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El episodio de la semana: ‘Día a día’

Cómo una sitcom tradicional puede ser de lo mejor del año

Isabella Gómez y Justina Machado, como Elena y Penélope.

Las sitcom multicámara grabadas en plató, con una audiencia en directo, tienen muy mala prensa actualmente. Pasaron de ser los ladrillos básicos sobre los que las cadenas construían sus parrillas a pasarse de moda ante el empuje de los dramas high concept y con mezcla de géneros. Para cuando llegamos a 2017, lo más habitual es que el público se refiera a ellas como “viejunas”.

Curiosamente, pese a esa sensación de que se ha quedado atascado en 1993, el formato ha vivido en el último par de años un renacimiento gracias, sobre todo, a Netflix. Su resurrección de Madres forzosas y la apuesta por The Ranch eran nuevas muestras de la expansión de la ficción de la plataforma, y ahí entraba también Día a día (One day at a time), nueva versión de una vieja comedia de los 70 sobre una madre soltera, sus dos hijas y su casero.

Aquella serie era una de las producidas por Norman Lear, leyenda viva de la televisión estadounidense, que se especializó en lo que dio en llamarse “comedia social”. Con el envoltorio de comedias familiares sobre gente de clase trabajadora, Lear aprovechaba para que sus personajes discutieran sobre los temas más candentes en la sociedad de la época. Y la nueva Día a día no es una excepción.

El episodio: ‘Pride and prejudice’ 1×11

Los protagonistas de Día a día son una familia de origen cubano que vive en Los Ángeles. La unidad familiar la forman Penélope (Justina Machado), ex enfermera militar que trabaja en una consulta médica, sus hijos adolescentes Elena (Isabella Gómez) y Alex (Marcel Ruiz) y su madre, Lydia (Rita Moreno), que llegó a Estados Unidos como uno de los niños evacuados de Cuba en la Operación Pedro Pan. A ellos hay que añadir a Schneider (Todd Grinnell), un hipster cuarentón que es su casero y que pasa más tiempo con los Álvarez que en su casa.

La ventaja de que la serie, adaptada por Gloria Calderón Kellett y Mike Royce, esté en Netflix es que construye un arco para toda la temporada alrededor de la celebración de la “quinceañera” de Elena, a la que, como feminista, le horroriza dicha celebración. Y ese arco permite, también, que vaya surgiendo poco a poco el sostén emocional del tramo final de la temporada, que puede considerarse un spoiler si no habéis visto la serie.

Dicho pilar emocional es el reconocimiento de Elena de que no es heterosexual. Lo verbaliza por primera vez en Hold, please, un capítulo en el que toda la familia intenta conseguir que Penélope logre una cita con un fisioterapeuta a través del Departamento de Veteranos, pero la trama no cristaliza del todo hasta cuatro capítulos más tarde, en Pride and prejudice, el 11º episodio de la temporada, y el que queremos destacar por la diferente manera en la que presenta la salida del armario de Elena.

Rita Moreno (Lydia) y Justina Machado (Lupe).

La historia está inspirada en la propia experiencia familiar de Royce, lo que llevó a que el foco de las dudas sobre la aceptación de la homosexualidad de su hija se lo llevara Penélope. Quiere ser una buena madre y apoyar al 100% a Elena, pero no puede evitar sentirse un poco decepcionada y sorprendida. Pride and prejudice muestra el viaje de Lupe a través de varias conversaciones: una con Schneider, otra con su madre (hilarante, por cierto) y las dos últimas en un bar gay al que va con una amiga, ex militar como ella, y lesbiana.

Allí, Lupe acaba contándole sus dudas a un completo extraño, lo que también muestra perfectamente el funcionamiento de estas comedias sociales de Norman Lear; los personajes tienen diferentes opiniones sobre un tema concreto, así que hablan sobre ellas hasta que llegan a un entendimiento. En el caso de Penélope, todas esas charlas que va teniendo, más la última que mantiene con Elena, le permiten darse cuenta de que no es una mala madre por tener ella misma dudas, y muestran la importancia que las tramas emocionales tienen en Día a día.

Son de hecho, lo que distingue esta comedia del resto, y lo que le permite elevarse sobre las convenciones formales de su formato. El corazón y la empatía que hay en todos sus episodios le permite tocar no sólo el reconocimiento de una adolescente de que es gay, sino la cruel política migratoria de Estados Unidos y hasta el alcoholismo, el síndrome de estrés postraumático y una relación de pareja abusiva.

Pride and prejudice reúne el lado emocional de la serie, sus debates sobre un tema importante socialmente y algunos chistes muy inspirados (la manera en la que Lydia acepta la homosexualidad de Elena), y prepara también el terreno para un final de temporada muy logrado.

La primera temporada de ‘Día a día’ está disponible en Netflix. Está ya renovada para una segunda.

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