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Always Yours

Dear Bea Arthur,

¡A sus órdenes mi sargento!

Bea Arthur

Hace una semana, le escribí una carta a tu compañera Betty, así pues, he decidido que todas y cada una de las maravillosas actrices que formasteis parte de la mítica Las Chicas de Oro vais a recibir una misiva por tanto como nos habéis dado. He querido continuar contigo porque, francamente, tu temperamento, tu mirada y la expresividad que marcaste en cada uno de tus roles te hizo ser la gran actriz que eras, pero poco sabía de ti en comparación al resto del elenco. Si antes era fan, ahora lo soy mucho más.

Odiabas tu nombre, Bernice Frankel, así que lo cambiaste por Bea y con tu metro ochenta decidiste ser actriz aunque Tallulah Bankhead, una de las grandes damas del teatro de la época, te dijo: «tienes el talento. El problema es tu estructura ósea». Supongo que la llamarías después y con tu voz gravísima le dirías: ¿Qué decías de estructura y talento?

Pero, previamente a tu carrera como actriz, llegó la Segunda Guerra Mundial; Betty participó como voluntaria pero tú… tú llegaste a marine con el rango de sargento ¿A alguien le extraña? Esa voz, el carácter introvertido del que hablaban todos tu amigos y compañeros y esa estructura ósea que tanto fue criticada, te llevó a los 21 años de edad a alistarte en el cuerpo de Marines de los Estados Unidos y a que el ejército se cuadrara ante ti. Aunque tu primera asignación fue como mecanógrafa en la sede de la Marina en Washington DC, después te destinaron a diferentes posiciones en Virginia y Carolina del Norte en estaciones aéreas de la Infantería de Marina. Al año siguiente de alistarse, te casaste con un compañero del cuerpo, tu primer marido Robert Alan Aurthur (que después sería guionista), del que te separarías poco después. De ese matrimonio te quedaste el apellido, cambiándolo por el más convencional ‘Arthur’, con el que llegaste al estrellato.

Bea Arthur como marine.

Tu carrera, aunque fuiste mucho más conocida en televisión, comienza en el teatro y tuviste mucho éxito en Broadway porque encima sabías cantar. ¿Algo que no supieras hacer querida Bea? En 1966 te llegó tu primer premio: el Tony a la mejor actriz de reparto por tu papel en Mame, una obra que realizaste junto a tu amiga Angela Lansbury (Se ha escrito un crimen) y que te dio la clave de tu éxito «hacer bien un papel cómico consiste en permanecer terriblemente seria». Lo llevaste a rajatabla.

Angela Lansbury y Bea Arthur en Mame.

Y entonces llegó Maude. Un spin-off de la serie All in the Family. Hacías de feminista progre y trataba temas como el aborto, la menopausia o el alcoholismo pero, más allá de todo esto, lidiaba con cirugía plástica, desorden bipolar y, lo que causó la mayor polémica: el aborto. Hay que pensar que hablamos de hace 50 años. Aquello fue la locura absoluta. Pero es que Maude era lo más parecido a ti ¿verdad? por lo que llevaste el papel a lo más alto y con la cabeza erguida durante los 6 años que duró.

En Maude, nos trajiste a tu querida Rue McClanahan, que más tarde fue la persona que te convenció para hacer The Golden Girls, ya que tú no estabas muy convencida. Como Maude te diste a conocer al mundo y te llevó a cuatro nominaciones a los Emmy y fuiste la ganadora en esa ocasión y más tarde con el papel en la serie que te marcó más aún si cabe: el de Dorothy Zbornak.

Siempre con el mismo anillo verde. La curiosidad me mata.

Pasaron siete años. Maude había finalizado y llegaron Las Chicas de Oro. Dorothy, tras haber estado casada 38 años con Stan, descubre que le ha sido infiel y se muda a Miami a vivir con 3 amigas y su madre: la inolvidable Sophia Petrillo. El papel era similar en carácter al de Maude pero con unos rasgos mucho más marcados que te había dado la experiencia. Dorothy no era el papel más agradecido de los cuatro: siempre tenías que ser la fuerte, la madura, la inteligente, la que estaba para todo el mundo y la que lidiaba con los problemas más duros. Además, debemos tener en cuenta que seguías siendo la grandullona de voz ronca, que vestía como ninguna, pero que tenía muchos más problemas en encontrar el amor. Aunque quisieras, tu cabeza ganaba a tu corazón una y otra vez. La inteligencia es lo que tiene Bea, hace a las personas mucho más exigentes.

Con un carácter difícil y una mirada que podía matar a cualquiera sacabas tu alma de marine y dejabas cuadrado en el sitio a quien te tocara los moños. En tu caso podríamos decir: «una frase bastará para machacarte». Como Dorothy eras amiga de tus amigas y tenías una adoración tremenda por tu madre en la ficción, aunque la amenazaras continuamente con volver al asilo, y pese a la dureza de tu personaje conquistaste a millones de espectadores.

Las chicas de Oro

En tu trabajo los papeles estelares no regresaron, pero tu carrera no paró con Las chicas de Oro, volviste a la televisión con Dave’s World (en 1997) y Malcolm in the Middle (en 2000), actuación que te valió una nominación al Emmy como la mejor actriz invitada de una serie de comedia. También regresaste a tus orígenes en el teatro con una gira por Estados Unidos con tus espectáculos unipersonales: An Evening with Bea Arthur y And Then There’s Bea.

Siguiendo con tu vida personal, Gene Saks fue tu su segundo marido (también actor y director) pero, como pasa en muchas ocasiones, no pudo soportar lo exitosa que eras. Adoptaste dos hijos con él y tuviste un montón de perros porque, al igual que Betty, eras una ferviente amante y defensora de los animales. Fuiste un ejemplo a seguir en tu apoyo a las causas de la comunidad LGBTQ para jóvenes sin hogar y donaste 300,000 dolares al Ali Forney Center, una organización de la ciudad de Nueva York que les brinda vivienda a este colectivo; el centro sufrió graves daños en octubre de 2012 por el huracán Sandy y, desde entonces, ha sido restaurado y reabierto. Ahora, el que fue tu hogar en Manhattan, se ha convertido desde 2017 en una residencia de 18 camas para jóvenes LGBTQ+ sin hogar dirigida por el Centro Ali Forney.

Nos dejaste el 25 de abril de 2009 a la edad de 86 años, pero tu recuerdo sigue con nosotros para siempre y quiero darte las gracias por tantas carcajadas y esas miradas que sigo practicando por emularte y espero clavar algún día. Estoy en ello.

Querida Beatrice Arthur, tu compañera Betty nos dejó hace unos meses y supongo que la habrás recibido, donde quiera que estéis, con un abrazo, una ironía de las tuyas y un golpe de periódico en la cabeza por haberte hecho esperar tanto. Hay cosas que no cambian ni en el más allá.

Always yours,

Lorena Gil

Las Chicas de Oro está disponible en Disney+

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