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Crítica: ‘Watchmen’ 1×05 — ‘Little Fear of Lightning’

Hemos descubierto una serie de catastróficas calamaridades

Tim Blake Nelson lleva el peso del episodio 1×05 de ‘Watchmen’. (Fuente: HBO)

Ayer andando por Lavapiés, en Madrid, me crucé con un grafiti muy molón de un simio gigante en el que alguien, probablemente un vecino del barrio, había pintado encima “Sí, el mono gentrifica”. Y hoy en Watchmen he aprendido que si el mono gentrifica, un calamar gigante puede conseguir que hasta en una ciudad de precios de vivienda imposibles como es Nueva York se pinche la burbuja inmobiliaria.

Porque aunque habíamos escuchado someramente algo sobre el calamar de Nueva York -hecho clave en el Watchmen comiquero, pero aquí sucede antes de la línea temporal principal- en este episodio se han detenido a contar que fue. Pero no solo eso, también cuáles son sus consecuencias y por qué sigue coleando en la narrativa de la serie. Y muy inteligentemente no nos lo cuentan desde las calles neoyorquinas, sino que nos llevan al cercano estado de Nueva Jersey, pero también en el presente con un vídeo de Adrian Veidt (¿alguien más pensó en los vídeos de orientación Dharma?).

Aconteció así. En 1985, Estados Unidos y la Unión Soviética estaban al borde de la guerra nuclear y para evitarlo, Veidt lanzó un calamar gigante sobre Nueva York, que no solo era un bicho enorme sino que provocaba explosiones psíquicas. No muy lejos de allí, en la localidad de Hoboken, un joven testigo de Jehová llamado Wade (a quien también conocemos por su nombre de encapuchado, Looking Glass, “espejito” para Laurie Blake), vivió el suceso de forma muy traumática y, como todos los supervivientes, sigue con secuelas psicológicas.

La amenzada téutida consiguió que los humanos enemigos unieran fuerzas y se olvidaran de lanzarse misiles nucleares. Un plan perfecto para Adrian Veidt que, por supuesto, no deja de ser un acto terrorista mezquino (con claros paralelismos con el 11-S, desde su denominación como 11–2 hasta su ubicación, pero sobre todo en las cicatrices colectivas posteriores), propio del sociópata del que estamos hablando. Como Wade, muchas personas siguen en el presente intentando perder el miedo a un ataque similar, pero las lluvias de pequeños calamares que sigue enviando Ozymandias no ayudan a apaciguar los ánimos.

Pero, como decíamos, más allá de conocer lo que pasó, nos han enseñando cómo prosigue. Y resulta que el senador Joe Keane, ese sonriente cuñado que aspira a presidente de EEUU, está en el ajo. Y la Kavallería también. Esos locos racistas no se mueven solo por el supremacismo, sino que Keane y otros poderosos (entre los que estaba Crawford) están siguiendo la hoja de ruta de Veidt. En sus propias palabras, el objetivo es conseguir “”un mundo más fuerte y bondadoso que protege a los débiles, que revierta el daño medioambiental y cultive auténtica igualdad”. Permíteme dudar.

Pero quedémonos con Veidt en el presente. Volvemos a ver su catapulta, que ya tiene un objetivo: crear con los cuerpos de sus clones-esclavos un cartel que diga “Sálvame” (“ven nadaaaando a mí”) para que lo lea alguien desde el espacio (¿el Doctor Manhattan?). Le sale mal: le pillan con el carrito de los helados y no le dejan escapar de ese extraño territorio que hace las veces de su prisión.

Por último tenemos a Sister Night, a la que hemos visto poco en este capítulo y que acaba arrestada por la traición de un Wade que no sabe ya ni dónde está. Laurie Blake la ha pillado ocultando pruebas e investigando por su cuenta. Lo que no sabemos es si Blake es trigo limpio o no. Para eso habrá que esperar.

Todas las críticas de ‘Watchmen’

‘Watchmen’ está disponible todos los lunes en HBO España.

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