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Crítica: ‘Westworld’ 3×02 — ‘The Winter Line’

Un mundo nuevo, reencuentros, realidades que se deshacen y guerras en el horizonte

Thandie Newton es Maeve en ‘Westworld’. (Fuente: HBO España)

A los parques de Westworld venimos a jugar. O, mejor dicho, a que jueguen con nosotros. Con nuestras diminutas mentes, emboscadas en cada recodo del guion de la serie que en este episodio 3×02 se demuestra a prueba de balas. Y a dejarnos sorprender; primero con el regreso de Hector, a quien no esperábamos este año, y luego con ese cameo westero que tanto sentido tiene: si existen unos parques así, cómo no iba a haber uno dedicado a Juego de tronos.

Si el episodio anterior estaba centrado en Dolores, en este le toca el turno a Maeve. Es cierto que siempre se echa de menos a ambas cuando no están, pero también demuestran así que las dos son capaces de sostener la serie por sí mismas y que, por tanto, cuando colisionen en esta temporada nos van a tener con el corazón en un puño. Queremos que Dolores arrase con todo (y todos, y todas, y todes), pero con Maeve no, por favor.

Maeve despierta en un pueblo italiano plagado de nazis (que en nuestra realidad es en España, Besalú) como parte de una nueva narrativa de un parque que no conocíamos: Warworld. Y allí está Hector, pero, ay, nuestro corazón lo que tiene que sufrir. Ella es consciente de su naturaleza y quiere escapar de allí, pero él solo intenta coger un avión como parte de la historieta del parque. ¿Es posible emocionarse con un robot que desconoce que lo es y su amada? Ese beso en el camino nos demuestra que sí. Pero, desafortunadamente, Maeve no tiene tiempo para (hostias) romance.

Sin embargo, la huida del parque Warworld es más compleja de lo que parecía. No se trata de encontrar una puerta o un atajo, como en Westworld o Shogun World. Porque este parque no es un parque, al menos no en formato físico: es una compleja ilusión digital. Y lo interesante es cómo lo descubrimos: a través de un Lee Sizemore al que creíamos muerto, que efectivamente estaba muerto y ahora es una réplica robótica y que, luego, descubrimos que ni vivo ni robot, sino parte de este engaño digital.

¿Y en qué consiste todo el engaño? Lee lleva a Maeve a La Forja (que, insisto, no es La Forja) para que le diga cómo abrir La Puerta donde están las conciencias de los robots que pasaron al paraíso, incluida su hija. Pero Maeve no tiene la llave para abrir La Puerta porque la vez anterior no fue ella quien la abrió sino Dolores. Y aunque Maeve no cumpla con esto, sí llega, como un ratoncillo, a otra trampa de quien haya creado toda esta narrativa de Warworld y de Lee (que entiendo que es Bernard, pero tampoco os lo puedo jurar): recordar que un humano, Lee, dio su vida por ella de forma desinteresada porque sintió piedad.

Si en efecto todo esto es un plan de Bernard (cuya trama junto a Stubbs también intuyo que es previa a la de Dolores y Maeve, pero no lo puedo jurar), se trata de motivarla para no sumarse al team Dolores e impedir que la rubia explosiva arrase con todo (y todos, y todas, y todes). Esa semilla está ahí plantada, aunque de momento Maeve sigue su camino: primero, petar este mundo virtual para escapar de él; segundo, intentar rescatarse a sí misma en forma de pen drive dentro de una pecera, aunque el plan le sale regular.

Y entonces despierta en una casa fabulosa con aires industriales y bien de bambú. La casa de Serac. ¿Y este señor quién es? Se trata del cocreador de Rehoboam (la bola grande con lucecitas que decide qué camino toma la gente y la sociedad en su conjunto) junto a Liam Dempsey Senior (cuya parte del negocio está en manos de Liam Dempsey Junior, el chaval de pelo sucio que estaba enrollado con Dolores). Si volvemos a lo que vimos la semana pasada, Serac y Dempsey Jr. no tienen muy buena relación (la chica rubia con la que discutía representa precisamente a este tipo) y se dejaba caer que Serac está relacionado también con Delos Corporation (Dempsey le decía que dejasen de tocar las narices con Incite. Inc y se preocupasen más por los parques).

Ahora, puestos en situación, volvamos a la escena de Serac y Maeve, que está llena de información: 1) Están en una guerra que ya ha empezado y que puede que incluso ya esté perdida (obviamente: la guerra con Dolores); 2) Si no paran esa guerra, no habrá futuro para los seres humanos; 3) Lo que quiere, también, es salvar su negocio de “crear el futuro” (la bola gorda con lucecitas); 4) Es un poquito megalómano (“Por primera vez, la historia tiene autor”); y 5) Solo Maeve puede parar a Dolores.

¿El problema? Maeve no tiene ninguna intención de ayudar y decide cargarse al señoro. Pero, para sorpresa de todos, este puede pararla para reiniciarla y volver a intentar convencerla. Maeve es fuerte, pero no tanto como para librarse de Serac. ¿Será un títere en la guerra contra Dolores o podrá ejercer, por fin, su libre albedrío?

La tercera temporada de ‘Westworld’ está disponible todos los lunes en HBO España.

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