Fuera de Series Fuera de Series

Eres lo que comes, seriéfilo

¿Tienes hambre? Deja este artículo para más tarde. Porque en las series de televisión se come, igual que se bebe, mucho, demasiado. O, al menos, desde que ‘prohibieron’ fumar en la pequeña pantalla. Vale que Carrie Bradshaw utilice el horno para guardar sus zapatos (en realidad, su casa entera es un closet), pero no hay […]

¿Tienes hambre? Deja este artículo para más tarde. Porque en las series de televisión se come, igual que se bebe, mucho, demasiado. O, al menos, desde que ‘prohibieron’ fumar en la pequeña pantalla. Vale que Carrie Bradshaw utilice el horno para guardar sus zapatos (en realidad, su casa entera es un closet), pero no hay episodio en el que Carrie y sus amigas no hablen de vaginas y penes sin un brunch de por medio. Para sus monólogos en columna, Carrie prefiere un “Cosmopolitan”, la única receta que se sabe de memoria. Porque salir, comer y dejarse ver en Nueva York es de lo más cool.

En las series, como en la vida, se puede nacer en el desayuno y morir cenando. Un forense llamado Dexter comienza el día con la intro calórica más potente que hayamos visto jamás en pantalla (al menos hasta que apareció Hannibal, aunque, agrrr, no es lo mismo). Nada como una carnaza, unos huevos con ketchup, café y zumo de naranja con apariencia sanguinolienta para coger fuerzas. Nunca verás al serial killer con un sandwich mordisqueado en la escena del crimen… algo muy habitual, por jocoso, en la mayoría de las series policiacas. El señor Morgan tiene clase (y estómago) hasta para esto. En una ocasión le vemos tirar a la basura un par de bistecs porque no están a la altura. Si volviera a nacer, Dexter podría ser el mejor de los carniceros.

De haber nacido en Miami (hipotéticamente hablando) no sé si Tony Soprano habría acabado en la mesa del justiciero. ¿Te imaginas? En Los Soprano, el personaje interpretado por James Gandolfini se despidió de sus fans sentado a la mesa de un pequeño restaurante, junto a su familia, comiendo unos aros de cebolla, “los mejores del Estado”. Nada de sabrosos espaguetti con albóndigas en el Vesubio ni chupitos de sambuca en el Bada Bing! El capo más famoso de la ficción — con permiso de El Padrino — rumiaba un vegetal frito en el, paradójicamente, momento más tranquilo de toda su existencia.

Imágenes metafóricas que encuentran su máximo esplendor en la serie Hannibal, cuyos episodios tienen nombre de comida. Aunque las apariencias engañen, lo cierto es que no se había visto nunca un congelador tan bien aprovisionado. Si del cerdo se aprovecha todo, no digamos ya del ser humano. Y siempre bien regadito de Chianti. Sus elegantes ademanes han inspirado no sólo a Dexter en la despedida de la serie, sino también a las brujas de American Horror Story: Coven. La fashionista Myrtle, preocupada por su melena pelirroja a lo Grace Coddington y por sus conjuntos haute couture, urde una venganza cocinada a fuego lento: concretamente, una suculenta langosta a la mantequilla y exquisitas bolas de melón con cuya cucharita hace virguerías con el ojo humano… aunque, eso sí, avisa a sus futuras víctimas: “No voy a mataros hasta después del postre: tarta de lima. Me encanta, más que la isla flotante, llamadme ignorante”. El humor negro, negrísimo, de Ryan Murphy llega hasta los fogones. Ya lo vimos con aquel cerebro emplatado de la primera temporada.

Pero si algo nos ha enseñado Hannibal es que en nuestra mesa no pueden faltar otros delicatessen más accesibles para paladares no caníbales (¡auch!). No se había comentado tanto un episodio con una pata de jamón ibérico desde Los Serrano. Hannibal lo corta a mano para deleite de su invitado, que aprecia la dificultad para conseguir tan suculento plato. El comedor de Hannibal es, en muchas ocasiones, una especie de corredor de la muerte en el que la víctima cebada se despide con algo más apetitoso que unos aros grasientos. Sin duda, Hannibal ha marcado un antes y un después en la gastronomía televisiva y se lo debemos al cocinero José Andrés, cuyas retorcidas propuestas realizadas en su calidad de asesor fueron llevadas a la pantalla por Janice Poon, una amante de la gastronomía española.

Porque la comida Made in Spain sigue pareciendo exótica (y que así siga) al otro lado del charco. En muchas series se enorgullecen de pedir ‘tapas’ y ‘sangría’ (en The Goldbergs, ambientada en los años 80, ya parecía hacer furor). ¿Ejemplos? Muchos, la mayoría muy divertidos. Me sorprendió encontrar un episodio, magnífico, de Mujeres desesperadas en el que cada una de ellas se nos presentaba subliminalmente a través de la comida. La más sibarita, Renee (Vanessa Williams), se decantaba por la ‘tortilla española’. Con series familiares como las protagonizadas por las desesperadas de Wisteria Lane hemos aprendido (y mucho) a entender la importancia de la salsa de arándanos y del pavo relleno de Acción de Gracias. Estos episodios festivos, como los de Navidad, son ya un clásico, con sus poncheras y sus tartas de manzana.

Sin embargo, lo que más me sigue sorprendiendo es el extraño maridaje nacido entre la pizza y el vino. Cuando los Scavo abrieron una pizzería, resultaba inevitable que montasen cenas temáticas en familia… pero el que Lynette, tras su divorcio, viera como su nuevo novio le invitaba a una pizza con vino tinto parecía un chiste del destino sin mucha gracia. En The Good Wife sirve para que Peter y Alicia recuerden cómo fue su primera cita y, de paso, sepamos como espectadores que se han hecho a sí mismos, siempre juntos. Algo parecido es también esa cita especial de los famosos viernes de Peter, Bishop, y Olivia en Fringe, tan cuadriculados ellos que no salían del pizza-vino blanco con película de terror. O en Hot in Cleveland, cuando las cuatro solteras celebran su día de ‘Sin Valentín’ sin hombres y a base de hidratos bien regados, siempre tan prohibidos.

De noches especiales están las series llenas. Si la comida española les resulta exótica, punto y aparte merece la cocina mexicana. En Raising Hope se apuntan a ‘La noche de los tacos’ (otra ironía más en esta serie creada por hispanos), en la que los tacos se rellenan de lo que se encuentre en la nevera porque la necesidad aprieta. En un tono más formal, Sonya Cross es invitada en The Bridge por su nuevo compañero, Marcos, a cenar en su casa junto a su familia. No sólo un puente separa EEUU y México, estos dos países tan dispares, sino que también a la mesa vemos que, acentuado por su síndrome de Asperger, Sonya es incapaz de mentir y comenta lo desagradable que le está resultando esas comidas elaboradas como son las quesadillas y los frijoles.

Pero si hay un invento mexicano que gusta a todos es, sin duda, el cóctel “Margarita”. Desde los tequilazos “Revolución Etiqueta Plateada” favoritos de la bipolar Carrie en Homeland a las juergas que se corren (más aún) en Modern Family, donde, acentuada por el alcohol, la tontuna de Phil resulta de lo más atractiva para un gay interpretado por Matthew Broderick. Episodio memorable aquel en el que la pareja gay y sus amigos mezclan los “Margarita” con absenta (“que el corazón alimenta”), provocando que el patriarca se desmelene como el que más. Bebidas que nos trasladan a mundos fantásticos, como la ambrosía que se degusta en Battlestar Galactica, creada hace más de 100 años en las colonias de Kobol. Y es que con los menús alienígenas se abrió la puerta a alguno de nuestros traumas más arraigados, como la imagen de Diana tragándose una rata en V o creer que el peludo y afable Alf se alimentaba de gatos. Aunque no sepamos muy bien qué es el doctor Zoidberg (su apariencia recuerda a unalangosta), nos repele su dieta a base de basura en Futurama. Otros extraterrestres, más aventureros, están dispuestos a cambiar, inventando el Daiquiri de plátano como hizo en un ambiente de lo más fiestero el Doctor.

Ya lo sabemos: a veces, nos gusta lo que nos gusta y no hay más que hablar. Que se lo digan a Violet, la condesa viuda de Grantham, cuando le ofrecen por primera vez unos cócteles traídos de EEUU y la pobre se lleva las manos a la cabeza, asustada (“Donde esté una copita de jerez…”). En Downton Abbey, sentarse a la mesa engalanada forma parte del ritual, al igual que los sirvientes unas plantas más abajo. El trajín de las cocinas para que todo esté siempre a punto es parte del engranaje de ese gran edificio en el que la apariencia lo es todo. Curiosamente, un giro inaudito en la historia lo protagoniza uno de los lacayos al conseguir una beca como chef en Londres.

El mundo está cambiando y nada lo muestra mejor que un cocinero ante sus platos, siempre innovando. Desde la maniática Monica de Friends al sensual chef de South Park; desde el sarcástico jefe de cocina de Mom al imaginativo cocinero neptuniano de Futurama. Todos imponen sus reglas en sus cocinas, y muchas veces, fuera de ellas.

Una serie que ha enlazado de una forma original y perfecta ambos mundos es Treme. Nueva Orleans renaciendo de sus cenizas, superviviente, como esa cocinera que, cuando no hay postre que servir, se va a buscarlo a su propia casa. El cliente siempre lleva la razón y, como parte del homenaje a las gentes que sufrieron el Katrina, en la tercera temporada se homenajea su gran gastronomía sentando a la mesa a algunos de los mejores chefs de EEUU. Entre ellos, Tom Colicchio, que, además de ser jurado del televisivo Top Chef, fue pionero al preparar, como parte de la promoción de lanzamiento de HBO, un menú westero cuando se estrenó Juego de tronos. La serie surgida de la imaginación de George R. R. Martin ha conseguido casi un imposible: que dos fans escriban, con el beneplácito de su autor, un libro de recetas inspiradas en sus mundos ficticios. Y es que, ante el fin del mundo tal y como lo conocemos, todo es posible.

Si vives en un escenario postapocalíptico como el de The Walking Dead te acostumbrarás a cazar ardillas. Y si tienes la suerte de toparte con el Gobernador podrás probar su sofisticado whisky “Bastilla”. Aunque es curioso que, antes del ataque zombie, los protagonistas sólo comieran hamburguesas con patatas fritas… ¡Si lo hubieran sabido antes! Hay que aprovechar, amigos, nunca se sabe. Aunque peor que la cocina de una cárcel como la de Oz o la de Orange is the New Black, nada. Curioso que todos los presos se peguen por trabajar entre fogones, ya sean los italianos en la primera o las dominicanas en la segunda. Una vez que un grupo maneja sartenes y cacerolas, media prisión es suya.

La hamburguesa merecería un post para ella solita. Ni el abuso de la comida china ha podido hacerle sombra. La burger es la reina de la sitcom. La cadena Krusty Burger de Los Simpson, creada por un payaso (¿hay algo que pueda hacer más feliz a un niño?) o la Cangreburger de Bob Esponja, que alegra el jeto hasta a un amargado como Calamardo. En Cómo conocí a vuestra madre, Marshall se medio perturba intentando recuperar el sabor de una hamburguesa que comió en Nueva York, tan buena que Barney confiesa que le entran ganas de coserse el culo. El sabor auténtico de las cosas también lo persigue Robin Williams al frente de la agencia de publicidad de The Crazy Ones usando a la todopoderosa McDonald’s para una de sus acostumbradas bromas: “¿Has tomado un Happy Meal infeliz?”. Al personaje de Williams, cuando se le cruza el cable, le da por servir en la cocina del dinner del barrio donde, dice, “se le afloja el estrés”. Comer una hamburguesa con ganas es tan visualmente agresivo que cuando una mujer como Stella Gibson, interpretada por Gillian Anderson, la devora en el piloto de The Fall ya sabes que será capaz de enfrentarse a lo que sea: Stella va a morder donde más duela.

La guerra de sexos también ha llegado a la cocina. En Rockefeller Plaza, Jack Donaghy (Alec Baldwin) pide a un camarero una bebida tan femenina como el “Cosmopolitan”, un “Nancy Drew” (aunque él lo desconozca). La jefa de guionistas de su programa, Liz Lemon (Tina Fey), huye del tacón y ama los adictivos snacks “Sabor de soledad, con más semen de toro” según anuncian. En Parks and Recreation se da el caso contrario: mientras la eficiente pero torpe Leslie Knope se atiborra de dulces gofres, su colega Ron Swanson no le hace ascos a la carne cruda, pidiendo como aperitivo todo el bacon que le puedan cocinar, alternándolo con variados tragos del exclusivo whisky “Lagavulin”.

Es muy curioso que en series protagonizadas por policías, donde lo usual es que directamente no se coman más que sobras, se comiencen a dar guiños de lo más divertidos. No sólo Mulder se preparaba unos “Destornilladores caseros” de infarto mientras Scully le miraba desconfiada. En The Killing, si bien Linden es la reina de las vending machine, Holder, un anti comida procesada, lleva siempre consigo una bolsita de pequeñas zanahorias cortadas como si fueran un tesoro. Pero, si se pretende atrapar al criminal, el tiempo es oro: El estrés lleva a la protagonista de The Closer, por ejemplo, a atiborrarse de galletas (lo que le ayuda además a resolver los casos) y a los polis de The Wire a no salir del bar irlandés donde corre el whisky “Jameson” como si fuera agua. Paradójicamente, los cerebritos de The Big Bang Theory no sueltan la bandeja con bebida energética y comida prefabricada. Hasta los periodistas de The Newsroom, en contadas ocasiones, frecuentan algún restaurante asiático snob (¿tofu helado y cremoso?)… Aunque lo normal es que acaben peregrinando en grupo al karaoke chino cerca de Times Square después de una larga jornada.

Comer rápido y mal ha pasado factura a algunos de nuestros personajes más queridos, que han engordado hasta la exageración por exigencias del guión (hay casos en New Girl, Battlestar Galactica, Friends y Apartamento 23, entre otros). También ha pasado al contrario y el actor de turno se ha puesto las pilas en la vida real. Para justificar que Chris Patt perdiese 22 kilos, en Parks and Recreation bromearon con que había dejado de beber cerveza. Asunto arreglado. El yoyó Chandler en Friends es un caso digno de Iker Jiménez. ¿Y qué ocurre en esas series en las que casi no se come? ¿Estás seguro? A veces, parece que en Mad Men sólo se beba “Old Fashion”, pero fíjate bien porque ellas cocinan y las salas de reuniones están llenas de bandejas. En otras, por el contrario, es ese algo comestible lo que se convierte en un leit motiv de la serie, como el popular puesto de plátanos con chocolate de Arrested Development, que sufre todo tipo de singulares contratiempos.

Hay series que han puesto de moda lugares, como la tienda de dulces Magnolia Bakery de Sexo en Nueva York y el Monk’s Café de Seinfeld (aunque no vendan la sopa del nazi) en Nueva York; el bar restaurante Cheers de Boston o la cafetería Grumpy en Brooklyn de Girls, tan hipster como los cócteles de Happy Endings servidos en tarros de mermelada. Hay situaciones en las que la comida nos ha servido para hacer la gracia sin que los guionistas lo pretendieran: ¿el hijo de Walter White, Walter junior, sólo se alimenta de cereales? Y eso que en Breaking Bad la evolución del apocado Walter al temido Heisenberg pasa por cambiar el vino blanco de caja por el exclusivo whisky escocés “Dimple”. Si aquí Dean Norris (su cuñado Hank), es especialista en preparar “Margaritas” y hasta fabrica su propia cerveza (algo que enfurece a Walter), en La cúpula, Norris es un falso líder que no puede tirar para adelante sin un trago de ese whisky que va escaseando en el Switbrear Diner. Hasta en otro tipo de ciudad aislada, en la isla de Perdidos, encontramos productos Dharma de todo tipo (siempre que estuvieran a salvo de las manazas de Hurley, claro).

Como oficio, negocio, lugar de reunión (imprescindible en las citas a ciegas de Dates, por ejemplo) o como parte de la descripción de un personaje, la cocina siempre estará ahí también para aportarnos enormes consejos. Como en Ray Donovan (la serie revelación, para mí, de 2013) cuando el más tímido de los Donovan prepara con temor unos espaguetti a su nueva novia, un amigo de la familia más cocinillas y experimentado le ayuda diciéndole estas sabias palabras: “No puedes añadirle salsa embotellada si quieres mojar el churro”.

Anexo

Aquí tienes un listado de las series que se mencionan en el artículo y están actualmente en emisión junto con la cadena donde puedes ver cada una de ellas:

Dexter (Fox Crime)
Hannibal (AXN)
Los Soprano (Canal+)
American Horror Story (FOX)
Mujeres desesperadas (FOX, Telecinco)
The Good Wife (FOX)
Fringe (FOX, Canal+)
Hot in Cleveland (Póquer de reinas) (AXN White)
Raising Hope (Hope) (FOX)
The Bridge (FOX, FOX Crime)
Homeland (FOX)
Modern Family (FOX, Antena 3)
Futurama (FOX, Antena 3)
Doctor Who (Syfy)
Downton Abbey (Antena 3)
Treme (TNT)
Juego de tronos (Canal+, La Sexta)
The Walking Dead (FOX, La Sexta)
Orange is the New Black (Canal+ Series)
Los Simpson (FOX, Antena 3)
Cómo conocí a vuestra madre (FOX)
The Fall (La caza) (AXN)
The Killing (FOX Crime)
The Closer (TNT)
The Big Bang Theory (TNT)
The Newsroom (Canal+)
Mad Men (Canal+)
Girls (Canal+)
Breaking Bad (Paramount Comedy, Canal+)
La Cúpula (Antena 3)
Dates (Canal+)
Ray Donovan (Canal+ Series)

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