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Críticas

Crítica: En ‘Riverdale’ comienzan a jugar en la liga de los mayores

Con el final del instituto cerca, prometen pasar una cuarta temporada centrados en no ir a clase ni llevar una vida tranquila

Veronica y Archie en una imagen de la cuarta temporada. (Fuente: IMDB)

Esta crítica se ha escrito después de ver los tres primeros episodios de la cuarta temporada de ‘Riverdale’.

Ya está de vuelta la serie que demuestra que los Servicios Sociales estadounidenses tienen mucho trabajo por delante. Sí, hablo de Riverdale, ese título donde los adultos se comportan como críos maleducados y los críos, como adultos completamente fuera de sus cabales.

Tras el arranque de temporada con la despedida de Luke Perry han dado carpetazo al tema del padre de Archie y han pasado a dedicarse a lo que mejor saben hacer: desbarrar. Este es el último curso de instituto y está claro que han decidido que, para no variar, los alumnos de Riverdale no tengan ni una clase con sustancia y sin dramas. Repasemos los grandes temas de la temporada.

Jughead, de la pobreza extrema a codearse con los más ricos

La trayectoria de Jughead es el sueño americano a altas velocidades. Abandonado por su madre, con un padre pandillero y teniendo que dormir en armarios ajenos, ha pasado a ser el hijo de un sheriff (sólo esto ya se merecería un artículo alucinando de las posibilidades de reinserción americanas), con mamá viviendo en su flamante casa unifamiliar y pudiendo acudir a un internado de lo más elitista en el que recibir las clases de literatura que realmente merece para poder llegar a ser un gran escritor.

Lejos quedan los años en que comía gracias al apadrinamiento de Fred Andrews. Ahora su problema es otro; el niño pijísimo del centro pijísimo le ha declarado la guerra y va a usar las peores artes para arruinarlo. Su primera táctica, echar por la borda la tapadera de Moose. Un juego de chavales comparado con todo lo demás que hemos podido ver hasta ahora. Es curioso como la de Jughead comenzó siendo la historia más dura y va por el camino de convertirse en un episodio de Las gemelas de Sweet Valley. Al menos, comparativamente.

Siempre hay rato para algo de carne. (Fuente: IMDB)

Archie y su proyecto más maduro

Por mucho que le pongamos titular manido de disco de cantante pop es que es verdad. De todos, es el que tiene por delante una historia más realista. Sí, tras una escena donde vemos a todos los mozos enseñando cacho, localizan dinero fácilmente y saben cómo lavar 40.000 dólares. Pero su idea tiene escala de futuro y es una salida razonable para alguien que no está llamado para los estudios superiores. Lo que él quiere es otra cosa, quiere cambiar algo en su pueblo y hacerlo desde ya.

Para eso no podría haber tenido mejor idea que la de reconvertir el gimnasio en un espacio seguro para los incipientes maleantes de Riverdale. Su padre estaría orgulloso, quiere acabar el instituto y llevar un local que mejore la situación de los que están en riesgo de exclusión social. Posiblemente sea la trama más aburrida, porque no hay zombies ni pirados armados de una secta (no me ha pasado por alto la referencia a Waco al hablar de La Granja, por cierto), pero es una forma de dar una salida profesional más allá de la universidad. Y de paso podremos seguir viendo escenas donde entrenen sin camiseta.

Veronica ¿Lodge?

Resulta llamativo que el argumento de ser un Lodge por encima de todo ha sido de esos mantras que ha llevado consigo la niña bien de Riverdale (con el permiso de Cheryl), pero últimamente le está resultando demasiado pesado. Su intención es la de recuperar el apellido de soltera de su madre (a quien tampoco apoya, ya que sacamos el tema), pero una conversación en la biblioteca de su padre le hará dudar. Es gracioso que dicha conversación sea con su padre porque, bueno, está preso. Al parecer, ser dueño de una cárcel permite que salgas de ella de paseo por mucha orden del juez que haya.

No sé, yo ya no entiendo nada, y me dedico a disfrutar al ver cómo una rueda de prensa puede arrancarse con una deliciosa versión de All that jazz. Porque tener a tu padre y a tu madre en la cárcel, o ser perseguida por todo periodista del estado, no está reñido con calzarse unas mallas y montar un espectáculo musical.

Cheryl en una imagen de la tercera temporada. (Fuente: IMDB)

Cheryl, cosiendo hermanos

Pero vamos con el que, sin duda, es mi arco favorito. En algún momento decidieron que los Blossom iban a ser los protagonistas de las grandes locuras de la serie. Corría el segundo 17 del primer episodio (segundo arriba, segundo abajo) cuando ya pudimos comprobar que iba a ser fuente de risotadas infinitas. Y es que la última de Cheryl es tener a su hermano conservado en el sótano. Sí, ese con el que empezamos la primera temporada y que nos regaló unos planos rojo contra blanco preciosos.

De por sí, la trama es un tanto desparramada. Años después, la pelirroja de Riverdale se hace con los restos de su hermano adolescente y los cuida y adora en una cripta familiar. Por si esto no fuera un argumento de peso para demostrar que en esta serie tienen un sentido del humor negrísimo, le han hecho sacar una rata de las tripas, que luego serán cosidas por su gemela.

No son cosas mías, ¿verdad? Riverdale es la mejor comedia que hemos podido ver jamás.

Al menos, Tori ya ha descubierto el pastel y tiene toda la información para saber que su novia necesita ponerse en manos de un especialista urgentemente. Conociéndolos, por eso, lo mismo le recomienda otro tipo de punto para coser a Jay Jay o lo suma a las cenas familiares. Con estos nunca se sabe.

Edgar in the sky with diamonds

Todo el asunto de La Granja ha sido un poco extraño, aunque parecía arrojar algo de sentido común cuando descubrimos que la madre de Betty era una infiltrada del FBI. Eso justificaba de alguna forma el recorrido de una mujer que pasó de ser una madre abnegada, amante del periodismo y de la búsqueda de la verdad, a meterse en una secta de las que se ven a la legua.

Cuando crees que, de alguna forma, los guionistas siguen teniendo algo que los une a la tierra y al sentido común, dejan a una adolescente desactivando bombas, porque el agente del FBI que está junto a ella debe tener cosas más importantes que hacer. Y ya de ahí, de perdidos al río. Betty invierte algo así como media hora en localizar un cuarto de millón de dólares, pasaportes falsos para toda la tropa, víveres y un autobús (¿los venden en Wallapop?).

Pero es todo una trampa para atraparla junto a su madre, porque Edgar tiene otros planes, un proyecto oscuro y retorcido: vestirse de Elvis y lanzarse como bala humana en un cohete que ha construido con sus propias manos. Espera, ¿qué? Fantasía. “Elías ascendió, y yo también lo haré”. Al parecer, su intención era hacerlo literalmente.

Su muerte parece que no nos ha traído el final de La Granja y que aún van a tener mucho que contarnos. Y por si fuera poco, de vez en cuando vemos escenas de las vacaciones de primavera, donde Jughead para a sufrir algún tipo de percance. Esto no tiene pinta de tranquilizarse.

‘Riverdale’ se emite los jueves en Movistar+.

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