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Cópiate, pero que no se note

¿Pinta ‘Paraíso’ como un ‘Stranger things’ a la española? (Fuente: Movistar+)

«Cópiate, pero que no se note» era lo que le decías a tu compañero del colegio cuando te pedía los ejercicios de clase que no traía hechos. No pasaba nada por hacerlo, pero era fundamental que entre una versión y otra hubiese suficientes cambios para que la profesora no se diese cuenta del engaño. Y esto mismo lo podemos trasladar a las series de televisión, solo que en este caso son los espectadores quienes no deberían advertir las descaradas similitudes entre un nuevo producto y la fuente de la que bebe.

Muchas series nacen de un guionista que presenta su idea a una cadena con un “Esto es como (serie) pero con (elemento diferenciador)” y otras veces es el propio canal quien levanta el teléfono y le pide a un productor “He visto esto, hazme algo parecido”. No pasa nada, trabajar con referentes de éxito es lo lógico en un mercado que se mueve por tendencias y donde inventar la rueda -o romperla- es casi imposible. El problema viene cuando, tras desarrollar el proyecto, se siguen viendo las costuras.

Cuando Movistar+ lanzó la nota de prensa de Paraíso, automáticamente todos los que la leímos pensamos que era unStranger things + Verano Azul en Levante”. Todo remitía a eso: la escasa sinopsis, la ambientación temporal e incluso la imagen que se adjuntaba con un niño llevando una gorra tan característica como la de Dustin Henderson. En declaraciones incluidas de su director, Fernando González Molina, se citaba como referente la serie de Antonio Mercero junto a Compañeros, V y el cine de Spielberg, pero se evitaba la que parecía la conexión más obvia (haciéndola aún más obvia).

No sabremos hasta que veamos Paraíso si realmente es un burdo calco de la ficción nostálgica de los hermanos Duffer o si, por el contrario, va por unos derroteros muy diferentes. Pero que cualquier espectador pueda pensar que, a priori, parece una copia es preocupante. Lo mismo pasará con La Valla, distopía futurista que, sobre papel, cuesta no emparentarla con El cuento de la criada, y más tras ver en sus primeras fotos las gamas de colores utilizadas: los ricos visten de azul verdoso y los pobres en tonos marrones. ¿Se parecerá tanto como se atisba?

¿Marthas y esposas de Gilead? No, personajes de ‘La Valla’. (Fuente: Antena 3)

Tener referentes no es pecado, al contrario. George R.R. Martin, por ejemplo, ha comentado en infinidad de ocasiones que Tolkien, al que admira muchísimo, y su El señor de los anillos son una gran inspiración para su Canción de Hielo y Fuego. Lo que pasa es que cuando alguien lee sus libros o ve Juego de tronos no tiene la sensación de que esté ante un plagio descarado de la historia de Frodo Bolsón. Hay cosas, es evidente, y por eso resulta más honesto que Martin lo diga abiertamente. En España hemos visto casos contrarios: guionistas que juran y perjuran que no han visto “esa serie con la que usted me compara” y entonces la vergüenza ajena es real.

De hecho, ver esas series deberían ser tus deberes: ¿cómo vas a hacer una serie millennial sin conocer Girls y Broad City o un drama familiar de mafiosos sin haberle echado un ojo a Los Soprano? Claro que las has visto, José Luis, pero te da fatiga reconocerlo por si te dicen que has copiado. Cuando se empezó a hablar de El ministerio del tiempo, antes de su estreno, le llovieron las comparaciones con Doctor Who. Javier Olivares no negó haberla visto, pero señaló que su serie estaba más pegada a otros referentes como el libro Las puertas de Anubis, de Tim Powers, o Torchwood, spin-off de la propia Doctor Who.

Podíamos creerle o no, pero cuando El ministerio del tiempo vio la luz, habló por sí sola. No, no era una copia de Doctor Who y tenía suficientes elementos genuinos -sus personajes, la apuesta por la idiosincrasia…- como para desmarcarse de cualquier acusación. Algo similar le pasó a Vis a vis, que sobre papel sonaba como un intento de hacer una Orange is the new black a la española. Y no dudo que el éxito de Netflix no propiciase el desarrollo de la serie, pero la historia de Cruz del Sur finalmente no tuvo nada que ver en cuanto a tono, estilo o propósito con la de Litchfield. Compararlas es absurdo.

Los Serrano con pistolas”, “Los Serrano con poderes”, “Perdidos serranizado en un barco”, “Velvet en Telefónica”, “Velvet en la guerra”, “Gran Reserva con abogados”, “Gran Hotel en el Titanic”, “Louie con Ignatius”, “Cincuenta sombras de Mario Casas”, “Fargo en Zamora”, “Los Serrano con pistolas y viajes astrales”, “Narcos a la española”, “Narcos a la española, más culebrón y sin acento”, “Otra más de narcos españoles, pero gamberretes”, “Veep cañí”, “El príncipe en serio”… Son ideas de venta defendibles. El quid de la cuestión es si los productos finales son capaces de ofrecer algo más y validarse por sí mismos o si se quedarán en esa etiqueta que el espectador identificará como de baratillo.

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