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George Michael es la clave de Looking Glass en ‘Watchmen’

Su icónica canción ‘Careless Whisper’ aparece en el quinto episodio con dos versiones distintas

La máscara del personaje parece distinta cuando sabes de qué está hecha. (Fuente: HBO)

Puede que Alan Moore se haya mantenido al margen de la adaptación de HBO de su cómic estrella (se ha evaporado, incluso, de los títulos de crédito, en los que sí aparece Dave Gibbons); pero su espíritu está irremediablemente amarrado a la serie. La mácula del guionista barbudo, derramada por toda la imaginería de la serie de Damon Lindelof, se ha hecho especialmente presente en Watchmen con un quinto episodio que asume una de las ideas fundamentales del cómic: el tiempo como herida. La recurrencia, los ecos temporales que resuenan en las cicatrices de unos personajes rotos ad æternum.

Y de resonancias va la cosa: el agradecido carácter pop que HBO está imprimiendo a la franquicia con esta secuela ha hecho otro pico en el ecuador de la temporada, elevando Careless Whisper, el éxito ochentero de George Michael, a la posición de artilugio complejo y útil para descifrar todas las capas del personaje de Looking Glass que se nos acaban de presentar.

Siete años de mala suerte

El enmascarado, interpretado por Tim Blake Nelson (Unbreakable Kimmy Schmidt), es en su día a día Wade Tillman, un polígrafo andante originario de Oklahoma. Este episodio, Poco miedo a los rayos, desvela que el 2-N (en alusión al 11-S, el atentado de las Torres Gemelas) pilló a un joven Wade de excursión por Nueva Jersey, a donde se había desplazado el colectivo de predicadores fanáticos del que formaba parte. El incidente, triquiñuela de Adrian Veidt para manufacturar la paz mundia que cerraba el cómic, consistió en un estallido psíquico provocado por un gigantesco calamar alienígena, que mató a millones de personas. Tillman se salvó de la muerte, pero no del horror.

Looking Glass vivió el incidente de Nueva York cuando era solo un adolescente. (Fuente: HBO)

Ahí tenemos la primera de las dos apariciones de la canción de George Michael: cuando el Wade adolescente entra en la casa de los espejos de una feria en Nueva Jersey, siguiendo a una chica que acaba de conocer. La explosión, que destroza todos los cristales (el personaje ironiza sobre ello después con un sardónico “Siete años de mala suerte”) pero no acaba con su vida, lo encuentra desnudo y ofuscado. La joven, con la que comparte un momento de una sensualidad muy ochentera y yanqui (en lo que colabora en gran medida el tema de Michael), decide gastarle una broma y salir corriendo, abandonándolo en bolas, humillado y con el calentón.

Sucede ahí el primer apretón de tuercas a lo que en principio parecía solo una canción legendaria como estrella invitada. Tras el desastre, la pista del ex componente de Wham! suena ralentizada, como si la onda de choque hubiese fundido también una radio. Y, en cierto modo, el siglo entero. Argumentaba Jorge Carrión que, para nosotros, el verdadero cambio de centuria no llegó con el año 2000, sino con la afectación del atentado de Nueva York del 2001. Lo mismo habría ocurrido en el mundo de Watchmen: la vida cotidiana, la cultura popular, las relaciones políticas globales…, se verían truncadas por el desastre. Esa primera Careless Whisper que pierde su tempo es mucho más que el resultado de entorpecer el giro del plato con la yema de un dedo.

Al ritmo mermado del tema presenciamos el grabado a fuego del miedo a los calamares espaciales en el hipotálamo de Wade Tillman. Una paranoia que, como luego descubrimos, alcanza hasta el presente. Y es esa vulnerabilidad téutida la que permite después que este “atado y bien atado” de Ozymandias (ya hablaremos otro día de los paralelismos de esta Watchmen con la dictadura franquista y su legado) fagocite también al personaje para la causa. A un Wade que, por cierto, es cada vez menos Looking Glass: sabiendo que el material reflectante de su máscara, que lo hacía siniestro e imponente, es en realidad el escondite de un niño asustado, vemos al justiciero con otra luz.

Wade Tillman es el traumatizado hombre bajo la máscara. (Fuente: HBO)

Casi en el extremo opuesto del episodio (sobre el minuto 49), el personaje de Tim Blake Nelson toma, durante una jornada de su empleo-tapadera, la resolución de vender a Angela Abar y sumarse al complot de Ozymandias. En ese preciso instante, sobre destellos del desastre de Nueva York, que contaminan la escena, llega la rima. La respuesta a la pregunta, en el sentido más musical de la expresión: Careless Whisper vuelve a sonar, pero esta vez en la versión de Nataly Dawn, mucho más áspera y espectral.

La reinterpretación del tema de la artista (mitad del dúo Pomplamoose) funciona en el episodio como aquellas oposiciones de viñetas similares del cómic, en las que los superhéroes, por ejemplo, apoyaban a Kennedy y luego a Nixon. Primero en su apogeo, ganando guerras para el apreciado destino manifiesto norteamericano; después, odiados por el pueblo, golpeando a la gente que decían proteger. La mutación de la canción dentro del mismo episodio es una brújula para ubicar al personaje de Looking Glass en una posición mucho mas interesante de cara a los siguientes episodios.

El cambio en el ímpetu con el que el hit se presenta en Watchmen es también la crónica de un espíritu perecedero, de una sugerencia y una potencia sexual que tienen mucho que ver con esa pulsión lasciva de las religiones. Y así, los grandes temas de esta Watchmen siguen postulándose como eso mismo: temas. Tratados sobre el mundo en el que vivimos. Para alegría de los melómanos, Careless Whisper ha resultado ser un elemento valioso en ese proceso de decodificación de una serie que es, cada vez más, un misterio.

‘Watchmen’ está disponible en HBO España, con un nuevo episodio cada lunes.

Crítica: ‘Watchmen’ 1×05 — ‘Little Fear of Lightning’
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