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El poder del tópico latino

A pesar de que no es extraño encontrar, cada cierto tiempo, titulares rimbombantes que ensalzan el “poder latino” en Hollywood o en la industria audiovisual, la realidad es menos idílica de lo que parece. Es cierto que numerosos latinoamericanos han conseguido hacerse un hueco en el cine y la televisión, ya sea frente a la […]

A pesar de que no es extraño encontrar, cada cierto tiempo, titulares rimbombantes que ensalzan el “poder latino” en Hollywood o en la industria audiovisual, la realidad es menos idílica de lo que parece. Es cierto que numerosos latinoamericanos han conseguido hacerse un hueco en el cine y la televisión, ya sea frente a la cámara o tras ella. E incluso han logrado que su trabajo sea reconocido y el Óscar a Alfonso Cuarón o los Emmys a Sofía Vergara son un ejemplo de ello. Sin embargo, ésta paulatina y celebrada conquista, que obviamente se apoya en el progresivo crecimiento de la población latina en Estados Unidos, no ha llegado aún a las historias que ofrecen las películas y series de televisión. Y lo que es peor, se insiste en estereotipar a los personajes latinos, ofreciendo una imagen distorsionada de la realidad, que ignora y ofende a una parte de la audiencia y ofrece una realidad deformada a la otra parte. Resulta agotador, tanto para unos como para otros, encontrarse con el personaje latino de rigor, que es delincuente, o pertenece a una banda o trafica con drogas, mientras que su versión femenina encarna a la criada (recogiendo el testigo de las mujeres afroamericanas), la vecina “caliente” o, con un poco de suerte, a una mujer policía.

Pero siendo realistas, más allá de la fidelidad con la que un creador se empeñe en trasladar la realidad a sus historias, lo que verdaderamente preocupa a las cadenas es el dinero que se mueve en torno a una producción. Y desde el más sofisticado product-placement a los anuncios que acompañan la emisión del capítulo, son muchas las empresas anunciantes a las que mimar y que quizá deseen llegar a un público objetivo tan fuerte como el latino. Para que esto suceda es necesario que las cadenas se preocupen por ofrecer a éstos posibles espectadores productos que les interesen, y no se centren exclusivamente en los televidentes nacionales, ni asuman que el público latino es sólo cosa de cadenas como Univisión o Telemundo.

Porque, entre otras razones, es ridículo ignorar al 17% de la población de Estados Unidos, unos sesenta millones de personas, con poder adquisitivo que supera el billón de dólares, una edad media de 28 años y que, de ser un país, representarían la decimocuarta economía mundial. Y aún lo es más si las previsiones demográficas de la Oficina del Censo indican que en el año 2060 la población latina alcanzará el 31% de los habitantes de Estados Unidos, unos 129 millones de personas.

Infrarepresentación y lugares comunes

Según el informe publicado en junio por el Centro de Estudios de Etnia y Raza de la Universidad de Columbia, titulado The Latino Media Gap: A Report on the State of Latinos in U.S Media, en los años 50 los ciudadanos estadounidenses con orígenes latinoamericanos apenas llegaba al 2,8% de la población, mientras que su representación en la pequeña pantalla llegaba al 3,9% de los papeles protagonistas. Sesenta años después, la población llega al 17% y, entre las diez series analizadas, los papeles protagonistas para personajes latinos no existen. La última en serlo fue Eva Longoria con su papel en Mujeres Desesperadas, y ha sido la única desde la década de los noventa. En lo que respecta a los personajes secundarios, en las producciones analizadas entre 2010 y 2013, las mujeres latinas son el 11,8% de los personajes femeninos secundarios, mientras que los hombres apenas alcanzan el 4,9%.

Pero el retrato, además de escaso, no resulta excesivamente favorecedor. El 69% de los personajes femeninos latinos de las producciones audiovisuales interpretan a criadas o limpiadoras del hogar, mientras que un 24,2% son criminales. Según las estadísticas del gobierno estadounidense, el 44% de las población latina se dedica a las tareas de limpieza del hogar. Y sólo el 19% de la población reclusa es latinoamericana. Curiosamente, en 2013 se estrenaron dos producciones que continuan incidiendo en dos de los estereotipos más socorridos sobre la comunidad: Devious Maids, con cinco criadas de origen latino, y Orange Is The New Black, con otras tantas presas.

En el estudio, que ha analizado las diez producciones de ficción televisiva con mayor audiencia, también podemos encontrar los personajes que definidos como “mujer sexy”, y en el que su principal representante sería Gloria Delgado-Prichett, el papel que interpreta Sofía Vergara en Modern Family. La actriz de origen colombiano interpreta a una mujer atractiva, casada con un hombre mayor, un estereotipo que hemos visto en numerosas ocasiones en la pantalla. Aunque la “mujer sexy” sólo corresponde al 1,9% de los papeles de intérpretes latinas, el éxito de la comedia de ABC (y de Sofía Vergara, que gracias a su papel ha conseguido dos Emmys) hace que ésta imagen que se proyecta sobre la mujer latina tenga una mayor trascendencia y continúe estereotipándose. Y el “numerito” de Vergara en la última entrega de los premios de la Academia de la Televisión tampoco contribuye a acabar con las frivolidades.

En lo que respecta a los personajes masculinos, el 24,2% de los criminales que vemos en la pequeña pantalla tienen orígenes latinoamericanos, mientras que los que trabajan al otro lado de la ley, en las fuerzas del orden, son el 23%. A pesar de que el informe incide en el hecho de que los roles “buenos”, aquellos interpretados por policías, bomberos o detectives latinos, acaparan más tiempo en las tramas que el de los criminales del mismo origen, habitualmente personajes episódicos, las cifras son cuanto menos sorprendentes.

La criminalización de la imagen latina

Según la televisión estadounidense, la principal ocupación de los hombres latinoamericanos es delinquir, ya sea traficando con drogas o armas, comerciando con sus propios compatriotas para cruzar la frontera, aterrando barriadas enteras controladas por bandas violentas o peleándose por el territorio que les corresponde a cada una de ellas. O trabajando para peligrosos y poderosos delincuentes norteamericanos, o siendo uno de ellos, con un punto desequilibrado que lo haga impredecible y así su comportamiento aporte espectacularidad o comicidad a la trama.

A pesar de que el informe de la Universidad de Columbia se centra en las producciones emitidas entre 2010 y 2013, parece bastante probable, a la vista de las series de televisión que se han estrenado este año, que el próximo arroje cifras muy similares o incluso superiores en lo que respecta al porcentaje de criminales latinos que vemos en la pantalla. Y es que lejos de desaparecer, la imagen de latinos delincuentes se perpetúa en la pantalla. Tras la publicación del estudio, en el mes de junio, resultó especialmente llamativo encontrar en la temporada veraniega tres producciones en las que la comunidad latina era representada por criminales, mafiosos y traficantes repartidos por todo el país. Si bien es cierto que el objetivo, la calidad y el desarrollo de cada una de las series es muy diferente, la coincidencia resulta bastante desafortunada y no especialmente beneficiosa para la imagen de la comunidad latina en televisión.

El 22 de mayo FOX, que en 2012 lanzó su canal en español para los hispanohablantes residentes en Estados Unidos, estrenó Gang Related. La serie, creada por Chris Morgan y cancelada tras su finalización, se centra en el detective perteneciente al cuerpo de élite del Departamento de Policía de Los Ángeles, Ryan López. Éste joven, que nació en México, entró en Estados Unidos de forma ilegal, siendo un niño que acompañaba a sus padres en busca de un futuro mejor. Ese futuro ahora es el presente, y Ryan lleva una doble vida en la que a pesar de su trabajo, continúa siendo fiel a Javier Acosta, el líder de una temible banda latina y también el padre que nunca tuvo. A pesar de que la premisa inicial de la serie trata de ofrecer el lado oscuro del héroe, el efecto positivo que el trabajo del personaje interpretado por Ramón Rodríguez pueda aportar, queda sepultado por su capacidad para traicionar y engañar a sus compañeros, aquellos que trabajan y arriesgan sus vidas por hacer cumplir la ley.

Cuando Ryan López retoma el contacto con sus antepasados nos encontramos con el retrato de una familia tradicional latina encabezada por el todopoderoso y temible, o por lo menos eso intenta ser, Javier Acosta. El patriarca de la banda conocida como Los Angélicos, es un hombre recto, que no duda en recordarle a Ryan su procedencia una y otra vez, sumiendo a la historia en un continuo juego de chantajes que parece no tener fin. Por si esto fuera poco, el papel de Javier Acosta lo intepreta el neozelandés Cliff Curtis, lo que convierte las escenas en español, tan habituales en este tipo de producciones, en un absurdo difícil de entender.

A las órdenes del patriarca se encuentra, como no podía ser de otra forma, su hijo, Carlos Acosta, un joven que aspira a heredar el poder de su padre y mira con recelo la relación que éste tiene con Ryan. El personaje interpretado por Reynaldo Gallegos reúne todos los tópicos esperables en la trama: es machista y violento, de naturaleza amenazante y aficionado a emborracharse y a tomarse la justicia por su mano, a pesar de las órdenes de su padre. Pero las grandes esperanzas de Javier Acosta están depositadas en su otro vástago, Daniel Acosta, que trata de mantenerse alejado de los negocios de su padre y se ha convertido en un hombre de provecho al frente de una sucursal bancaria.

Gang Related

Gang Related

En lo que respecta a los personajes femeninos latinos, la presencia es prácticamente circunstancial, y en ningún momento resulta relevante para la trama. Con todo ello Gang Related ofrece, en general, una imagen negativa de la comunidad latina, sin apenas interacción con personajes nacionales que refuercen actitudes positivas. A pesar de que pertenecen a un nivel socioeconómico medio-alto, la ilegalidad de sus negocios, así como su bajo nivel educativo ofrecen unos personajes que únicamente se asientan en conceptos perjudiciales para el modelo latino.

En el mes de junio el canal de cable Starz estrenaba Power, una producción que narra la historia de James St. Patrick, un afroamericano propietario de un club nocturno de Nueva York que trata de dejar atrás sus negocios ilegales, aquellos que le han permitido hacerse empresario y convertirse en una figura de la noche neoyorquina. St. Patrick, al que sus amigos, y sus enemigos, le llaman Ghost, comenzó siendo adolescente a traficar con drogas y desde entonces se ha codeado con los grandes jefes de las bandas más importantes de la ciudad. El ambiente habitual en el que se mueve el protagonista está compuesto en su mayoría por personajes afroamericanos, aunque en su séquito, con el rol interpretado por Joseph Sikora, Tommy Egan, o en su empresa, podemos encontrar personajes de raza blanca.

Respecto a la comunidad latina, el retrato que hace Courtney Kemp Agboh, creadora de la serie, abarca, casi exclusivamente, la parte negativa de la vida de Ghost. A pesar de que lucha por alejarse del día a día del negocio de las drogas, el personaje interpretado por Omar Hardwick sigue teniendo que vérselas con su jefe y proveedor, Felipe Reyes, o con otros cabecillas de bandas locales, como Carlos Víbora Ruiz, líder de los Soldado Nation, a los que se enfrenta para tratar de mantener la paz y conservar su territorio. Tanto Reyes como Ruiz, y aquellos que les acompañan, son personajes violentos y egoístas, únicamente preocupados en mejorar su negocio, ya sea con el tráfico de drogas a gran escala, o el menudeo en las esquinas de los barrios de la periferia.

Power-Amante-y-soplon

Power

Pero en Power también hay espacio para las mujeres latinas, aunque no cuentan tampoco con alguna virtud destacable. La más relevante es Ángela Valdéz, una guapa latina, viejo amor de Ghost, que casualmente aparece una noche en el club del joven del que se enamoró en su adolescencia. A pesar de que es una abogada respetada que trabaja para el estado en un caso que trata de atrapar a Felipe Reyes, un aspecto positivo de su historia, Valdéz se convierte muy pronto en la amante de Ghost. Si bien en un primer momento, cuando se entera de que él está casado y tiene hijos, decide terminar con el idilio, posteriomente continúa con él, sin preocuparse por las consecuencias que la aventura tendría para ambas familias. Además, en lo que respecta a su trabajo en la lucha contra las mafias, el personaje interpretado por Lela Loren, no duda en saltarse la ley, sin importarle el resultado de sus acciones. Por ello, Valdéz trata de saber más sobre los hombres que trabajan para Reyes, acercándose a uno de los soplones de la policía, un joven latino que pasa sus días formando parte del séquito de Víbora Ruiz y enamorándose de la hija de éste. Precisamente Ruiz será víctima del otro personaje latino femenino destacado, la mujer conocida como Pink Sneakers. Ésta joven atractiva y misteriosa es enviada por una banda rival para terminar con la competencia tratando de acabar con la vida de varios líderes rivales de otras bandas.

Y así en Power nos encontramos también con una imagen perjudicial para la comunidad latina, en la que sólo encontramos personajes negativos y nada ejemplarizantes, que engañan, manipulan, trafican y matan sin apenas remordimientos. Si bien es cierto que el conjunto de la historia cuenta, por sí misma, con aspectos negativos y poco favorecedores del personaje principal, su mujer, o otros afroamericanos, Ghost si alberga deseos de cambiar y caminar por el lado bueno de la ley y de la vida, algo que no se percibe en el resto de los personajes.

Por último, en el mes de julio, FX estrenó la segunda temporada de The Bridge, adaptación de la serie sueco-danesa Bron-Broen. Protagonizada por Damian Bichir y Diane Kruger, la serie transcurre entre El Paso, en Estados Unidos, y Ciudad Juárez, en México. Lejos de perpetuarse en concpetos manidos, entre las intenciones de la producción está denunciar la grave situación en la que se encuentra la justicia mexicana, así como la consentida corrupción policial, el narcotráfico, la trata de personas y la triste situación que afrontan las mujeres locales. Y si bien los tres primeros problemas los ha puesto sobre la mesa con eficacia, la historia podría haber profundizado más en los dos últimos. El final de la primera entrega parecía indicar que los graves hechos que llevan a la desaparición de miles de mujeres cada año en Ciudad Juárez formarían parte de la historia en la segunda pero no ha sido así. Y resulta especialmente insensato no encontrar en la historia demasiado tiempo para plantear el problema de la inmigración ilegal, y más cuando, según el informe de la Universidad de Columbia, lo que abundan en las series de ficción, son los inmigrantes ilegales, cuando según el censo de 2012 los latinos nacidos en Estados Unidos son casi cinco veces más.

Para denunciar todos estos hechos la serie ha utilizado numerosos personajes latinos, o más concretamente mejicanos, pero los ejemplos positivos que encontramos entre ellos son escasos, ya sea por falta de ganas o por querer asumir una realidad de la forma más desesperanzadora posible. La joven Eva, personaje interpretado por Stephanie Sigman, comienza la serie siendo la novia de un hombre a las órdenes de un narcotraficante, y tras sufrir abusos por parte de unos cuantos policías, en la segunda entrega se atreve a plantarles cara y denunciar los hechos. Para ello cuenta con la ayuda del fiscal Abelardo Pintado, uno de los pocos mexicanos dispuestos a terminar con la corrupción campante. Pero como, tristemente, era de esperar, Pintado acaba pagando con su muerte el atrevimiento y la vida de Eva vuelve a estar en peligro.

El rol latino más positivo y valiente que encontramos en The Bridge es el de Adriana Mendez, periodista de El Paso Times, nacida en Juárez y lesbiana. El personaje interpretado por Emily Ríos es una mujer fuerte y segura, dispuesta a lo que sea por . En la segunda entrega de la serieAdriana decide mudarse a El Paso, por lo que el contacto con su familia, y especialmente con su madre, se reduce, y se aleja de su comunidad y de lo que sucede al otro lado de la frontera. Sin embargo, tras su mudanza, Adriana continúa sufriendo las consecuencias de desafiar a las mafias, planteando una vez más en el relato la incertidumbre sobre la verdadera existencia de la frontera como algo físico y el alcance del poder de los señores de la droga.

The Bridge Adriana

Adriana Mendez (Emily Ríos) en The Bridge

Pero es el detective Marco Ruiz, que trabaja en la Policía Estatal del estado de Chihuahua, el personaje latino más relevante para la historia. Aunque se agradece encontrar un latino en un papel protagonista, que cargue con la mitad del peso de la trama de la serie, el personaje encarnado por Demian Bichir camina entre el bien y el mal, resultando sin duda mucho más destacable y evidente sus peores vicios. Su pasado junto al todopoderoso Fausto Galván, su capacidad para moverse entre la delincuencia de Ciudad Juárez y su falta de escrúpulos le convierten en un policía temible, que sin embargo se molesta cuando, como al resto de sus compañeros, alguien le propone aceptar un soborno. Entre las virtudes de Marco, que siempre ha estado ahí para su compañera Sonya, encontramos sus intenciones de terminar con su lado oscuro, aunque a veces el destino no se lo ponga fácil.

Marco Ruiz (Demien Birch) en The Bridge

Marco Ruiz (Demian Bichir) en The Bridge

Paradójicamente, para construir la realidad que los creadores quieren trasladar a la pantalla, The Bridge repite algunos de las ideas convencionales de los que abusan otras producciones como Gang Related o Power. Pero mientras las últimas tratan de construir un universo simple y plagado de conceptos comunes, la serie de FX intenta ofrecer un retrato complejo y original que refleje la situación de la frontera con México.

La diversidad necesaria

Con mayor o menor acierto, cuando un creador pone en marcha una serie o bien escribe sobre aquello que domina o bien se rodea de aquellos que le pueden ayudar en aquellas materias que no conoce y que forman parte de la historia que quiere trasladar. Sin embargo, la presencia de guionistas, productores o directores latinos tampoco resulta muy destacada y en el informe apenas supera el 5% en el mejor de los casos. Pero en un mundo como el televisivo, en el que las estructuras están muy controladas y resulta esencial conocer productores ejecutivos que desde dentro apuesten por historias diferentes, quizá también sea importante que en los consejos administrativos cuenten con representantes de la comunidad latina que velen por sus intereses, más allá de la creación de nuevos canales hispanohablantes.

Llegados a este punto, y a pesar de que queda mucho camino por recorrer, quizá sea un buen ejemplo el avance que las mujeres han experimentado en las dos últimas décadas. A pesar de que siguen existiendo los personajes de mujer florero, la ficción televisiva actual ofrece numerosos y muy variados ejemplos de mujeres de hoy en día, trabajadoras, comprometidas y luchadoras. Y esto ha sido posible porque las mujeres han encontrado su lugar tras las cámaras, en los despachos o en la sala de guionistas. El camino no ha sido fácil ni corto, pero ha hecho posible que la televisión ofrezca un retrato algo más certero y respetuoso del género femenino en el siglo XXI.

Hasta que la comunidad latina pueda encontrar en la pequeña pantalla un espejo en el que mirarse, sería deseable que las series de televisión dibujasen una sociedad más real, alejada de los roles previsibles tantas veces vistos y capaces de interactuar con los personajes autóctonos. Porque sólo hay que pensar en nuestro día a día para comprobar que la inmigración es un fenómeno más habitual y menos peligroso de lo que nos plantean algunas series, sea cual sea nuestra procedencia o lugar de residencia. Y es que la infrarepresentación y la criminalización de la inmigración no es sólo un problema de la televisión norteamericana, y en España las producciones televisivas padecen y permiten las mismas trivialidades y ofensas. Sea donde sea, éstas prácticas condicionan la visibilidad de un colectivo cada vez mayor que lo último que necesita es que la ficción, esa que les descubrió su “sueño americano”, empeore su ya de por sí difícil situación.

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