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“Anteriormente en mi vida”: la moda de las series que rompen la cuarta pared

‘Fleabag’ es el ejemplo actual más reconocible, pero no es la única ficción que interpela directamente al espectador

Phoebe Waller Bridge, en el primer episodio de ‘Fleabag’. (Fuente: BBC)

Todos los capítulos de la sitcom británica Miranda empezaban de la misma manera. Su protagonista miraba directamente a cámara, soltaba un “hola, no me había dado cuenta de que estábais ahí”, o algo similar, y acto seguido arrancaba el episodio diciendo “anteriormente en mi vida”. Ponía en situación a los espectadores de lo que estaban a punto de ver y lo hacía hablando con ellos como si fueran amigos suyos que se encontraba todos los viernes en el pub.

Miranda mantenía esa relación estrecha con la audiencia lanzando miradas y comentarios a cámara que nos llevaban a empatizar con ella por lo irritante que le resultaba su madre o sus inseguridades cada vez que veía al guapísimo Gary. Siendo una sitcom que se grababa con público en directo, esas rupturas de la cuarta pared eran un rizo añadido a los juegos narrativos, y meta narrativos de la serie, y también se produjeron en un momento (en 2009) en el que no era tan habitual verlas en televisión.

Pero las rupturas de la cuarta pared son un clásico en el cine y en la pequeña pantalla. Los cómicos que provenían del cine mudo y del vodevil, como Laurel y Hardy o Groucho Marx, lo hacían a menudo para extraer risas cómplices de sus espectadores ante las locuras que estaban presenciando, y las sitcom de los 50 y los 60 las utilizaban como sustitutas de las voces en off. Hasta una serie juvenil de los 90 como Las historias de Clarissa tenía a su protagonista compartiendo directamente a cámara las cosas que le pasaban, como si nosotros fuéramos su diario.

‘Miranda’

Sí es cierto que, en la última década, el recurso se ha vuelto mucho más habitual fuera del género del falso documental, donde las entrevistas de los personajes son un clásico. Esos apartados en The Office o Modern Family permiten hasta avanzar en la construcción de sus personajes, pues allí confiesan cosas que no dirían ante los demás. La cámara está presente para todos. Sin embargo, la tendencia actual es que sólo un personaje sea autoconsciente hasta el punto de saber que hay gente mirando su vida y que puede interpelarla directamente mirando y hablando al objetivo.

“Hay un personaje que conoce y que mira directamente al espectador, como House of Cards, como Fleabag o como aquí. Consigues un efecto parecido sin ser preso de la estética documental, pudiendo ser más libre”. Esta explicación la ofrece Miguel Esteban, uno de los guionistas de Nasdrovia, comedia que Globomedia y Movistar+ están rodando actualmente y en la que su protagonista, Edurne, rompe la cuarta pared para hacer cómplice al espectador de sus pensamientos ante la situación absurda en la que se mete al abrir un restaurante ruso con su ex marido.

En el caso de Nasdrovia, sus creadores, Sergio Sarria, Luismi Pérez y el propio Esteban, optaron por incluir parlamentos a cámara para trasladar a la pantalla los monólogos interiores de los personajes de la novela de Sarria en la que se basa y conseguir, así, la sensación de que “ayuda a que el espectador sea cómplice de todos los momentos miserables que tienen ellos. Es un guiño de tú podrías estar haciendo el ridículo en este momento”, en palabras del autor del libro.

Ese mismo propósito está detrás de las rupturas de la cuarta pared de Fleabag, que son las que más se mencionan cuando se trata este tema hoy en día. La serie fue, originalmente, un monólogo teatral en el que su creadora y protagonista, Phoebe Waller-Bridge, hablaba directamente con el público, y esa intención se trasladó tal cual a la serie. Con la segunda temporada, sin embargo, Waller-Bridge ha llevado el truco un paso más allá, hasta el punto de que algunos críticos se preguntaban a quién se estaba dirigiendo realmente Fleabag cuando hablaba a cámara.

‘Gentleman Jack’.

El éxito de Fleabag lleva a que cualquier serie que rompa la cuarta pared actualmente acabe comparada con ella. Es lo que le ocurrió a Gentleman Jack cuando se estrenó. En su caso, lo que su responsable, Sally Wainwright, buscaba al hacer que su protagonista hablara directamente a cámara era trasladar a la pantalla la sensación que se desprendía de leer los diarios de la persona real en la que se basa, Anne Lister. Cada vez que la actriz Suranne Jones rompe la cuarta pared y comparte los pensamientos y emociones del personaje con nosotros, está recitando pasajes de los diarios casi de forma literal.

Es un recurso que en un drama de época como ése permite no encasillarlo en los clichés más anquilosados del género (y que se utiliza también para generar momentos cómicos, como ocurre cuando es la hermana de Anne Lister quien lanza miradas de fastidio a cámara), pero para los actores no siempre es sencillo jugar con él. Suranne Jones reconocía que “estaba nerviosa hasta que me senté con Sally y me explicó que esos apartados eran entradas del diario, y que era una manera para que yo interactuara con la audiencia”.

Leonor Watling, que es quien rompe la cuarta pared en Nasdrovia como Edurne, explicaba durante una visita de la prensa al rodaje que, cuando descubrió que tendría que hablar a cámara, “al principio cuesta mucho porque tú estás entrenado para no notarla, para no verla. Por eso nos cuesta hacer sesiones de fotos, porque todo tu entrenamiento es “eso no existe”. Está aquí, pero yo no lo noto, no lo veo”. Es un recurso que, bien utilizado, fomenta la complicidad con el espectador, que puede simpatizar con alguien como Frank Underwood cada vez que hace algún comentario ingenioso en House of Cards.

‘Salvados por la campana’.

Ahí, es casi el equivalente a que la serie le dé un codazo a su público y le guiñe el ojo. Le está diciendo “¿te has fijado? Vaya movida, ¿eh?” Y no es necesario que el tiempo en la serie se pare (Zack Morris pedía literalmente tiempo muerto en Salvados por la campana para hablarle a la audiencia). Puede desconcertar tanto como cuando Woody Allen rompe la cuarta pared en Annie Hall y saca a Marshall McLuhan para quejarse de un tipo pedante delante de él en la cola del cine, pero tiene la capacidad de extraer hilaridad de una manera más autoconsciente y de añadir una capa más a lo que estamos viendo.

En la ficción hay siempre tendencias que vuelven periódicamente. Ahora, es la ruptura de la cuarta pared porque ofrece un componente muy teatral, porque potencia cierto nivel de guiño meta y apela directamente a la conexión del espectador con la serie. Juega con la sensación de que participamos de la broma, de que nos están hablando directamente, de que puede resultar más sencillo que nos identifiquemos y empaticemos con ese personaje. ¿Qué has hecho hoy de lo que puedas estar orgulloso?, nos preguntaba Miranda directamente.

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