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Columnas | Cuatro trazos mal contados

Empieza 2021 con ‘Guía Headspace para la meditación’ (o no)

El catálogo de Netflix gana tanta animación renovadora como insistente pseudociencia

(Fuente: Netflix)

¿A qué te suena la meditación? A mí a estafa, a magufada y a jipismo, y, sin embargo, me he atrevido con Guía Headspace para la meditación. Será por el año recién estrenado, que con la novedad uno se confía y se entrega a aventuras como la de ver la serie que acaba de lanzar Netflix, que pretende enseñarnos a meditar en ocho episodios de 20 minutillos. No sé si yo habré meditado, pero puedo jurar que me he dormido.

Si la Guía Headspace no es una serie animada, al menos funciona como tal. De hecho, su principio motor es similar al de aquella que se llevó de mi mano el laurel de mejor ficción de 2020: The Midnight Gospel. La producción de Headspace (compañía que quizá suene más por hacer apps para dormir) y Vox Media Studios, que estrenarán otras dos series conjuntas en la plataforma, supedita la imagen a la palabra, una relación amo-esclavo que en realidad lleva siendo propia del medio televisivo desde sus orígenes.

Esta Guía Headspace para la meditación solo podría existir en un mundo como el nuestro: una sociedad agobiada, en constante precarización y bruxista hasta morir. Yo mismo estrujo tanto los dientes por la noche que solo una plancha de plástico me separa de la anarquía bucal. En ningún contexto más que en ese cobra sentido la propuesta de Netflix, que, salvando el cuajo que hay que tener para plantarle a un episodio el título Cómo ser amable, busca hacer las vidas de sus espectadores un poco mejores. Eso siempre está bien.

La serie es genuinamente interesante cuando descuella entre las enseñanzas baratas con tufillo a catequesis y ofrece algunas herramientas para gestionar el dolor y la rabia, paliar el estrés o mejorar la capacidad de concentración. Los consejos del locutor, que dividen los episodios en una primera parte más narrativa y otra enfocada en la práctica de la meditación, se recortan contra unas animaciones abstractas dirigidas por Devin Clark, el creador de Ugly Americans, sátira grosera de Comedy Central.

Más allá de su potencial utilidad para atemperar los ánimos rebeldes (o para mejorar el sueño; repito que he planchado la oreja hasta dos veces viéndola), Guía Headspace para la meditación me inspira dos ideas. La primera es que, sumando The Midnight Gospel, ya son dos los estrenos recientes de Netflix en los que el doblaje es de facto imprescindible, haciendo tambalearse la tendencia dominante que lo denosta. La segunda, más grave, es que esta serie marida tan bien con la de Ward como con The Goop Lab with Gwyneth Paltrow. El catálogo de Netflix está ganando tanta animación renovadora como insistente pseudociencia. ¿Compensa?

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