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Crítica: ‘Watchmen’ 1×08 — ‘A God walks into Abar’

Como ‘Foodie Love’, pero con señores azules y escopetas

El apellido del personaje de Regina King sirve para el juego del palabras del título del capítulo. (Fuente: HBO)

Rozando con la punta de los dedos su final, Watchmen ha movido la trama en este penúltimo capítulo -esencialmente en la escena de cierre-, pero no ha perdido esa esencia que le ha acompañado a lo largo de la temporada; nuevamente, se ha parado a darnos pausadamente un contexto que parece robar minutos a la trama, pero que, en realidad, lo es todo. Una comedia romántica entre Angela Abar y el Doctor Manhattan, nada menos.

Si la semana pasada se descubría el pastel de la identidad oculta del señor azul y dejábamos a la poli abriéndole la cabeza, literalmente, a quien hacía las veces de su marido, ahora entendemos bien por qué. Jon, que así se llama el superhéroe-casi-Dios, no estaba en Marte como se decía: primero se pasó por Europa, satélite de Júpiter, para crear vida (un ecosistema que luego sería la cárcel de Ozymandias), y luego se puso a envidiar la condición de los mortales, especialmente el amor.

Así es como da con Angela Abar (sinceramente, este Dios es un stalker bastante peligroso que bien se merece una orden de alejamiento) y se encapricha con ella. Se propone conquistarla. Solo que juega con ventaja, sabe de antemano que tiene el “sí” conseguido porque es capaz de no ya ver sino de vivir el presente y el pasado a la vez. Lo curioso es que a pesar de que la premisa tire de paradojas temporales, Watchmen consigue que la historia de amor entre Angela y Jon sea fácilmente identificable para el espectador; a fin de cuentas, no dejan de ser dos personas con circunstancias muy diferentes que desean estar en la misma página.

Lo que en cualquier pareja mundana sería un problema de ubicación, trabajo, sexualidad o credo, por poner algunos ejemplos, para ellos es la diferencia entre deidad y mortal. Y para que una pareja funcione, uno no puede estar en un pedestal y el otro mirarle desde abajo, tiene que haber equidad, equilibro y reciprocidad. ¿Y cómo se consigue eso entre un Dios y una mujer? Pues, según acaban decidiendo, bajándole a él hasta lo terrenal y privándole, aunque sea por unos años, de sus capacidades.

Lo triste de esta historia no es solo que él tenga que dejar de ser él, al menos en su total complejidad, para estar con ella y que, además, todo estuviese abocado a la tragedia (todas las parejas acaban en tragedia, argumenta él). En concreto, la muerte del Doctor Manhattan a menos de la Kavallería, que tratará de usar su poder para sus propios fines. Él lo sabía. Lo sabía todo. Así que, suponemos, también sabrá que Angela solventará finalmente la situación (o no). Yo confío en que sí.

La otra opción sería que la clave de todo sea Ozymandias (si no has visto la escena poscréditos, la hay), de quien por fin entendemos la condición de su encierro (y el origen de Phillips y Crookshanks) y que parece dispuesto a volver a la Tierra para reclamar los méritos de salvador mundial que nadie le dio. Y está como unas maracas, así que todo puede pasar.

De cara al episodio de la próxima semana, que será el último, quedan todavía pendientes de respuesta varias preguntas de las que quizás la más importante sea qué va a pasar con el Reloj del Milenio de Lady Trieu, aunque en la que yo no puedo parar de pensar es en dónde demonios está el Hombre Lubricante (todos le llamamos así, ¿no?) y si le volveremos a ver.

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‘Watchmen’ está disponible todos los lunes en HBO España.

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