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Crítica: ‘The Handmaid’s Tale’ 2×07 — ‘After’

El poder de los nombres

(Fuente: HBO España)

Desde que nace, toda persona tiene derecho a obtener una identidad, un nombre. Es el reconocimiento por parte del Estado de su existencia, es lo que la caracteriza como individuo y la diferencia de las demás como parte de una sociedad.

En Gilead se han suprimido todas las libertades y derechos de las mujeres, entre ellos, el derecho a un nombre propio. En medio de tanta opresión, esta pérdida puede parecer la menos importante, pero es la primera, es la que declara que son desechables: siempre podrá haber una nueva Martha, una nueva Offred una nueva Mrs. Waterford. En este episodio de The Handmaid’s Tale hay poder en los nombres.

A Gilead le encantan sus rituales. El entierro de las 31 Criadas le permitió a las sobrevivientes despedirse de ellas y rendirles un homenaje con una secuencia de movimientos muy lírica. También les sirvió para darse cuenta de que no se conocen entre ellas, que nunca han hablado, que no saben quiénes son, que ni siquiera conocen sus nombres; que tal como quería Gilead, simplemente son las Criadas de.

“Me gustaría daros un mundo sin violencia, sin dolor. Es todo lo que siempre he querido”. 
–Tía Lydia

“Lo ordinario es aquello a lo que te acostumbras”, “libertad de y libertad para” o esta que transcribimos de la escena del funeral; las frases de Tía Lydia a “sus niñas” son siempre siniestras. Sin contexto, parecen sinceras e inocentes, pero el trasfondo es siempre retorcido. Cómo puede decir querer para ellas un mundo sin violencia y dolor, cuando es ese precisamente el mundo en el que las obliga a vivir como úteros esclavizados cuyos cuerpos y mentes sufrirán castigo si no obedecen.

Los castigos ejemplares están a la orden del día en Gilead, sin preámbulos vemos las otras consecuencias de la explosión: ejecuciones a plena luz del día y una ciudad militarizada. Los señoros Comandantes siempre están sedientos de poder y quien ve la oportunidad de escalar peldaños y toma la delantera es Cushing. Impone su ley de terror, y con la excusa de luchar contra la resistencia, reparte ajusticiamientos a diestro y siniestro, para que sirva a los demás como advertencia.

(Mensaje para todos y todas: los vientres de las embarazadas no son de dominio público, no los toquéis)

Era obvio que Cushing se interesara por la casa de los Waterford y su historia de la Criada que fue secuestrada, una historia que nadie se cree. Su interés no es, por supuesto, descubrir ninguna verdad, lo que realmente le interesa es destruir a Fred Waterford, así que decide atacar a la que cree que es una presa fácil, su Criada, June.

En medio del intimidante interrogatorio, le sugiere su nombre como culpable, como los policías que intentan conseguir una confesión falsa, como cuando Lydia les entregó a un violador en la Particicución. A Cushing seguramente le da igual que June quisiera escapar, lo que quiere es asegurarse el poder. Si la situación hubiese sido otra, June quizá habría aprovechado para vengarse, pero tiene mucho que perder. Y, después de ver como una Martha inocente es asesinada sin piedad en plena calle, sabe que puede pasar cualquier cosa.

Para bien y para mal, entre June y Serena hay una relación de codependencia; ninguna de las dos la firmó voluntariamente, pero existe y la reconocen. Por eso, June espera a que Serena regrese por la noche, por eso inicia una conversación y por eso, cuando quiere dejarle clara la gravedad de la situación para ambas, la llama por su nombre. Porque los nombres son importantes. Su red de secretos compartidos incluye a Nick y entre los tres eliminan la amenaza inminente.

“Nunca confundas la mansedumbre de una mujer con debilidad”. (Serena, ‘The Handmaid’s Tale’ 2×06)

En este episodio volvemos a ver a esa Serena compleja y llena de contradicciones que es precisamente como podemos describir nuestra relación como espectadores con su personaje. La Serena pre-Gilead defendía una forma de pensar que podemos no compartir, pero seguramente no esperaba que su mundo se convirtiera en lo que se convirtió. En cualquier caso, en su aquí y ahora, se protege con las ropas de sus pequeños privilegios, y descarga sus frustraciones contra las que están peor que ella, lo que hace imposible no verla como cómplice de los opresores.

Pero también está esa Serena que sabemos inteligente, la que es capaz de defender sus ideas ante una multitud que la desprecia o la que sabe cómo encontrar la forma de alejar a Cushing de su casa. Esa Serena que puede redactar órdenes ejecutivas para establecer una nueva normativa de seguridad; la que confía en June, reconociéndole su identidad del pasado. Serena había intentado muchas cosas en su relación con June, la ha ignorado, la ha reprendido, le ha pegado, la ha despreciado, ha creado una falsa idea de cordialidad y en esta ocasión intenta algo nuevo: la trata como su igual.

“Ya es hora de que las cosas vuelvan a la normalidad, ¿no crees?”.

Quizá la normalidad a la que aspira es una previa, pero es un primer paso. “Juntas somos más fuertes”, es un eslogan de camiseta pero eso no le resta fuerza y verdad. Gilead las quiere (y las necesita) alienadas y enfrentadas, preocupada cada una por su propio sufrimiento, porque sabe que sólo hace falta que hablen y se reconozcan como iguales para descubrir todo lo que tienen en común, para que las experiencias de opresión compartida enciendan la llama de la revolución.

Ese reconocimiento entre las Criadas se produce en medio de susurros y parece que se miran por primera vez. Un secreto compartido que crea un vínculo, una escena que convierte en poderoso el mundano ritual de la presentación. Esta es la más importante consecuencia de la explosión, conocieron a Lillie como Ofglen, pero la recordarán como la que encendió la llama. Conocen sus nombres. Ya no son las Criadas de.

Nolite te bastardes carborondorum.

Notas al margen:

  • No me he olvidado de la trama de Moira. Empezaré por el final. En Canadá nos permiten conocer el verdadero nombre de Ofglen: Lillie Fuller (Tattiawna Jones). El momento en el que se va poniendo rostro y nombre a las víctimas contrasta con el funeral de Gilead donde solo eran una cifra y sus patronímicos.
  • Confieso que no estoy del todo convencida con cómo introdujeron a Moira en este episodio. Temáticamente encaja con la idea central, como ya nos tienen acostumbrados con los flashbacks pero, a pesar de que Odette ya había sido mencionada previamente, mezclar la gestación subrogada con su relación, y que hasta ahora no haya decidido buscarla en el registro de desaparecidos no funciona del todo. Quizá si le hubiera preguntado a Luke por ella cuando se reencuentran en Canadá o en cualquier otro momento hubiesen hablado de ello, ahora no parecería que sale tan de la nada. Esto lo pensé a posteriori, durante sus escenas estuve totalmente entregada porque Samira Wiley consigue que siempre empatice con ella.
  • Confieso que cuando escuché a Moira mencionar a Odette no recordaba si lo había hecho en capítulos anteriores, pero como me extrañaba que fuera algo arbitrario me puse a buscar en el texto de los subtítulos; lo encontré dos veces y no seguí buscando. La primera vez lo hace en el primer episodio de la serie, cuando está con June en las camas del Centro rojo, June le dice cómo la capturaron y Moira dice que a Odette la cogieron en las primeras redadas contra lesbianas. La segunda ocasión fue en el 1×03, en la escena en la que están corriendo y entran a comprar un café y descubren que sus tarjetas de crédito ya no son válidas.
  • La reacción de Luke cuando Moira le pregunta si no quiere saber si June está bien puede parecer insensible, despreocupada o rara en el momento, sobre todo, en contraste con la de ella. Luke dice que sabe que June no está bien (como para estarlo), pero que confía en que está viva. No soy especialmente fan de su personaje, pero lo primero que hay que tener en cuenta es que cada persona procesa los sentimientos de forma diferente; la segunda, y no por ello menos importante, Luke lleva mucho más tiempo que Moira allí y habrá pasado más veces por alguna situación parecida, así que ya sabe que lo único que puede hacer es esperar. Como también estuvo en el registro de John y Jane Does, le deja espacio a Moira, pero la cuida y está con ella cuando lo necesita.

(Fuente: HBO España)

  • Janine, qué rayo de luz, tenemos que protegerla. No me esperaba volver a ver a Emily y a Janine de rojo. Mirad, yo no sé qué es peor, si la ciudad o las Colonias, pero las prefiero juntas. Ah, y sí, el plano de Eden mientras todas dicen sus nombres da miedo. Y, confieso, también me da un poco de pena por ella; es lo que le han enseñado y no tiene libros, amigas ni Internet para aprender otra cosa, no tiene la culpa.
  • Resulta curioso, como poco, que ante las bajas de Criadas tengan que recurrir a las Colonias si para lo que las necesitan es para concebir. Sólo se me ocurre pensar que como fundamentalistas no creen en la ciencia (hay muchos en nuestro hoy que no creen en el cambio climático o en la teoría de la evolución) y confían en que May The Lord Open. Después de todo, Tía Lydia en el Centro rojo les dijo que la infertilidad era un castigo de Dios por la vida libertina en la que vivían.
  • No recordaba que June nunca le había dicho su nombre a Emily. En el libro Offred nunca nos dice su nombre.
  • Por cierto, la escena en la que asesinan a una Martha que estaba buscando su pase en el bolsillo y los Guardias la matan porque pensaban que llevaba una bomba, está en el libro.

(Fuente: HBO España)

  • Y hablando de Marthas, bendita sea Rita. Su momento en este episodio es cuando Cushing le dice que se vaya a hacer sus cosas y ella no quiere dejar a June sola con él. Queremos su flashback y trama personal ya.

Todas las críticas de ‘The Handmaid’s Tale’

Los episodios nuevos de ‘The Handmaid’s Tale’ se estrenan los jueves en HBO España.

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