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Desmontando a ‘La Patrulla Canina’: del ‘deus ex machina’ al vacío filosófico

¿Realmente vamos a dejar que esos perros eduquen a nuestros hijos? Lo hablamos con el guionista Natxo López

¿Qué esconden las sonrisas de estos canes? (Fuente: Nickelodeon)

Si cuando lees “Ya está aquí, ya llegó…” automáticamente coreas el título de la serie La patrulla canina, estás en el ajo. Es probable que incluso hoy, día de Reyes, hayan aparecido en tu casa mochilas, pijamas o figuritas de estos famosos perros de Nickelodeon… pero, ¿son un buen ejemplo para los niños?

Natxo López tiene pendiente el estreno de la serie Perdida en Antena 3 y es un reputado guionista de comedia (ha pasado por 7 vidas, Con el culo al aire o Allí abajo), pero también es un hombre atormentado por esta jauría televisiva: “Como guionista, me preocupa descubrir malos guiones que llegan producirse y emitirse. Uno de los casos recientes más flagrantes es el de La patrulla canina. Podría usar en mis clases de guion tantos ejemplos suyos de cómo NO hacer las cosas que no sé por dónde empezar. William Goldman y Robert McKee se deben estar revolviendo en sus tumbas (me dicen que Mckee sigue vivo, pues LE VAIS A MATAR)”, asegura.

No es este el clásico argumento de ‘en mis tiempos se hacían mejores dibujos’, en absoluto. Estamos analizando La Patrulla Canina desde la objetividad y con los manuales de guion en la mano: “Estructuras repetitivas, detonantes que se solapan con puntos de giro, diálogos incoherentes, conflictos vacuos, chistes insufribles, cero subtexto, subtramas que ni hacen avanzar la acción ni revelan facetas oscuras de los personajes”, nos comenta López.

A ver, ¿a qué perro llamamos?

Una serie no es nada sin unos personajes carismátcos y diferenciados que soporten bien la trama. Vale, los perretes de esta serie son bien achuchables, ¿pero están bien construidos? “Hay en La Patrulla Canina demasiados personajes y con caracteres que se empastan. Chase tiene miedo a los dentistas, Rocky tiene miedo al agua, Rubble a las arañas, Marshall a las alturas… ¿hace falta que siga?”, señala el guionista.

La cosa empeora si analizamos con lupa sus dinámicas: “Las relaciones entre ellos se limitan a “son amigos” o “son amigos con roces esporádicos”. No hay profundidad, no hay verdad. Sus objetivos se solapan, haciendo indistinguibles a unos protagonistas de otros. ¿A qué chucho hay que llamar cuando surge un problema en Bahía Aventura? ¿Vosotros lo sabéis? Porque yo no. Yo hace tiempo que sospecho que la elección del protagonista de cada capítulo es ALEATORIA”.

¿Qué pasa y, sobre todo, POR QUÉ?

Ya sabemos que coherencia y verosimilitud no son cualidades que podamos pedirle a la serie de Ryder y sus amigos, pero a ver, ¿estamos todos de acuerdo en que los guionistas de La Patrulla Canina, amparados por la ingenuidad y bondad de sus espectadores, se pasan las reglas del guion por el forro? Natxo López se adentra en un tema espinoso: “No quiero empezar con los ‘Deus ex machina’, que no paro. Vientos fortuitos, ballenas sabiondas, rocas que se levantan como pelotas de playa. ¿De verdad alguien puede creerse la física de Bahía Aventura? ¿Qué proceso de documentación han seguido los guionistas para concluir que unos perros pueden haber inventado unas máquinas tan eficaces? ¿Eso queremos enseñar a los niños, que los problemas del mundo se solucionan con soluciones mágicas? ¡Pero si hasta hay capítulos con dragones!”, suspira afectado.

“Pero quizá lo peor de todo es la sensación constante de gran vacío filosófico, como si no supieran qué quieren contar exactamente. ¿El poder de la masa frente al individualismo neoliberal? ¿La futilidad del devenir cuando confrontamos a las fuerzas de la naturaleza y, en última instancia, a la muerte? No me dejo engañar. Es la peripecia por la peripecia. Ni siquiera hay una voluntad formalista. Es el entretenimiento vacuo y desprovisto de cualquier propósito artístico”. Ese es el quid de la cuestión, no hay finalidad en todo esto más que vender peluches.

“Kurosawa dijo que el hombre es un genio cuando está soñando. Lástima que aquí los únicos que han soñado sean los malditos perros”, concluye López.

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