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En el ‘El caso Alcàsser’, el contexto es la clave

El final de la docuserie ha sorprendido, pero es perfectamente adecuado

(Fuente: Netflix)

En el quinto episodio de El caso Alcàsser, Juan Ignacio Blanco, el periodista de Esta noche cruzamos el Mississippi que estuvo siguiendo más de cerca el juicio contra Miguel Ricart por el asesinato de Miriam, Toñi y Desiree, las tres niñas de Alcàsser, y que más azuzó la conspiranoia a su alrededor, intenta probar en un programa especial de Canal 9 su teoría de que participaron más personas en su asesinato con una frase que se queda grabada a fuego. Blanco y Fernando García, el padre de Miriam, sostenían que el secuestro, las violaciones y la muerte de las adolescentes formaban parte de las actividades de una secta clandestina que incluía a algunos de los hombres más poderosos de Valencia y alrededores y que Ricart era, prácticamente, un cabeza de turco.

Para dar más peso a sus acusaciones, Blanco afirma que las versiones del acusado de lo sucedido el 13 de noviembre de 1992 son que Antonio Anglés se “encargó” de Toñi, que Ricart lo hizo de Desiree y que no mencionaba a Miriam, según él, porque como era la más guapa, se la reservaban al hombre importante que dirigía todo el tinglado. Esa frase, dicha casi de manera casual, adquiere un peso mucho mayor cuando la docuserie llega a sus minutos finales. Una profesora de dos de las niñas toma la palabra para explicar el impacto que el caso tuvo en toda una generación de adolescentes, sobre todo chicas, a las que se les metió miedo a salir de noche.

Si a aquellas tres jóvenes de Alcàsser las habían asesinado por irse a una discoteca, imagínate qué puede pasarte a ti. Ésa era la lógica que había detrás de buena parte de la cobertura mediática del caso. La profesora lo expresa así, con palabras muy similares, para dar contexto a todo lo que la docuserie ha estado contando hasta ese momento.

El sensacionalismo en el tratamiento de la historia no estaba solo en mostrar las fotos de las autopsias o en buscar testimonios lacrimógenos o vengativos; se encontraba también en el subtexto que impregnaba muchos de los temas sobre cómo el asesinato de Toñi, Miriam y Desiree había afectado a sus compañeros de instituto. O compañeras, deberíamos puntualizar. Era un subtexto en el que sólo faltaba que alguien añadiera “es que se lo buscaron por irse solas de noche a una discoteca”

Los minutos finales de El caso Alcàsser han desconcertado un poco porque, precisamente, se van de lo concreto a lo general. Aportan un contexto mucho más amplio a lo que hemos estado viendo hasta entonces, un contexto que ayuda a resituar mejor lo que las dos periodistas del diario Levante llaman “el caso Alcàsser”, que no es el juicio ni la investigación policial.

Elías León Siminiani y Ramón Campos, los dos responsables de la docuserie, recuerdan que, en 1997, la violencia de género no estaba tipificada como tal en el Código Penal y no existían estadísticas de víctimas de violencia doméstica. La ley integral que regula la respuesta a esos casos no se aprobó hasta 2004, por unanimidad en el Congreso, y en paralelo a estos datos, se recuerdan los asesinatos de Ana Orantes, Rocío Wanninkhof, Sandra Palo, Anabel Segura, Marta del Castillo o Diana Quer. Es el momento en el que El caso Alcàsser adopta un punto de vista muy claro, en sintonía con lo que la profesora ha expresado minutos antes: el circo mediático descansaba, en gran parte, en la culpabilización de las víctimas y en señalar a las chicas que monstruos como Antonio Anglés era lo que les esperaba si se salían de lo que se les decía que hicieran.

El caso Alcàsser, así, se encuadra en una conversación más amplia y que va mucho más allá de los límites de España o de la Comunidad Valenciana. El enfoque mediático más habitual ante casos de mujeres que desaparecen cuando vuelven solas a casa por la noche es “cómo se les ocurre semejante idea”. Ya habría sido un añadido un poco externo a la docuserie que se explorara cómo esos crímenes están motivados sólo por el género de las víctimas, pero es algo que se explicita en los carteles finales.

Durante cinco episodios, la serie ha estado contando lo que ocurrió, mostrando la desmedida y morbosa respuesta mediática y desmontando las teorías de la conspiración creadas a su alrededor, y al final es cuando establece el diálogo más directo con la actualidad. Aquellos crímenes ocurrieron en 1992, y siguen teniendo lugar ahora. Las actitudes sociales no han cambiado tanto, aunque las leyes lo hayan hecho. Esa toma de partido tan clara es lo que diferencia de verdad El caso Alcàsser.

‘El caso Alcàsser’ está disponible en Netflix.

Las 6 grandes conclusiones que se extraen de ‘El caso Alcàsser’
La serie, estrenada por Netflix, repasa la complejidad de un caso que permanece en la memoriafueradeseries.com

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