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Crítica: ‘Día a día’ vuelve a emocionarnos en su segunda temporada - Fuera de Series
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Crítica: ‘Día a día’ vuelve a emocionarnos en su segunda temporada

La comedia familiar multicámara que nos ha robado el corazón confirma que llegó para quedarse

Fuente: Netflix.

Cada semana se publica una nueva noticia sobre el fichaje de actores, guionistas o directores con premios Óscar en sus estanterías que se pasan a la televisión; conocemos los presupuestos millonarios de algunos episodios; se anuncian rodajes en lugares remotos; se estrenan producciones con narrativas ambiciosas y nosotros, como espectadores, sentimos que desarrollamos cada vez un gusto más sofisticado, exigente y selectivo.

Entonces, llega Día a día (One Day at a Time), una serie multicámara, el formato que miramos siempre por encima del hombro porque asumimos caduco; que es un reboot de una serie de hace 40 años, centrada en una familia, y desmonta todo lo que creíamos saber sobre nuestras preferencias seriéfilas. Esta serie me recordó que las multicámara ejercen sobre nosotros un poder inconsciente del que carecen las que se ruedan a una cámara: al estar toda la puesta en escena en un escenario de cara al público, se sienten muy cercanas y casi desaparece la barrera de la pantalla, nuestro sofá es la cuarta pared.

‘Día a día’ va más allá de los prejuicios hacia las “risas enlatadas”
La segunda temporada de la comedia se estrena hoy en Netflixfueradeseries.com

Qué suerte tenemos de vivir en la época del streaming, porque tenemos la oportunidad de ver series como esta con inmediatez, Día a día es una producción que seguramente no habrían comprado los canales tradicionales. Es también una de las ventajas del peak TV, que permite que existan historias sencillas y específicas que en otras circunstancias no habrían encontrado espacio para ser contadas.

Con su primera temporada, Día a día nos sorprendió y nos conquistó. En su regreso, ha demostrado que las historias de la familia Álvarez atrapan tanto o más que cualquier pirueta de guión o el despliegue de medios técnicos. Día a día confirma que la magia de las series está en sus personajes, en hacer que nos importen, en que las historias que cuenten sean honestas y tengan corazón.

En esta temporada la serie ha tocado muchas teclas: la depresión, el control de armas, las políticas antiinmigración de Trump, crítica al binarismo de género, habló de no ignorar a las personas mayores y del eterno debate de los inmigrantes, entre el orgullo que sienten por sus raíces, y la necesidad de ocultarlas para evitar ser víctimas del racismo. Todos los personajes tuvieron espacio para mostrarse divertidos y vulnerables e incluso tuvimos oportunidad de conocer a Schneider y al Dr. Leslie Berkowitz más allá del simple alivio cómico.

El final de temporada fue un episodio precioso que le dio la oportunidad a cada personaje de contarnos su historia personal con Lydia, y hacerle un homenaje a la que es sin duda la roba escenas, el alma de la fiesta y fuente de todos los gifs, pero que también carga con una eterna melancolía y la pena de quien ha tenido que dejarlo todo. Cada escena me sacó una sonrisa que me daba la oportunidad de secarme los mocos.

Mis momentos preferidos de ese episodio, aparte del de Penélope, que era quien cargaba el peso emocional por cómo habían quedado las cosas con su madre en el episodio anterior, fueron el de Alex, pintándole las uñas a su abuelita, contándole lo que había pasado en su telenovela y con su paralelismo entre la Biblia y Spiderman. También el reencuentro entre Lydia y su Berto, y Schneider contándonos por qué se sentía parte de la familia. Todos somos Schneider.

En Día a día unos aprenden español, otros yiddish; unos a bailar, otros lenguaje inclusivo; Elena aprende empatía de Schneider y Víctor de su hijo, Alex; Lydia aprende que la depresión es una enfermedad y Penélope entiende lo difícil que fue para su madre dejar su vida atrás. Todos se ayudan a crecer y a ser mejores personas, y con ellos, nosotros.

A simple vista, Día a día parece una serie muy sencilla, técnicamente lo es, lo que no es nada fácil es conseguir que nuestras emociones viajen en una montaña rusa lenta en cada episodio: me sube y me baja a su antojo, me lleva de la risa loca a los lagrimones de anime con sólo una línea de diálogo y me mantiene con el corazón desnudo. Como comedia me hace reír a carcajadas, como comedia social me hace aplaudir su discurso y como comedia familiar me enternece y me conmueve. Larga vida a los Álvarez. Y nominaciones a los premios Emmy.

¡Qué fun!

Las notas de Fuera de Series:

En Fuera de Series puntuamos nuestros análisis en una triple escala de 1 a 5, inspirada en la que usa Little White Lies, en función de lo deseosos que estábamos de ver la serie (“Antes”), lo que nos ha parecido viéndola (“Durante”) y las ganas de ver más y de comentarla con más gente tras hacerlo (“Después”)

Antes: 4,5

Esperaba su estreno con muchas ganas de volver a entrar a ese lugar feliz que a veces me hace llorar.

Durante: 4,5

Lo disfruté todo, me reí a carcajadas y lloré sin intentar evitarlo.

Después: 4,5

Es una serie purificadora, nos limpia el mal rollo de la vida diaria. Como latina, el gag recurrente del Vicks Vaporub me hizo sentir como en casa. Recomienda la serie a la gente que te caiga bien, es un buen regalo.

Las dos temporadas de ‘Día a Día’ están disponibles en Netflix.

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