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Crítica: ‘El Ministerio del Tiempo’ 3×12 — ‘Contratiempos’

El clímax de la temporada llega en un episodio con aroma de despedida

Irene, Alonso y Pacino tienen una misión en el Madrid de 1976. (Fuente: Tamara Arranz/TVE)

El futuro de El Ministerio del Tiempo más allá de esta tercera temporada está en el aire. Los fans están acostumbrados a esa sensación de que TVE no haya dicho aún esta boca es mía sobre lo que quiere hacer con la serie a estas alturas de su emisión, pero esta vez, flota en el ambiente cierto aire de despedida. O, al menos, es lo que se aprecia en algunos momentos de Contratiempos, el penúltimo capítulo de la temporada.

Y también el que cierra la trama serializada que ha estado centrando hasta ahora los episodios. Javier Olivares comentaba hace unos días que el último capítulo iba a ser un homenaje a los fans, a los ministéricos, así que las resoluciones y los clímax narrativos se reservan para el penúltimo. Y también los recuerdos a Pablo Olivares, cocreador de la serie, fallecido de ELA antes de que se emitiera el primer episodio.

A partir de aquí, habrá spoilers del capítulo 3×12 de ‘El Ministerio del Tiempo’.

Esos recuerdos aparecen en la trama de Lola Mendieta, en la que tiene que resolver los flecos que quedaban aún del encuentro con su hija adulta. Lucía quiere saber quién fue su padre antes de que la ELA se la lleve, pero la joven Lola se resiste a tener que viajar al pasado para hablar con su yo futuro. Un yo, además, en el que ella bien puede no convertirse nunca; Salvador abrió la puerta a una línea temporal alternativa al reclutarla diez años antes de lo previsto, por lo que se mueve por terreno sin explorar (los futuros personales de cada personaje no están escritos en El Ministerio del Tiempo).

El cara a cara entre las dos Lolas muestra el acierto de casting de Macarena García para ser la versión joven de Natalia Millán, y también que la Lola que conocimos desde el principio no era tan cruel como podía parecerlo. Sí, estaba consumida en parte por las cuentas pendientes del pasado y creía firmemente que el fin justifica los medios, pero no se atreve a reconocer a su yo alternativo que fue ella quien mató a los padres de Lucía. Es una carga que no quiere que ni “Lolita” ni su hija lleven sobre sus hombros.

Las dos Lolas, frente a frente. (Fuente: Tamara Arranz/TVE)

Las consecuencias de tus actos es un tema que une a varios personajes en este episodio. Marta Cascajosa intenta ser útil como expiación de todo lo que ha hecho contra el Ministerio, mientras a Alonso le pesan más la conciencia y su sentido del deber que traicionar a sus compañeros para ceder al chantaje del Ángel Exterminador. En el caso de Marta, de todos modos, esas consecuencias casi están más relacionadas con un Pacino que no es capaz de perdonarla por haberlo engañado y utilizado.

Pero para Alonso, las amenazas de Bosco hacia Elena lo sitúan en una tesitura en la que culminan todas sus dudas de la temporada. Ha cumplido misiones en las que tenía que salvar a gente que iba en contra de todo lo que él considera casi sagrado, como le ocurre con Simón Bolívar o con Guerrero en la América de la conquista, y hasta parece que empieza a plantearse si su trabajo en el Ministerio sirve para algo. Pierde amistades y amores por él y su sistema de valores se ve sacudido hasta los cimientos. Si el Ángel Exterminador le propone traicionarlo para salvar a Elena, ¿por qué no va a hacerlo?

Porque justo ese sistema de valores no se lo permite. Es un soldado, y un soldado no deserta.

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Alonso tiene ese momento de claridad en una misión en la que deben garantizar que Adolfo Suárez llega a ser presidente de España en 1976. Suárez ha sido una de las constantes de la serie, él y la instauración de un sistema democrático estable, por lo que no es baladí que El Ministerio del Tiempo decida centrar su penúltimo episodio de la temporada en él. Fue el protagonista de un momento clave en la historia del país, un momento en el que éste podía salir adelante y dejar atrás los años oscuros de la dictadura o despeñarse definitivamente, por lo que tampoco extraña que el Ángel Exterminador quiera sabotearlo.

Pacino y Marte tienen aún asuntos por resolver. (Fuente: Tamara Arranz/TVE)

Bosco, de hecho, ha sido un malo con tan pocos matices, que está bien que la serie no haya querido alargar demasiado su presencia. Tenía un cometido claro y, una vez lo ha cumplido, se pasa a otra cosa. La estratagema de Salvador para desactivar a ambas sectas y atrapar a alguien tan escurridizo como Bosco no ha hecho más que elevar su estatus, y aunque habría estado bien saber algo más del líder del Ángel Exterminador, también resulta satisfactorio que caiga por su propia arrogancia y, en última instancia, porque su falta de sentido del humor lo delata.

La representación de los miembros de las sectas es también muy significativa (los Hijos de Padilla van armados con hachas, palas, herramientas de labranza en general, mientras los “ángeles” están uniformados y con armas de fuego) y que el final de la historia llegue forzando un enfrentamiento entre las dos representa bien el papel del Ministerio en esa lucha; ambas querían dominarlo o destruirlo, pero casi siempre estaba involucrado de manera indirecta.

Al final, Salvador demuestra por qué es el subsecretario (además de llevar unas gafas muy cool que protegen los ojos del actor Jaime Blanch); puede hacer a veces las cosas sin consultar y sus motivos pueden resultar oscuros, pero siempre hay una razón. Y siempre sabe lo que tiene que hacer.

Notas al margen

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