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Crítica: ‘El Ministerio del Tiempo’ vuelve con una aventura de altura

La temporada 4 recupera a Julián presentando un nuevo reto para sus protagonistas

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(Fuente: David Herranz/TVE)

Esta crítica se ha escrito tras ver el primer episodio de la cuarta temporada de ‘El Ministerio del Tiempo’.

La “muerte” de Julián fue uno de los grandes traumas de las primeras temporadas de El Ministerio del Tiempo. Él había sido no solo los ojos de los espectadores a la hora de entrar en aquel lugar fantástico y misterioso, sino que también había influido decididamente en las evoluciones de personajes como Alonso o, sobre todo, Amelia, con cuyo futuro parecía estar fuertemente relacionado. Su desaparición al principio de la segunda temporada trastocó emocionalmente a ambos e inició el camino de Amelia de desencantarse del Ministerio y regresar a su vida y a su familia. Y la sombra de Julián siguió notándose aunque personajes como Pacino y Lola entraran a refrescar la patrulla.

Que la cuarta temporada de la serie arranque con su vuelta es un gran acierto por todo el bagaje que acarrea. Pone a Salvador ante otro de sus “fracasos”, si podemos llamarlo así, recuerda a Alonso su sentido del deber y, en general, es lo suficientemente importante no solo para generar una alerta temporal potencialmente catastrófica, sino para que todos los agentes echen una mano intentando recuperar al Julián que entró en el Ministerio de ese hombre que ha mezclado su memoria con la del pobre Eulogio Romero.

La manera en la que se va desvelando quién es este nuevo Julián, quién es de verdad Eulogio y lo que oculta su “tapadera” como estrella del cine patriótico del franquismo confiere un impulso al capítulo que lo convierte en un estupendo estreno de temporada. Tenemos a Alonso e Irene incrédulos de tener delante a Julián y que, al mismo tiempo, no sea el que ellos conocían y la trama se completa con Lola en su mejor estilo de espía y mujer de acción, además del acercamiento de la serie a un clásico de los viajes en el tiempo, el momento “matemos a este villano histórico” con el complot para asesinar a Franco durante una recepción en el palacio de La Granja.

Esa trama nos deja ver cómo es el nuevo Julián, que se casa con esa madre viuda para evitarle problemas y que lucha contra las injusticias cuando las ve. Ha sufrido (que se alistara en la División Azul da una pista de que el final de la Guerra Civil no fue idílico para él) y tiene la determinación de seguir peleando contra el régimen de la manera que pueda. Es decir, que tampoco es tan diferente del que conocimos al principio y parece que lo que le ocurrió fue un caso extremo de Ponte en mi lugar con Eulogio en aquella trinchera de la batalla de Teruel.

(Fuente: David Herranz/TVE)

Aunque el episodio gire en torno a Julián, no es su único centro. También nos resitúa en cómo funciona el Ministerio con Salvador recordando que deben proteger a Franco porque la historia es la que es y no se debe alterar, y deja claro que el tiempo también ha pasado por sus agentes. Pacino y Lola son incapaces de mantener en secreto su relación y Alonso parece haberse adaptado razonablemente bien a su nuevo rol como padre que ve Acacias 38 cuidando a su bebé mientras Elena está trabajando.

Las dinámicas entre todos los personajes están más que presentadas, y lo que se hace es potenciar las que ya tenían chispa anteriormente (como la de Lola y Pacino). Y, sobre todo, resulta muy curioso de ver cómo Rodolfo Sancho da totalmente el pego como estrella de cine de los 40 y el carisma de Cayetana Guillén Cuervo y Macarena García como esas Irene y Lola resolutivas y dispuestas a mancharse las manos.

La cuarta temporada no puede empezar mejor. El reto que plantea con Julián es realmente interesante, la misión se desarrolla de una manera muy entretenida y muy clásica de las historias de espías y la nueva sede del Ministerio luce estupendamente.

Notas al margen

  • No hemos comentado nada del personaje histórico del capítulo porque su presencia es más anecdótica que otra cosa, pero por ahí se pasea un joven Luis García Berlanga antes de dedicarse al cine, y en calidad de compañero de armas de Julián en la División Azul. Como él, se alistó para evitar represalias del régimen, en este caso hacia su padre, gobernador civil de Valencia con la República.
  • Entre los guiños del episodio destaca el de Pacino diciendo que se parece al protagonista de Los hombres de Paco (serie que afianzó la fama de Hugo Silva) y a Lola utilizando diálogos de Serpico para asegurar a Pacino que está bien mientras se infiltra en la banda de sus antiguos camaradas. De hecho, Lola se convierte un poco en el agente Frank Serpico en esa trama.
  • Es bien conocido que Franco era gran aficionado al cine y, como él mismo afirma en el capítulo, escribió el guión de la película Raza, de 1942, que encapsulaba todo el ideario del régimen sobre lo que quería decir ser “un buen español” a través de los hijos de un soldado que muere en la guerra de Cuba.
  • También son conocidos los rumores de que Franco tenía dobles para eludir compromisos oficiales a los que no le apetecía ir. De hecho, en 1988 se estrenó una película, Espérame en el cielo, dirigida por Antonio Mercero, en la que un tipo corriente era raptado por el jefe de propaganda nacional para que fuera uno de esos dobles del Generalísimo. La única manera que tenía de comunicarse con su esposa era a través de un código en el que, si en un noticiario del No-Do ella veía que Franco se tocaba una oreja, estaba viendo a su marido y él estaba diciéndole que la quería.

La cuarta temporada de ‘El Ministerio del Tiempo’ se emite todos los martes, a las 22:40 h., en La 1. El capítulo está también disponible al día siguiente en la web de TVE y en HBO España.

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