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Crítica: ‘Valeria’ quiere ser ‘Sexo en Nueva York’, pero llega tarde y mal

La nueva serie de Netflix puede gustar a los lectores de las novelas en que se basa, pero no es una serie que merezca la pena

Diana Gómez protagoniza ‘Valeria’. (Fuente: Netflix)

Esta crítica se ha escrito tras ver el primer episodio de ‘Valeria’ y no contiene spoilers.

Cuatro treintañeras en la gran ciudad, con muchos sueños, problemas, ganas de follar y una amistad inquebrantable. Esa podría ser una breve sinopsis de Sexo en Nueva York, pero también lo es de Valeria. Lo cierto es que Elísabet Benavent, autora de la saga de libros en los que se basa la serie de Netflix, no esconde en ningún momento que la serie de Carrie Bradshaw, y también Girls, le han servido de inspiración (solo faltaría), pero quizás por eso las comparaciones se hacen aún más inevitables.

Para un fan acérrimo de esas dos series de HBO como el que os habla, nada podría recibirse con más ilusión que otra ficción, y más siendo española, que siguiese la estela de aquellas y supiese capturar su alma. Pero siento mucho deciros que no es el caso: Valeria hace aguas por todas partes. Quizás quienes hayan leído las novelas de Benavent entren más fácilmente en esta historia que, en su formato audiovisual, se presenta de forma torpe y resulta anticuada.

Un buen primer episodio (que es lo que he visto de Valeria y no me han quedado ganas de más) debe presentar bien la trama y a sus personajes. Su objetivo es que los conozcamos, los amemos, los odiemos o sintamos como nuestros sus problemas. Pero la serie no es capaz, en cuarenta largos minutos, de que sepamos cuáles son los rasgos definitorios de las amigas de la protagonista: de una sabemos que se acuesta con un casado (no cómo es) y de otra que busca piso y le gusta un compañero de oficina (no cómo es), mientras que de la última solo nos cuentan que es lesbiana, como si eso ya fuese una personalidad por sí solo.

Por supuesto, también cuesta entender a esa protagonista atrapada entre la precariedad y el pijismo cuqui más absoluto, que no tiene trabajo y tiene que pedirle dinero a su hermana, pero vive en un pisazo en Chueca y coge un Uber por la noche (la denigración del colectivo de taxistas es tema aparte). Pero el problema más grave de la serie es que se apuntala sobre un relato en el que no hay temas que tratar. Todo es anecdótico y nada digno de reflexión. Y viéndola solo piensas en que Sexo en Nueva York, que terminó hace ya dieciséis años, era mucho más atrevida, valiente, deslenguada y, sobre todo, más actual; no solo pasaban cosas sino que hablaba de cosas. O, por llevar la comparación hacia otro lado, que esto está a años luz (por detrás) de Vida perfecta.

Brillan, eso sí, las localizaciones de Madrid, que ahora desde el confinamiento se hacen aún más apetecibles de recorrer. Todo lo demás, falla. El ritmo no es suficientemente dinámico para una serie de este tipo (que pide a gritos un formato de 20 minutos) y las interpretaciones parecen más propias de un corto sin presupuesto que de una serie de plataforma, rozando el amateurismo (se salva Maxi Iglesias, puntualicemos). ¿Quizás con el paso de los episodios el engranaje se engrase y chirríe menos? Es algo que no estoy dispuesto a comprobar.

La primera temporada de ‘Valeria’ está disponible en Netflix.

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