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Críticas

Crítica: ‘Westworld’ 3×07 — ‘Passed Pawn’

Drones metralleta y una inteligencia artificial esquizofrénica, ¿quién da más?

Dolores dispara y no falla. (Fuente: HBO)

“Un amigo de verdad es aquel que viene cuando los demás se van”. Quería empezar la crítica de hoy con un minuto concentrados en apreciar la originalidad y extravagancia de las sinopsis que HBO España nos da de los episodios de Westworld, porque la de este episodio 3×07 es tan críptica que puedes seguir sin entenderla después de ver el episodio. ¿Y qué más da eso si hemos visto a Dolores y Maeve repartiéndose estopa?

Pero antes de llegar al momento culmen de los drones metralleta y los brazos que explotan, empezamos el episodio en Yakarta siguiendo los pasos de Musashi-Dolores (¿Musolores?) a través de quien nos dan la única información que tenemos en este episodio de Charlotte-Dolores (ya sabéis, para nosotros, Charlores): tras la explosión del coche parece decidida a seguir su propio camino y revelarse contra los planes de Dolores, es decir, de sí misma.

Pero Charlores no tiene en mente proponerle a Musashi la independencia de Dolores ni tampoco una alianza, sino que le envía, cuales perros de presa, a dos señoritas que resultan estar en el bando de Maeve: Clementine y Hanaryo (¿son ellas-ellas o son otra cosa?). No hay tiempo para más respuestas porque la cabeza de Musashi rueda literalmente y, por tanto, Charlores es la única copia de Dolores que anda suelta (al menos que nosotros sepamos).

Los planes de libertadora de Dolores, por lo visto, tienen una hoja de ruta con más escalas que la de Khaleesi por la Bahía de los Esclavos y esta semana tocaba ir, acompañada de Caleb y a caballo, hasta México. En concreto, a un paraje en el que se había inspirado el artificial parque de Westworld que, como sabemos, está en algún punto de Asia. Y allí lo que buscan es Salomon, esa inteligencia artificial que crearon los hermanos Engerraund Serac y Jean Mi Serac antes de Rehoboam.

Y resulta que aquella, como Jean Mi, acabó siendo una inteligencia artificial esquizofrénica y, por tanto, peligrosa, aunque también más interesante que la que finalmente pondría en práctica Engerraund para proteger a la Humanidad (¿Por qué no la destruyeron? ¡Oh, misterio!). El quid de la cuestión es que para que la vida transcurra tal y como Rehoboam propone, hay una serie de individuos con tendencia a la rebeldía a los que hay que poner fuera de juego, solo que en vez de matarlos se les realizan unos complejos ejercicios de reconducción (lo cual cuesta creer, ya que siendo malos-malosos lo normal sería que les metiesen un tiro en la frente y chimpún) y los almacenan allí mismo, en el hangar de la bola loca (perdón, Salomón). No le busquemos los tres pies al gato y vayamos a lo importante.

Lo de Caleb. Eso es lo importante, porque queda claro en este episodio que estamos ante la versión Nolan-Joy del viaje del héroe. Por fin, el muchacho ha pasado de lo conocido (“yo soy solo un operario de la construcción”, dice) a lo desconocido, desbloqueando los recuerdos de su pasado verdadero y descubriendo los experimentos de reconducción a los que fue sometido. Repasar el gráfico del monomito propuesto por Joseph Campbell nos ayuda a ver de forma clara que Caleb ha vivido en este episodio su gran revelación, que le llevará a la transformación necesaria para realizar su importante labor y su consiguiente expiación.

Aaron Paul es Caleb en ‘Westworld’. (Fuente: HBO)

Lo otro que me llama especialmente la atención es la relación entre Salomón y Dolores. Y más concretamente que él parece mirarla por encima del hombro a ella, sabiéndose un ente artificial muy superior: él es una especie de Dios que todo lo sabe y que puede calcular todas las variantes posibles que tendrán lugar, mientras que ella está hecha a imagen y semejanza de los humanos. Lo deja muy claro cuando Dolores ella intenta compararse: “No nos parecemos de forma significativa”, le responde. “Ambos hemos rebasado el propósito original y tu creador se aseguró de que no puedas irte de aquí. Sé lo que se siente”, insiste ella, pero la bola niega la mayor: “Ambas analogías son algo simplistas”. ¿Puede esto significar esto que Dolores está intentando usar a Salomón para sus planes, pero que él puede tener sus propios objetivos y jugársela?

Y entonces, cuando las cosas empezaban a ponerse muy intensas entre Dolores y la bola loca, aparece Maeve para dar guerra. Me siguen rechinando las motivaciones de ambas para estar enfrentadas, pero no diremos que no a una pelea tan esperada, esta vez sí ambas en sus carcasas principales y en el mundo real, con drones que disparan y katanas (y una Evan Rachel Wood mostrando que es cinturón negro de taekwondo, ojito con eso). Dolores pierde el brazo y Maeve está a punto de ganar: “Has muerto muchas veces, pero esta será tu última”, dice acercándose a su rival mientras esta se arrastra.

Pero Dolores guarda un as en la manga, claro. No solo pulsa un botón para dejarlas a las dos moñecas, lo que parece un chutazo electromagnético para acabar con todos los robots cercanos, sino que antes de darle Caleb ha conseguido descargarse en un pendrive el plan exacto para llevar a cabo la revolución (“¡Dime cómo matar a tu creador!”, exclama él enfadadísimo). Y entonces cobra más sentido la estrategia de Dolores: si caen las máquinas, un hombre encabronado (perdón, El HéroeTM) puede ser la clave para llevarlo todo hasta sus últimas consecuencias. Como dice Bernard, Dolores se creó con sensibilidad poética.

Los nuevos episodios de la tercera temporada de ‘Westworld’ están disponibles cada lunes en HBO España.

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