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Crítica: ‘Auga seca’, un policiaco gallego-portugués que apunta maneras

La serie, coproducción de TVG y la lusa RTP, no rompe los moldes de su género, pero se inscribe en él como un producto correcto

El trío protagonista de ‘Auga seca’. (Fuente: HBO)

Esta crítica se ha escrito tras ver el primer episodio de la primera temporada de ‘Auga seca’ y no contiene spoilers.

Desde la primera vez que se menciona, es imposible dejar de pensar en ella. El agua seca es un compuesto que encierra gotas de agua del tamaño de granos de arena en prisiones de nanopartículas de sílice hidrófobo. Es también el material que presta su nombre al policiaco gallego-portugués que acaba de llegar a HBO España y, cuando se invoca su nombre en el primer episodio, uno se hace una idea de por qué.

Auga seca (Agua seca) es una coproducción de la gallega Portocabo y la portuguesa SP-i, al abrigo de las respectivas cadenas públicas, TVG y RTP. Su trama criminal, desplegada desde su principio en compases clásicos pero convincentes, llega además rompiendo en la industria: fue la primera obra de habla gallega en pisar la alfombra del festival Mipcom de Cannes, y es también la que estrena la lengua del noroeste en el catálogo del servicio bajo demanda de HBO.

Su carácter mestizo (que no es nuevo, pues TVG y RTP han unido fuerzas en otras ocasiones, con resultados como Vidago Palace y Verão M) resuena irremediablemente en ese esotérico nombre, un oxímoron casi imposible de imaginar, que parece hacer referencia también a una naturaleza híbrida y a las laxas fronteras físicas y culturales que separan Vigo y Lisboa, las ciudades en las que se ambienta la serie.

Otro misterio del agua seca es que en realidad se compone de agua en un 95%, y, sin embargo, parece tener mucho más en común con la harina o el azúcar glas. En la investigación policial que vertebra la coproducción, a cargo de Alfonso Blanco por el lado patrio y José Amaral por la parte lusa, las cosas son, de igual manera, todo lo contrario de lo que parecen: la hipótesis del suicidio de un joven que vivía a caballo entre las dos ciudades no convence ni al inspector jefe (Sergio Pazos) ni a la hermana del fiambre (Victória Guerra), que creen que hay motivos oscuros bajo la muerte.

Otro juego de significados viene servido a través del aparente villano, un empresario de logística al que da vida Monti Castiñeiras, vinculado con el tráfico de armas y especialmente preocupado por la curiosidad que el trágico final del joven suscita en los sabuesos de la ciudad. Es principalmente su personaje el que entronca con la naturaleza seudo-noir de la historia y todos sus tropos, desde la entrada de un revulsivo en un apoltronado cuerpo de policía hasta las llamadas sucintas entre hombres poderosos como la que cierra un poco atrevido pero certero primer episodio.

Auga seca apunta maneras. En su equipo hay profesionales salidos de Hierro y Fariña, y la intriga que bombea su avance es interesante. No viene a romper los moldes de su género, sino a inscribirse en la tradición como un producto correcto. Aunque su arranque es ordinario, es inherente a las series policiacas el brillar con más fuerza según se llega al final del camino, donde todas las piezas del juego se descubren. Su mirada atlántica, y las cuestiones trasfronterizas que van más allá de identidades zombie como la nacionalidad, deben ganar más peso para que Auga seca se convierta en algo más que la primera serie en gallego en HBO España. Pero es que eso ya es mucho. Xa era hora.

La primera temporada de ‘Auga seca’ está disponible completa bajo demanda en HBO España.

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