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Adiós a ‘Velvet’: historia uno de los mayores fenómenos de la década

Con ‘Un día para recordar’ termina una serie que ha marcado tendencia

Paula Echevarría y Miguel Ángel Silvestre en el final de ‘Velvet Colección’. (Fuente: Movistar+)

En el número 34 de la Gran Vía de Madrid, donde ahora encontramos una tienda de Zara, pero en un momento temporal ficticio en los años cincuenta y con pequeños cambios arquitectónicos respecto al original, se abrían las Galerías Velvet el 17 de febrero de 2014. Apenas unos días después de San Valentín, Antena 3 recibía un regalo de enamorados: Velvet sería una de sus series más exitosas de la década.

Se trataba de un nuevo drama de época de Bambú Producciones, por entonces la niña bonita de la ficción nacional, que cambiaba el enfoque respecto a dos propuestas anteriores con las que Velvet compartía parte de su esencia; si Gran Reserva tiraba más de rifirrafes familiares y Gran Hotel ligaba su trama en el misterio, aunque aquí también había de eso, la clave estaba en poner poner el amor en el centro.

La historia de Ana Rivera y Alberto Márquez (o lo que es lo mismo, Paula Echevarría y Miguel Ángel Silvestre) apelaba a las convenciones del género melodramático: un amor imposible, diferencia de clase y un sueño aspiracional. Idas y venidas, besos furtivos, promesas frustradas, circunstancias adversas y villanos malísimos torpedearían el idilio hasta un final en el que sus guionistas tuvieron claro su cometido: no se trataba de sorprender al espectador sino de complacerle.

La serie que enamoró a los espectadores

El flechazo por parte de la audiencia fue instantáneo. 4.853.000 espectadores vieron el primer episodio de Velvet, cifra hoy impensable para cualquier serie española de televisión en abierto. Con ligeras subidas y bajadas, la base audiencia se mantendría fiel a la ficción durante sus dos primeras temporadas, casi siempre por encima de la barrera de los cuatro millones de espectadores.

Cecilia Freire y Adrián Lastra fueron Rita y Pedro. (Fuente: Atresmedia)

Su secreto no estaba solo en Alberto y Ana, sino que en torno a ellos fue desarrollando un universo cada vez más extenso de personajes de apoyo que poco a poco iban reclamando protagonismo: Rita y Pedro, Clara y Mateo, o las malvadas Cristina, Bárbara y Patricia, entre otros. Una de sus productoras, Teresa Fernández-Valdés, bromeaba con el hecho de que tenían tantos personajes porque en cada temporada metían a nuevos actores, pero ninguno quería irse de la serie.

Y era cierto, aunque en Velvet tampoco han faltado muertes trágicas que hiciesen tambalear los cimientos de la serie en los momentos en que fuera necesario. No obstante, lo que casi lleva al traste a Velvet fue el cambio de tono que se probó en la tercera temporada, que tuvo tintes mucho más dramáticos. Fernández-Valdés reconocería que se equivocaron y que, de cara a la cuarta y última, decidieron reconducir el rumbo y darle a los espectadores esa cara más amable de Velvet que les había enamorado. Y con ese espíritu, y el final de la cuarta temporada -que se haría en directo- como desenlace de la serie, terminó su paso por Antena 3. No faltó, por supuesto, el regreso de Miguel Ángel Muñoz, quien abandonó el proyecto durante un tiempo para dar el salto a Sense8.

La boda final de ‘Velvet’. (Fuente: Atresmedia)

¿Cuento o distopía?

Una de las principales críticas que se le ha hecho a Velvet es que, a pesar de ambientarse en los años 50, haya vivido de espaldas al franquismo. La época de la serie, más que buscar contar cómo se vivía en aquel momento histórico, simplemente estaba para crear una estética que ni siquiera tenía que ser fidedigna con la realidad española. Lo importante es que todo fuese bonito, azucarado, a pesar de que esa España oliese más a distopía que a retrato.

El equipo de Velvet era consciente de esta lectura que se hacía de su serie, pero tenían un argumento que dar: para ellos, Velvet era un cuento. Un cuento sin tricornios ni grises, claro. Una fantasía de amor donde primaban las historias de corazón, a veces con lágrimas, pero sin vocación alguna de comentario social.

Una serie que marcó tendencia

Series de época las ha habido antes y después de Velvet, pero sí es cierto que la de Bambú Producciones fijó la tendencia. Mientras que Telecinco se mantuvo al margen, tanto en Antena 3 como en Televisión Española veríamos varias series de época siguiendo la estela de esta (tales como Seis hermanas, Acacias 38, La sonata del silencio). Y no serían las únicas: Netflix también apostaría por algo similar en su desembarco en la producción española.

‘Las chicas del cable’ es heredera de ‘Velvet’. (Fuente: Netflix)

Contaba Ramón Campos, productor ejecutivo de la serie, que cuando entraron en contacto con Netflix le llevaron las propuestas más marcianas que tenían y que nunca habían podido colocar en las cadenas tradicionales españolas, pero que la plataforma buscaba justo lo contrario. Velvet era una serie de catálogo que les había funcionado muy bien tanto aquí como en Latinoamérica y querían algo de corte similar. Así nacería Las chicas del cable y, tiempo después, Alta mar.

Misma situación se daría en la propia Antena 3, donde se pensó que Velvet necesitaría un relevo: otra serie melodramática que ocupase la parrilla mientras las galerías estaban cerradas entre temporada y temporada, y que eventualmente la sustituyera. Así llegaría, aunque no con la misma recepción, Tiempos de guerra, que firmaba la misma productora.

Segunda vida en el pago

Antena 3 y Bambú consensuaron que Velvet no podía morir desgastada y que sería mejor cerrar la historia de Alberto y Ana por todo lo alto. El gran día, su episodio final, congregaría ante el televisor a más de 4 millones de espectadores, cifra que la serie no conseguía desde su segunda temporada. Pero cuando el punto final parecía escrito, Velvet volvió a abrir sus puertas en una jugada empresarial sin precedentes en la industria de la ficción española.

Movistar+ abría sus puertas (y sus cheques) a las series españolas con una batería de productos ligados a grandes nombres del cine, pero necesitaba complementar su oferta con algo más generalista. Y ahí entró Velvet, reconvertida en Velvet Colección, con Marta Hazas como Clara esta vez al frente. Con una emisión semanal en su primera temporada (modalidad que se adoptó por necesidades de calendario, pero que más tarde la plataforma abandonaría), esta continuación llegó con éxito: Movistar+ aseguraba, con cifras ciertamente opacas, que era su serie más vista y que había logrado resultados similares a Juego de tronos.

Sea como sea, Velvet Colección se ha mantenido dos temporadas en la televisión de Telefónica (se anunció la tercera, pero más tarde se dio marcha atrás) en un formato reducido en cuanto a metraje y presupuesto, pero manteniendo su tono ligero, su gusto por los triángulos amorosos y los malentendidos, y su cuidada estética. Ahora, con la emisión del recientemente estrenado episodio especial Un día para recordar se pone, esta vez sí, punto y final a una ficción que, guste más o guste menos, ha sido una de las más importantes de la década en España.

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