serie entera solo con ellas dos. La química entre las actrices es fantástica y la evolución de su relación deviene en una intimidad tan natural que hace de sus escenas algo muy memorable. Es un episodio divertido y a ratos entrañable que disfruté muchísimo.

Lo peor, es el final. Visualmente es precioso, pero la historia que nos habían contado pedía que fuera otro. En esa bonita estampa final sobra el personaje de Aaron Eckart. Sí, que la xenófoba descendiente de los Romanov acepte con gozo a la que era su cuidadora como la madre de su nieto muestra una evolución de su personaje (y es la continuidad del linaje lo que le interesa), pero el guion no sabe construir el supuesto enamoramiento entre Hajar y Greg.

‘The Royal We’

Kerry Bishé en el 1×02. (Fuente: Amazon)

Con esta historia me cuesta más hacer balance positivo. Empecemos por lo bueno y acabamos antes: lo mejor es Kerry Bishé, su aventura loca en el crucero y su final triunfante en el coche (mejor tarde que nunca). El episodio habría sido mejor si solo contara su punto de vista, pero claro, ella no es la Romanov, es el personaje de Corey Stoll, y no es nada interesante. Por su actitud, el personaje de Michael parece sufrir depresión, pero no es algo que la serie verbalice, ni que le importe.

Corey Stoll y Janet Montgomery en el 1×02. (Fuente: Amazon)

Por un momento pensé que iba a ver la versión de Weiner de una serie de juicios y abogados, pero su trama se convirtió en una representación de la fantasía masculina más cliché, y más propia de la época de Mad Men, no del 2018 contemporáneo y globalizado que Weiner quiere retratar en The Romanoffs. Al final del segundo acto se nos revela que Michelle (Janet Montgomery) es quien controla la situación y con esto parece que quieren demostrarnos que hemos estado haciendo una lectura equivocada, el problema, es que durante todo el episodio la hemos visto a través de los ojos y el punto de vista sexualizados de Michael (o del director, porque irónicamente la mirada es la misma cuando está sola en la cama de su casa).

¿Y ahora qué?

Quiero pensar que la serie se resignifica después de ver sus ocho episodios; la pregunta es qué porcentaje de espectadores tendrá paciencia para volver cada semana y dedicar 90 minutos frente a la pantalla si el episodio anterior no ha sido suficientemente estimulante. Yo no pienso perderme ninguno.

Es realmente difícil intuir qué podemos esperar de la serie teniendo en cuenta solo dos episodios. Y estos dos episodios en concreto. He tenido la oportunidad de ver también el que se emite la próxima semana y, ya que Weiner dice que los episodios se pueden ver en desorden, me resulta extraño que no hubiese elegido The House of Purpose para el día del estreno en lugar de The Royal We. Este tercer episodio tampoco es redondo, pero casi, es el más curioso y potente de los tres; además, está protagonizado por Isabelle Huppert y Christina Hendricks, y eso ya pone a su favor la balanza. No os puedo avanzar nada de la trama, pero juega con realidad y ficción, con lo meta y la propuesta atrapa.

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Aunque los dos episodios del estreno de The Romanoffs no os convenzan, dadle una oportunidad al tercero, quizá después de verlo volváis voluntariamente para el cuarto. Si no es así, a partir de ahí, supongo que la mejor opción será estar atentos al ruido que haga la serie en las próximas semanas y, si habéis abandonado, echarle un ojo al episodio en cuestión. Ese ruido tampoco garantiza nada porque las antologías episódicas son complicadas: unos episodios nos gustan más que otros y no a todos nos gustan los mismos. Es más complicado aun en este caso, porque el hilo que aparentemente los une es tan fino como que sus protagonistas sean supuestos Romanov.

Es inevitable comparar The Romanoffs con Mad Men pero, siendo justos, cuando vimos el primer episodio de la serie de AMC no podíamos apostar en qué se iba a convertir. Además, hoy tenemos la visión global de siete temporadas en la que se desarrollaron sus personajes; su nueva serie aprovechará mejor o peor el tiempo, pero solo tiene 90 minutos para hacerlo. En cualquier caso, para saber si esta crítica solo demuestra que soy víctima de mis propias expectativas o si mis dudas son acertadas tendré que esperar al 23 de noviembre. Si en ese momento tengo que tragarme mis palabras, las maridaré con el mejor vino y lo haré con placer.

Los dos primeros episodios de ‘The Romanoffs’ están disponibles en Amazon Prime Video. Los seis restantes se estrenarán uno cada viernes hasta el 23 de noviembre.

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