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El legado del tiempo: diez cosas para recordar ‘El Ministerio del Tiempo’

Conchi Cascajosa nos da las claves por las que ha dejado huella la serie de TVE

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Pacino, Amelia y Alonso, en el principio de la tercera temporada. (Fuente: Tamara Arranz/TVE)

Por Concepción Cascajosa Virino
Profesora en la Universidad Carlos III de Madrid

El pasado miércoles 1 de noviembre se estrenó el capítulo de El Ministerio del Tiempo titulado Entre dos tiempos, que ponía fin a la tercera temporada de la serie y con la futura continuidad de la misma muy en cuestión. Desde ya antes del estreno de la tercera temporada, el 1 de junio, se apreciaba que la relación de la serie con TVE (o, al menos, con una parte de sus ejecutivos) era tensa, con el anuncio de la fecha del regreso demorado hasta llegar al despropósito de emitir los seis primeros capítulos en la tierra yerma del verano, y por el camino hacerle perder más del 40% de sus espectadores.

Mientras que de forma oficial los altos directivos de TVE indicaban su apoyo a la serie, parecía evidente que tras las bambalinas la realidad era otra, y los cambios de día y la tensa relación con el programa precedente en la parrilla, el vergonzoso Hora Punta, eran buenos ejemplos. Así que la serie creada por los hermanos Pablo y Javier Olivares parece haberse despedido con un trazo de amargura, a pesar de los esfuerzos de los fans por convertir el visionado de este último capítulo de la tercera temporada en una celebración.

Pero el propósito de este artículo no es elucubrar sobre el futuro o echar más leña al fuego a las diferentes polémicas que han marcado esta etapa final de El Ministerio del Tiempo, sino reivindicarla como un importante puntal de la cultura televisiva en España que ha logrado trascender el ámbito del entretenimiento. Y, aquí, las 10 claves de ese legado.

1. El creador, al frente

En toda la fase de lanzamiento de la serie, Javier Olivares utilizó la expresión showrunner para referirse a su trabajo como coordinador de guiones y productor ejecutivo de El Ministerio del Tiempo. Era el momento justo para poner encima de la mesa la necesidad de que las series españolas respondieran de una manera más clara a visiones creativas distintivas, tal y como pasaba en Estados Unidos y Europa.

Para ello, concedió un número incontable de entrevistas, se recorrió toda España en eventos de todo tipo y fue especialmente activo en redes sociales (aunque esto último también fue base de algunas polémicas estériles). Y pronto, otros muchos creadores siguieron una senda reivindicando la ficción televisiva como espacio de expresión creativa.

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2. Incendiando las redes sociales

Cervantes y Lope de Vega han sido dos de las figuras históricas más populares de la serie. (Fuente: TVE)

Desde su primer capítulo, El Ministerio del Tiempo fue un fenómeno en las redes sociales, convirtiendo cada emisión en trending topic. La sensibilidad pop de la serie, su particular humor y su gusto la hacían particularmente apta para una generación que no entiende el visionado en vivo de programas si no está acompañado del comentario en redes.

Pero la base de este éxito también fue una inteligente estrategia de gestión de las redes sociales que generaba contenidos adicionales para compartir e interactuaba con los fans de forma constante, creando una auténtica comunidad. Y que Lope de Vega fuera trending topic probablemente fuera una simple anécdota, pero sirvió para que este éxito en redes se convirtiera en un potente vehículo promocional.

3. Modelando la TV pública

La TVE de 1966, en el último episodio de la tercera temporada. (Fuente: Tamara Arranz/TVE)

El Ministerio del Tiempo nunca hubiera existido sin la televisión pública, por lo que aquellos que hablan demasiado a la ligera de la mudanza de la serie a otros lugares no deberían verlo como un éxito. Además, la serie tuvo a su favor contar con el excelente equipo de transmedia de RTVE, que se volcó en su lanzamiento.

Sin duda, El Ministerio del Tiempo es la quintaesencia de lo que debe ser una ficción de una televisión pública: atrevida e innovadora, a la vez que entretenida y pedagógica. Y, por el camino, rendía homenaje a la propia historia de TVE. Todo ello a pesar de haber visto a la luz en el momento más crítico de la historia de la cadena, lastrada por una gestión deficiente y sin más rumbo que el que marca la manipulación de los informativos.

4. Creando una comunidad

Estreno de la tercera temporada en el Liceo de Barcelona. (Fuente: TVE)

El éxito en redes de El Ministerio del Tiempo fue inmediato, pero pronto se puso de manifiesto que esta popularidad no era cosa de flor de un día: muchos seguidores eran especialmente entregados y pronto se creó una comunidad. A los pocos días ya había un nombre para ellos, los “ministéricos”, señal de identidad y orgullo. Poco después, ya era posible hacerse un certificado como ministérico/a, y colgarlo en los perfiles en redes sociales, mientras que los fans más creativos y dedicados empezaban a escribir sus propios relatos, hacer ilustraciones y hasta organizar excursiones para recorrer las localizaciones de la serie.

Ir a la Plaza del Duque de Alba en Madrid para hacerse una foto frente a la sede del Ministerio del Tiempo (que aparecía así en Google Maps) se hizo un rito de pasaje para cualquiera digno de llamarse ministérico.

5. Encontrando a una nueva audiencia

La autoparodia de ‘El Ministerio del Tiempo’ en el último capítulo. (Fuente: Tamara Arranz/TVE)

El Ministerio del Tiempo y su compleja relación con los índices de audiencia puso sobre la mesa el retraso de España en abrazar las nuevas modalidades de consumo televisivo y algunas de las principales falacias en las que se basa la manera en la que se presentan los índices de audiencia: hacer equivalentes los datos de la televisión pública con las privadas, la dictadura del share frente a la media de espectadores, ignorar los perfiles de audiencia, minusvalorar el consumo en línea…

Al menos durante sus dos primeras temporadas, El Ministerio del Tiempo mejoraba los datos de un prime time de TVE en caída libre, y lo hacía además con un perfil más joven que la media. Aun así, los hubo empeñados en decir que era un fracaso desde el minuto 1.

6. Poniendo en escena

‘Con el tiempo en los talones’, el homenaje a Hitchcock de la serie. (Fuente: Tamara Arranz/TVE)

El éxito de El Ministerio del Tiempo se basa en la calidad de sus guiones, pero también en la impronta creativa del que fue director principal de las dos primeras temporadas de la serie, el asturiano Marc Vigil. Inquieto realizador de género que, como tantos, ha visto las puertas del cine español cerradas (ellos se lo pierden), Vigil fue clave para que la imaginación de los guiones se trasladara a la pantalla en toda su riqueza.

La referencialidad en los guiones se manifestó también en los elementos de puesta en escena, de forma que para analizar algunos capítulos casi había que tirar de una enciclopedia de cine. El clímax sin duda fue esa carta de amor a Hitchcock titulada “Con el tiempo en los talones”. Gran televisión, pero con mucha cinefilia.

7. Enseñar deleitando

Felipe II centró el final de la segunda temporada. (Fuente: TVE)

Uno de los elementos más relevantes de la serie es su capacidad para apelar a una audiencia sofisticada y, a la vez, ser popular entre el público infantil y juvenil. Muchas veces, la serie terminaba superada la medianoche, pero eso no importaba porque familias enteras veían los capítulos al día siguiente a su emisión a través de la web de Televisión Española.

Tanto fue así, que decenas de profesores de toda España empezaron a desarrollar actividades didácticas para enseñar historia, literatura o música convirtiendo a sus estudiantes en miembros de patrullas para resolver enigmas a través de las puertas. Estos niños y niñas llevarán durante mucho tiempo el recuerdo de una serie que hizo de la historia y la cultura españolas algo divertido y accesible.

8. Sirviendo a los fans

Los extras para rodar la cuarentena por gripe en el Ministerio eran fans de la serie. (Fuente: TVE)

Un elemento novedoso en la relación de El Ministerio del Tiempo con su comunidad de fans era tratarlos como mucho más que espectadores o clientes, sino como un elemento central en la serie. Al comienzo fue creando un grupo de WhatsApp y compartiendo los elementos generados por los fans, pero en la segunda temporada esta relación se hizo más intensa.

Para el rodaje de una secuencia se hizo un llamamiento a los fans (y hasta se facilitó un taxi especial a una fan con problema de movilidad), mientras que los primeros capítulos de la segunda y tercera temporada se proyectaron en eventos abiertos en Madrid y Barcelona. Cuando la serie creó una tienda de merchandising, los productos fueron diseñados por los creadores del mejor fan art.

9. Contando la historia

Pacino y Alonso, ante Simón Bolívar. (Fuente: Tamara Arranz/TVE)

El Ministerio del Tiempo no se aproximaba a la Historia de una manera aséptica, ni como una mera excusa narrativa. Los periodos y personajes eran elegidos con cuidado para representar una visión del pasado comprometida, y a ratos bastante subversiva. La premisa de “el tiempo es el que es” sin duda sirvió para que algunos la consideraran conservadora y complaciente, sin pararse a analizar más de un capítulo para descubrir una visión crítica de nuestra historia en la que se han desaprovechado muchas oportunidades y maltratado a muchos héroes.

La visión pesimista de la tercera temporada ha coincidido con un periodo especialmente complejo para la sociedad española, hasta el punto de parecer que los guiones se acababan de escribir. Así, las apariciones del Libertador Simón Bolívar fueron especialmente punzantes.

10. Leyendo El Ministerio del Tiempo

Algunos de los libros publicados sobre ‘El Ministerio del Tiempo’.

En los últimos años, el número de libros dedicados a series de televisión, desde los más sesudos a los más promocionales, se han multiplicado. Pero El Ministerio del Tiempo se presenta como un caso singular no sólo por el número de publicaciones, sino también por la variedad de estas. Así, podemos contar con Dentro de “El Ministerio del Tiempo, un libro de análisis por parte de profesores y críticos, que tuve la oportunidad de coordinar.

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Luego, el libro de divulgación Curiosidades de la Historia con ‘El Ministerio del Tiempo’, realizado por el equipo de la web Historia 2.0 y la novela El tiempo es el que es, de los guionistas Anaïs Schaaff y Javier Pascual. Y no nos podemos olvidar ni de la edición de los guiones en la colección “70 Teclas” ni del cómic, que tendrá segunda parte, Tiempo al tiempo.

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