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El final no importa

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Bran puede ver que las discusiones sobre el final de ‘Juego de tronos’ van a dar pereza. (Fuente: Helen Sloan/HBO)

La que se preparó en internet cuando terminó Perdidos era un mero aperitivo de la que se nos viene encima el 20 de mayo, cuando Juego de tronos haya emitido su último capítulo. En aquella madrugada de la primavera de 2010 hubo visionados en cine del postrer episodio de la serie de ABC (que en España emitía Cuatro), espectadores que se levantaron (o se quedaron) a las 5 para verlo los primeros y un torrente de críticas, quejas, análisis, elogios, comentarios, acosos contra Damon Lindelof en Twitter y peleas sobre si había gustado o no que casi destruyeron más el legado de la serie que su propio final.

Resultó agotador hasta para quienes habíamos disfrutado Perdidos durante todas y cada una de las semanas en los seis años que estuvo en emisión. Fue el primer gran fenómeno de la era de las redes sociales. Con él aprendimos a sobreanalizar episodios escena por escena (y plano a plano) y a reaccionar exageradamente ante cualquier cosa que confirmara o, sobre todo, desmintiera las películas que nos montábamos en nuestra cabeza sobre lo que estaba pasando en aquella isla.

Juego de tronos, por su parte, es la culminación de aquello. En estos días se han sucedido las opiniones que señalan que es el último gran fenómeno televisivo a la antigua usanza, el de la emisión semanal y las discusiones acaloradas durante los siete días de espera hasta el siguiente capítulo. Eso coloca una enorme presión sobre su último episodio. Los espectadores no podrán llegar a él tras un maratón de fin de semana; tendrán que esperar algo más de un mes para verlo, lo que eleva la anticipación y, al mismo tiempo, la probabilidad de que decepcione a casi todo el mundo.

Otorgar al final la importancia definitiva sobre si una serie merece la pena es otra consecuencia de este modo contemporáneo de verlas. Ya desde las reticencias a ver una ficción cancelada, por muy buena que sea, por si su historia no se cierra tenemos esta glorificación del último capítulo como si fuera la panacea a todos los errores que se han podido cometer en las temporadas anteriores. Si una serie ha sido mala en su entrega final, su cierre no va a arreglarlo. Y si continuamos viéndola sólo porque esperamos eso, lo hacemos por las razones incorrectas.

. Mejor dicho, importa mucho menos de lo que nos hemos hecho creer unos a otros. El de Juego de tronos va a crear división de opiniones porque es imposible que un éxito de esa escala no lo haga, pero tampoco es la vara de medir la calidad de sus ocho temporadas. Si lo es, de nuevo, hemos visto la serie por los motivos equivocados.

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marina

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