Fuera de Series Fuera de Series

La suciedad americana

La ilusión del sueño americano y de las clases sociales en It’s Always Sunny in Philadelphia El pasado 10 de julio se anunciaron, un año más, las nominaciones a los premios Emmys, los premios americanos del mundo de la televisión con más fama, quizá, del mundo. Iba a decir con más prestigio, puede. Desde luego […]

La ilusión del sueño americano y de las clases sociales en It’s Always Sunny in Philadelphia

El pasado 10 de julio se anunciaron, un año más, las nominaciones a los premios Emmys, los premios americanos del mundo de la televisión con más fama, quizá, del mundo. Iba a decir con más prestigio, puede. Desde luego la credibilidad, rigor y seriedad, se pueden poner más entredicho, con nominaciones por inercia, por nombre y demás afectaciones que suelen aparecer en, básicamente, en todos los premios conocidos.

En esta ocasión, hemos tenido, en la categoría de “Mejor Comedia” (Outstanding Comedy Series), las nominaciones de The Big Bang Theory, Louie, Modern Family, Orange Is the New Black, Silicon Valley y Veep. Y, un año más, después de 9 temporadas (la serie ha sido renovada hasta la 12ª y empezará a emitir su 10ª en enero de 2015), It’s Always Sunny in Philadelphia ha sido ignorada. De hecho, tras navegar por las 43 páginas de nominaciones en todas las categorías, la serie solo ha obtenido una dentro de la “siempre llamativa” categoría de Outstanding Stunt Coordination For A Comedy Series Or A Variety Program, algo así como “Mejor coordinador de dobles en una comedia o programa de variedades”.

Es más, desde que debutó en el canal norteamericano FX en 2005, la comedia solo ha ganado un premio, en 2011, un “prestigioso” Satellite Award, que entrega, al igual que en el caso de los Globos de Oro, una asociación de periodistas extranjeros trabajando en los EE.UU. (la International Press Academy). En total, en estos 9 años, y contando la última e importantísima nominación del pasado 10 de julio, la serie solo ha sido nominada a 6 premios. Sin embargo, esta comedia de culto (es decir, con poca audiencia, fervorosos fans y el favor de la crítica), sigue siendo una de las mejores emitidas en el panorama de la televisión americana, siempre aplaudida por los críticos del “país más importante del mundo”. ¿A qué se debe este desequilibrio? ¿Qué impide a IASIP (la llamaremos así a partir de ahora) recibir un reconocimiento más amplio? De eso, al mismo tiempo que analizo la serie en sí y os, espero, animo a verla, quiero hablar aquí con vosotros. Primero, empecemos con lo básico, el quién y el qué.

IASIP parte de una idea de Rob McElhenney y Glenn Howerton, que plasmaron con ayuda de Charlie Day en un DVD que se convertiría, de algún modo, en su carta de presentación ante las cadenas de televisión. Visto el DVD y sin muchas más explicaciones, FX, que suele tener una buena política de dejar libertad a sus creadores (libertad que aumenta exponencialmente según baja el presupuesto de sus obras), encargó una primera temporada. En el piloto, los propios creadores actuaban, escribían y dirigían, algo que se ha mantenido constante durante la serie (quitando en las labores de dirección), donde los protagonistas y responsables de la misma siempre han sido los creadores, lo que siempre ayuda a bajar el presupuesto de una serie que ya de por sí es bastante barata de producir (o lo era, porque con el paso de los años ha aumentado con el caché de los actores).

La serie, básicamente, sigue la vida de cuatro amigos propietarios y únicos empleados de un bar en Filadelfia: Mac (Rob McElhenney), Dennis (Glenn Howerton), Charlie (Charlie Day) y Dee (Kaitlin Olson), a los que después se unirá en personaje de Frank (interpretado por Danny DeVito), una de las muchas mejoras que tuvo la serie al pasar de su primera a su segunda temporada. Sobre el papel, nada nuevo. Pero la temática sin tapujos de la serie (cáncer, racismo, armas, sexualidad, drogadicción, abusos a menores, clase, religión o aborto son tratados en la serie, entre otros, a menudo) y, sobre todo, su incondicional compromiso por mantener a sus personajes de principio a fin como egoístas, incultos, irrespetuosos y dispuestos a hacer cualquier cosa para conseguir lo que quieren (casi siempre mejorar socialmente y el dinero que conlleva), es lo que hacen de la serie algo único.

Puede que en la propia descripción de lo que es la serie, tengamos ya varias respuestas a por qué la serie no se puede anunciar como “multipremiada”: los temas tabú en los EE.UU. asustan, más si tienen componentes religiosos; los protagonistas no son “agradables” para el espectador, no aprenden las clásicas lecciones y solo miran por su propio bienestar; muy poca gente ve la serie, no suele llegar al millón de espectadores en directo, y menos en el caso de los votantes de premios como los Emmys (cosa que comparte con una ilustre como The Wire, una de las mejores series de la historia y que solo fue nominada 2 veces, nunca como mejor drama o por sus actores, en esos premios)… Pero, yo creo que lo que más asusta y ahuyenta a las masas de la serie es que, con frecuencia, resulta el reflejo de lo que nadie quiere ver (o incluso admitir que existe) en la sociedad americana así como la futilidad y corrupción a la que se ha visto sometido el “sueño americano”.

Y es que, entre muchas constantes, si hay algo que me llama la atención que se puede respirar a lo largo de la serie, es que sus protagonistas se han tomado muy en serio su propia versión del sueño americano: si este está basado en que la libertad incluye la oportunidad de prosperar y triunfar y ascender dentro de los escalafones de la sociedad mediante el trabajo duro, ellos simplemente sienten de forma innata que tienen el derecho a todas esas cosas obviando esa última parte sobre el trabajo. Engañar, estafar, aprovecharse de otros, tratar de hacerse famosos, aprovechar la política o la crisis, todo vale para conseguir lo único que puede conseguir su felicidad: el dinero. Dinero que, claro, es un medio para salir de su posición en la sociedad y poder tratar a los demás como inferiores. A esta generalidad hay que hay hacerle dos apuntes.

Primero, que los hermanos Reynolds, Dennis y Dee, ya creen que están un escalón (o varios) por encima de sus amigos: viven en la ilusión de que son mejores porque crecieron en un entorno más privilegiado y tuvieron acceso a más educación, y actúan como si su situación actual fuera, de algún modo, la misma, manteniendo sus mismas visiones sobre cómo debe ser su vida. Son unos personajes anclados en el más absoluto delirio de grandeza, seguros de que tienen derecho a una vida mejor y a que todos los privilegios de su infancia continúen con ellos a pesar de no hacer nada por conseguirlos.

El otro apunte es curioso. He dicho que todos los personajes son egoístas, no trabajan para conseguir lo que quieren y solo están motivados por su ambición, sus ganas de prosperar en la sociedad y el dinero. Desde mi punto de vista, eso no es del todo cierto. A lo largo de las temporadas, hemos podido ver como uno de los personajes se salía muchas veces de la norma: Charlie.

Charlie es el personaje con menos educación (apenas saber leer y escribir) y, al mismo tiempo, el más artístico (compone música o, incluso, un musical que podemos ver en el genial episodio The Nightman Cometh, 4×13) con ramalazos infantiles, contento de ser el que hace todos los trabajos que nadie quiere hacer en el bar (limpiar, sacar basura, matar ratas…) de manera orgullosa y eficiente, satisfecho con vivir en lo más cercano a la pobreza absoluta (a lo largo de la serie, Frank abraza en muchos momentos su actitud, probablemente contagiado al vivir con él y nostálgico de su juventud), con problemas mentales… Sus únicas motivaciones en la vida parecen ser vivir en paz y ser respetado y aceptado (hasta cierto punto) por el mundo. Eso y, en una forma más extrema de lo último, el amor. Tenaz hasta el delito, acosa a “la camarera”, su amor no correspondido, en todo momento. Es curioso que el personaje más pobre, ignorante y desamparado sea, de algunas formas y muchas veces (no siempre, ni de lejos), el más feliz, satisfecho y “noble”.

Volviendo al sueño americano y a ese ansia por ascender por la escalera de la sociedad (o la ilusión de estar, en algunos casos, en escalones superiores), en la serie tenemos muchos ejemplos explícitos interesantes.

En Dennis and Dee Go on Welfare, 2×03, los hermanos Reynolds dicen explícitamente estar por encima de su actual trabajo en el bar, tener aspiraciones y sueños más allá de él. En este episodio en concreto, Dennis aspira a ser un veterinario de alguna clase y Dee retoma su sueño de ser actriz. Bueno, realmente, ninguno de ellos hace nada con estas aspiraciones porque concluyen que cobrar el paro y no hacer nada es mejor y, cuando este se acaba, deciden pedir una ayuda al Gobierno para seguir ordeñando el sistema de su país. Descubren, en ese momento, que esa ayuda está creada para los que lo necesitan y, cuando ven que no pueden fingir ser un adicto al crack en recuperación y una mujer con retraso mental, sino que necesitan un informe médico que lo acredite, deciden probar el crack para que aparezca en sus análisis de sangre y poder pedir la ayuda. Por supuesto, todo va mal y terminan haciéndose adictos. En la otra historia del episodio, Frank, Mac y Charlie deciden aprovechar un programa del Gobierno para conseguir esclavos que trabajen por ellos en el bar.

En esta misma temporada, durante el episodio Charlie Goes America All Over Everybody’s Ass, 2×09, la serie insiste en lo que es ser americano y esa libertad que siempre enarbolan cual bandera siempre sus ciudadanos. Por supuesto, aquí se habla de la perversión del concepto de esa libertad y del hecho de que “demasiada libertad” puede llevar a la anarquía. Todo parte de la libertad para poder fumar dentro del bar, una libertad que todo americano debe ejercer, según Dennis, Mac y Frank. Charlie y Dee son vistos como antipatriotas por tratar de restringir tal libertad. Por supuesto, si al principio del episodio los “patriotas” no están familiarizados con el concepto “libertinaje”, al final del mismo experimentan en sus propias carnes qué ocurre cuando la libertad de los demás para hacer lo que quieren, colisiona con la tuya propia. Entonces, ¿es la libertad, lo más americano en existencia, siempre buena? ¿Dónde están los límites de esa libertad? Para los personajes de esta serie, están allí donde empieza a molestarles. La de los demás, claro.

En la cuarta temporada, durante el episodio The Gang Gets Extreme: Home Makeover Edition, 4×12, los protagonistas deciden hacer algo bueno por alguien… Porque, claro, basándose en el libro de autoayuda The Secret (El Secreto, el famoso libro de 2006 escrito por la australiana Rhonda Byrne), solo así puedes conseguir lo que han visualizado para ellos (por supuesto, tras “comprobar” que a Dee le ha funcionado). Su idea de cómo hacer algo bueno, en ese momento de sus vidas, se reduce a imitar lo que hacía Ty Pennington en su programa Extreme Makeover: Home Edition (ABC) o, bueno, a tratar de imitarlo: secuestran a una familia mejicana que vive cerca y tratan de reformar su casa para hacerla mejor y, al mismo tiempo, tratan de convertirles en americanos de verdad. Destruyen todos los recuerdos, porque los americanos ignoran el pasado (ya se sabe que, entonces, están condenados a repetirlo), hacen que empiecen a acumular deuda con una tarjeta de crédito, les ponen lentillas, les cambian su forma de vestir… Dejan claro, sin duda, qué es EE.UU. y cuál es el sueño americano al que deberían aspirar los que vengan de otros países.

En The Great Recession, 5×03, probablemente escrito en medio del estallido de la crisis económica de 2008, introducen el término “new poor” (“nuevos pobres”), para describir a la gente que empezó a perder su dinero y forma de vida debido a aquel evento que aún nos sacude, años después. Estos “nuevos pobres”, contrastan con los “viejos pobres”, los de toda la vida, un grupo en el que parecen meterse alegremente, aunque solo sea, queda esa sensación, porque hay “algo peor” que mirar por encima del hombro, una gentuza que no sabe vivir en pobreza tan bien como ellos. Además, el episodio es una maravillosa visión de lo poco que la gente de a pie sabe sobre cómo funciona la economía, incluso en su nivel más básico, cómo muchos de los ricos más despreciables fueron rescatados por el Gobierno (Frank en el episodio) y cómo las personas en posiciones de poder y responsabilidades pensaban en sus primas y en mantener las apariencias antes que en cómo salvar sus empresas. ¿Os suena familiar? The American Way.

Durante el episodio Mac and Charlie: White Trash, 6×05, podemos asistir a un gran ejemplo del tema de clase que comentaba: Dee y Dennis están completamente convencidos que son de clase alta y que eso no tiene nada que ver con su situación actual, que es algo con lo que se nace, un pedigrí. Por supuesto, a lo largo del episodio se les confronta con la realidad: no son tal cosa. Aun así, siempre son capaces de sentirse superiores a los demás, tanto a los “salvajes” de la piscina pública a la que se ven forzados a acudir, como a Mac y Charlie quienes intentan conseguir lo que quieren por sus propios medios aunque sin mucho éxito. La obsesión de Dee y Dennis, y también de Mac, por no admitir sus realidades sociales los unos a los otros, es siempre divertida de ver, así como los momentos en que los hermanos Reynolds dejan escapar sus ramalazos de “clase baja” que, si no es lo que son, es lo que han aprendido a ser.

Otros dos buenos ejemplos de la visión que IASIP tiene sobre EE.UU. se pueden ver en la séptima temporada, en Frank Reynolds’ Little Beauties, 7×03 y Sweet Dee Gets Audited, 7×04. En el primer episodio vuelve a entrar en juego la “libertad americana”, esa libertad que les permite hacer competiciones de belleza para niñas, no como en otros países, donde las mujeres tienen que ir cubiertas hasta los tobillos. En EE.UU., somos libres de hacer lo que queramos con nuestros hijos. En el segundo, Dee recibe una auditoría del Gobierno porque está tratando de cobrar una ayuda para un hijo que no tiene y, en el bar, se pone a prueba la democracia, y la democracia falla por un empate de votos. Lo más relevante para lo que nos ocupa es una escena en la que Dennis habla con Frank de su más íntimo deseo: parecer que tiene poder (con el dinero correspondiente) pero no tenerlo de verdad, porque con el poder de verdad, llegan las responsabilidades, y eso no le interesa, solo el dinero que le hará conseguir mujeres. Con eso, dice, es con lo que llena su “God hole” (“agujero divino”), ese hueco dentro de las personas que algunos llenan con religión. Una vez más, poder, dinero y libertad, pero todo sin tener que trabajar o luchar por ello y sin sus consecuencias, solo sus beneficios.

Para terminar los ejemplos, un gran episodio de la octava temporada, Charlie and Dee Find Love, 8×04, en el que Charlie y Dee tienen una cena/cita con una pareja de hermanos de la “realeza” de Filadelfia. Por supuesto, el resto del grupo les aconseja que no sean ellos mismos o destruirán esta gran oportunidad para todos de mejorar su estatus social y entrar a formar parte de la élite. Todo, cómo no, se complica con Dennis, Mac y Frank convencidos de que a sus amigos les “están haciendo un Amistades peligrosas”, en un episodio que nos muestra a un Charlie bastante oscuro en su final (aunque por las razones “puras” de siempre). También nos deja la aparición de Alexandra Daddario que en 2014 se hizo famosa, no por las razones que debería, gracias a True Detective (HBO). Durante el episodio, vemos que la crueldad está en todas las personas, no importa su posición social, al mismo tiempo que se hacen chocar las lamentables tácticas de los protagonistas contra un ambiente social que no pueden alcanzar pese a su obsesión (o por ella), dejando, quizá, claro que esta obsesión existe pero solo hasta cierto punto.

Está claro que IASIP tiene muy claro qué es EE.UU. y cuáles son sus problemas. La brillantez del producto radica en mostrarlas sin tapujos o filtros a través de los peores ejemplos que el propio país puede producir pero que, al fin y al cabo, siguen siendo productos de ese sistema y de esas irreales aspiraciones y metas tan idiosincráticas al Estado norteamericano. Y es esta misma intención la que aleja a la serie de las masas: la exposición de problemas y contradicciones tan arraigadas en la sociedad es algo que al público mayoritario no le interesa, y menos envuelta en un paquete tan anguloso, oscuro, sucio y, muchas veces, real.

Por supuesto, ya lo he dicho, esta no es la única razón que hace que IASIP no gane premios o tenga grandes audiencias, pero de las demás razones habría que hablar con esta misma profundidad en otra ocasión. Ahora, ya que las cito, no me puedo despedir sin recomendar el genial episodio de la novena temporada The Gang Tries Desperately to Win an Award, 9×03 (uno de los mejores de la serie, sí, a estas alturas), donde, mejor que yo o nadie, la propia serie explica por qué nunca ganará un premio y por qué no les importa… Pero sí les gustaría. Como siempre, sin miedo a poner sobre la mesa la realidad, no solo la de los EE.UU., sino también la de los propios creadores de la serie.

¡Suscríbete a la newsletter de Fuera de Series!

Date de alta gratis y recibe cada día el mejor contenido sobre series en tu correo electrónico

Subir