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Charly Clive ya era un prodigio sonriente antes de salir en ‘Pure’

La protagonista de la serie, disponible en Filmin, se estrenó con una comedia sobre el tumor cerebral que le detectaron en 2015

Clive es Marnie en ‘Pure’. (Fuente: Channel 4)

Reírse de uno mismo es un arte. Sacar de ello rédito emocional y profesional, un milagro. Una quimera, un improbable como el de la escritora Rose Cartwright, que extrajo del sufrimiento que le provocaba su TOC una historia catártica que la convirtió en un fenómeno mediático. O como el de Charly Clive, jovencísimo prodigio y protagonista de la autoficción de Cartwright en su versión televisiva, Pure, que Filmin estrenó hace poco en España.

Clive es una joven veinteañera de Oxfordshire, macarra y desvergonzada en sus redes sociales; cercanísima, humilde y muy agradecida a través del teléfono. Agradecida de que la versión de Pure que produjo Channel 4 en el Reino Unido le haya brindado su primer papel en las pantallas, acabando de enderezar una trayectoria que ya se esbozaba en Britney, una exitosa comedia teatral que escribió junto a una amiga; y agradecida también de que la serie con la que se estrena como actriz, que está teniendo una segunda vida en el Netflix británico, haya servido a tantas personas para empezar a entender lo que les pasa y a hablar de ello.

La actriz y el resto del equipo de la producción reciben estos días verdaderos aluviones de mensajes remitidos por espectadores igual de agradecidos, personas reales que han encontrado en el reflejo de la ficticia Marnie (a quien Clive pone cuerpo y cara, siempre sonriente) una forma más agradable de convivir con su trastorno. “Intentamos que la gente pudiera reírse y no tener miedo de ello, pero también que entendieran cómo es”, comenta, refiriéndose no a Pure (aunque es perfectamente aplicable), sino a Britney. Su espectáculo primerizo tomó prestado el nombre del tumor cerebral que detectaron a la actriz en 2015, al que ella llamó Britney y sobre el cual hizo girar una obra que recorrió teatros de todo el país.

“A causa del tumor, mis hormonas no se producían correctamente, lo que afectó mucho a mi humor [impregnado, en circunstancias normales, de una risa sempiterna]. Me sentía entumecida. No hice una sola broma en todo ese año”. Clive asegura que mientras el quiste, del tamaño de una pelota de golf, mantuvo su personalidad jocunda en el destierro, fue perfectamente consciente de que sus conocidos notaban el cambio. “Es difícil decirle a alguien que ya no es divertido, así que nadie me lo decía”. A la enfermera que la vio despertar tras la operación le preguntó por el paradero de Britney. “¿Quién es, tu hermana?”, contestó la auxiliar, inocente, a una Charly Clive de morbo recobrado, que ya entonces maquinaba cómo hacer reír a los demás y a sí misma con su tragedia.

La intérprete trocó el paisaje familiar de la campiña por la exultante bohemia de una escuela de arte dramático en Nueva York. Allí se sintió aplastada, fuera de lugar. En una ciudad “sucia y rara, donde todo el mundo parecía tenerlo todo muy claro”, enlazaba trabajos bochornosos como ofrenda a los dioses del dramático, sin demasiadas esperanzas en un estrellato futurible. “Todo el mundo en Nueva York quiere ser actor, ¿cómo iba a destacar yo?”. No obstante, la extravagancia de Britney encandiló a los cazatalentos de Pure, que se desvivieron por poner en plantilla a una artista que, por entonces, ni siquiera tenía agente.

Ahora es la cara visible de un producto pujante en ventanas de amplia exposición, al menos en el mercado local. Continúa, sin embargo, siendo en parte esa niña que nunca visitó grandes ciudades en su infancia y en la que, como en la Marnie de Pure, el primer contacto con una siempre arisca, lejana y viciosa Londres (“donde todo es carísimo y nadie te mira a la cara; al principio no podía entender por qué la gente vivía ahí”) despertó a la vez un extrañamiento repulsivo y una atracción fatal. Sus últimas obsesiones seriéfilas son Run y Gangs of London, pero descuella sobre ellas la admiración por lo que sus empleadoras han conseguido con Pure, para ella y para montones de extraños: “La experiencia de Britney me ayudó a entender por qué Cartwright escribió el libro, y por qué uno querría contar su propia historia”.

‘Pure’ está disponible bajo demanda en Filmin.

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