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Crítica: ‘The Eddy’ derruye el trampantojo liberal de Chazelle

La direccionalidad enfermiza del cine del americano se infecta en la serie de Netflix de improvisación, mestizaje y espiritualidad

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La muerte de un trabajador de un garito de ‘jazz’ dispara la trama de ‘The Eddy’. (Fuente: Netflix)

Esta crítica se ha escrito tras ver la primera temporada completa de ‘The Eddy’.

La escena más poderosa de toda la filmografía de Damien Chazelle se esconde dentro de la cáscara pegajosa de La La Land. Los personajes de Emma Stone y Ryan Gosling están cenando en un salón aséptico, reencontrados tras un tiempo. Hay cinco minutos de contraplanos de una conversación acedada por una luz verde moco. Entre ellos, la pareja perfecta, se han invertido los papeles: él, en la cima de su oficio; y ella, batallando por pagar facturas. Y, de repente, todo se destruye. El amor explota, el horno arde y la música se detiene. Cuando Gosling se levanta, la cámara los recoge juntos por última vez para después repudiar el montaje y encomendarse a unos travellings furibundos y ensortijados que abocetan los respectivos caminos de ambos, ahora paralelos. Aunque se acerquen, nunca más se encontrarán.

La secuencia, tremenda, condensa la artesanía y la filosofía del realizador, garante de un montaje de escuela baziniana por el que quizá merezca más reconocimiento su editor de confianza, Tom Cross. De esta secuencia, flanqueada desde el pasado y el futuro por el intercambio final entre Miles Teller y J. K. Simmons en Whiplash y las miradas cruzadas de Claire Foy y el propio Gosling que cierran First Man, no queda rastro en The Eddy.

La serie de Netflix, desde su posición privilegiada (pues el cineasta es solo uno de los cuatro directores en nómina), despide e impugna el estilo de Chazelle. Da cuenta, como por última vez, del tesón de sus cámaras obsesivas en los dos primeros episodios; después no hay estragos de la firma del autor ni del manifiesto por la psicopatía meritocrática que arrastra consigo.

The Eddy recupera el deseo bohemio que el director profesa por la urbe europea, trocada por las megalópolis yanquis en sus trabajos más notables, pero melancólicamente sugerida sobre la Boston de Guy and Madeline on a Park Bench, su verdadera y muy discreta ópera prima. En la serie, creada por Jack Thorne y que el cineasta también produce, el escenario es, por fin, París. Allí se encuentra el Eddy, un garito de jazz que no acaba de despegar. El gerente, Elliott Udo, es una estrella retirada a la que el asesinato de su mejor amigo, que escondía en el bar dinero robado a una peligrosa banda criminal, recuerda que existen para la vida más condicionantes que la propia voluntad.

El modo retórico de The Eddy baila con gracia entre el documental y la ficción, universos especialmente indistinguibles en los momentos musicales de la serie (muchísimos y muy buenos). La direccionalidad enfermiza del cine de Chazelle se infecta aquí de improvisación, espiritualidad y mestizaje, y queda completamente anulada. Esta tensión entre la puesta en escena concienzuda y la vérité afrancesada también produce ecos temáticos, resumidos en un misticismo islamizante que no cuajaría en el eje cartesiano del director, cuya concepción del destino solo comprende la fuerza de los brazos de uno y, en menor medida, los designios del Dios cristiano. No es baladí que el estadounidense dirija los dos capítulos que más se centran en el atormentado protagonista, y el resto se los repartan Houda Benyamina, Laïla Marrakchi y Alan Poul.

En su final, la serie acaba conectando con la tesis cosmopolita del director, falsamente europea, pero negando punto por punto los mandamientos del de Rhode Island. Alan Poul, postrero de una plantilla de realizadores brillantes, filma lo que Chazelle nunca podría: el fracaso. El atronador descubrimiento de que hay cosas más grandes que el ser humano, que no pueden controlarse. La vergüenza liberadora y bautismal que hay en admitir que no remamos río arriba, sino que nos arrastra hacia el mar una corriente absurda. En The Eddy, el trampantojo liberal se esfuma con la constatación de la derrota presente y la insinuación de que vendrán otras muchas.

La primera temporada de ‘The Eddy’ está disponible completa bajo demanda en Netflix.

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