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Las claves del final de ‘Vivir sin permiso’, analizadas por su guionista

Charlamos con David Bermejo sobre el cierre de la serie de Telecinco

José Coronado ha protagonizado ‘Vivir sin permiso’. (Fuente: Mediaset)

Vivir sin permiso ha llegado a su fin con la emisión en Telecinco del décimo y último episodio de su segunda temporada. Nemo Bandeira ha muerto y la pregunta que se planteó al inicio de la serie, quién le iba a suceder, no ha tenido un nombre como respuesta. Nadie sucede a Nemo en el trono del narcotráfico de Oeste.

“Siempre nos planteamos que Vivir sin permiso era una serie sobre padres e hijos”, explica David Bermejo, coordinador de guion de la segunda temporada de la ficción, “En la primera temporada todos los conflictos estaban más centrados en la sucesión, pero en realidad lo más interesante de la serie siempre fueron las relaciones paternofiliales. Los padres son el punto de partida de todo lo que somos en la vida y al final esas relaciones te marcan en todo lo demás”.

“La segunda temporada mantiene eso, aunque el tema de la sucesión quedase atrás porque al final de la primera temporada al no contar con Carlos y sin Mario como posible sucesor, se mantuvo el problema entre padres e hijos. Nemo y Mario, aunque no tuviesen la misma sangre, siempre tuvieron relación paternofilial en todos los sentidos. Así, al final de la serie tenía que plantearse que Nemo tenía que redimirse y hacer lo posible por salvar a sus hijos. La guerra, el narcotráfico y todo lo demás es un vehículo para contar eso. Queríamos contar relaciones complejas entre padres e hijos. Hay una relación de amor y de dependencia, o de ver un modelo en tu padre, pero al mismo tiempo hay una reacción de rechazo hacia el padre, de querer encontrar tu propio camino”, añade.

Lara, a punto de convertirse en Nemo

(Fuente: Mediaset)

Antes de descubrirse que no habrá sucesor para Nemo, durante el episodio final se plantean dudas al espectador de si será Lara quien asuma su lugar. En contra de la voluntad de su padre, la joven quiere llevar a cabo una cruenta guerra contra Germán y sus hombres. “Ella nunca estuvo en las quinielas de la primera temporada para la sucesión, pero realmente es quien más se parece a Nemo y quien tiene el peligro de convertirse en él”, explica el guionista

“Nuestra intención era jugar que Lara se destapase a través de la rabia como una posible sucesora, en lo bueno y en lo malo, que mostrase el empuje para pasarse al lado oscuro y convertirse en Nemo, y que se viese eso hacia el final de la serie. Eso es, de alguna manera, lo que detona a Nemo para acabar con todo lo que ha construido para que nadie le suceda. No va a haber ningún imperio, no va a haber ningún trono en el que sentarse, porque lo que ha generado durante toda su vida no ha sido más que dolor. Nemo llega a esa conclusión lógica al ver que ha llevado a Lara, ese ser puro e inocente cuando empieza la serie, a su terreno y se está convirtiendo en él”, dice.

Nemo consigue redimirse

Para evitar que Lara -u otro ser querido- sea devorado por el lado oscuro, Nemo traza un plan para acabar con sus rivales y también para deshacer su imperio. “Lo que hace Nemo es un acto de redención”, asegura firmemente David Bermejo, “El personaje tiene una carga muy negativa desde el principio, aunque el espectador sea capaz de enamorarse de él, y sus partes oscuras, al llegar al final de su vida, descubre que solo han traído dolor para sus hijos”.

Los flashes que Nemo tiene por el alzheimer resultan determinantes: “Tiene una serie de encuentros con personajes que han sido muy importantes en su vida a través de visiones y en esos encuentros, que son un poco dickensianos, como el espíritu de las Navidades pasadas, él va hablando consigo mismo y se va dando cuenta de que lo que piensa de sí mismo ha sido un fracaso. Lo que ha creado ha sido una montaña de muertos y mucho sufrimiento entre la gente que quería. Por eso decide redimirse y que nadie se quede ese imperio de muertos”.

Germán, el villano a la altura de Nemo

(Fuente: Mediaset)

Pero antes de irse, Nemo tiene que hacer un último plan, el de acabar con su gran enemigo. Un malvado personaje que los guionistas construyeron a la altura del protagonista: “Nos parecía que Nemo necesitaba un villano a su nivel: alguien que fuese muy listo, muy cruel y que fuera de alguna manera el diablo. Lo planteábamos como el mal mismo, toda la parte oscura de Nemo, multiplicada, sin el amor hacia los suyos. Creíamos que Nemo solo podría brillar luchando contra alguien de su nivel. El actor, Rubén Zamora, está fantástico y aguanta el duelo con José Coronado, cosa que es muy difícil. Germán era un mal mayor, pero nunca quisimos justificar el daño que había hecho Nemo”.

Por qué eligieron a Daniel para matar a Germán

Tal vez algún espectador se pregunte por qué, entonces, los guionistas no eligieron que Nemo matase a su rival. Pero ellos lo tenían claro: “Nunca tuvimos dudas de que Daniel debía matar a Germán, por lo que decía antes de que la serie siempre fue sobre padres e hijos. La relación que se da entre Daniel y Germán a lo largo de la temporada solo podía terminar de esa manera. El hecho de que lo matase un Bandeira podría ser satisfactorio para ellos, pero no tenía nada que ver con la temática de la serie y hubiese sido una muerte de acción simplemente”, comenta Bermejo.

Y aclara sobre la decisión: “Que Nemo hubiese matado a Germán hubiese sido más predecible. De hecho, el capítulo final se plantea así. Pero el final que escogimos nos daba un plus porque lo otro era demasiado evidente. Daniel tenía una misión en la temporada, después de hacer tanto mal, que para nosotros era matar a su padre. El mal se mata a sí mismo: la culpa de que Germán muera no es una torpeza sino porque ha tratado mal a su propio hijo y lo paga”.

Un final feliz para Mario junto a Lara

(Fuente: Mediaset)

Pero no todo iban a ser balas y puñales. El final de Vivir sin permiso respira en lo que a la trama de Mario y Lara se refiere, dándoles un final feliz. Él consigue desligarse sentimentalmente de Nina, a pesar de que van a tener un hijo juntos, y apostar por quien verdaderamente quiere: “Nos parecía que esa historia de amor, que estaba condenada al fracaso porque tenía muchos problemas añadidos, debía tener un final luminoso para compensar porque hay muchas muertes”, explica David Bermejo, “Aparte, Mario ha vivido un camino inverso al de Nemo; él se dio cuenta de sus errores y pretendió hacer un camino de redención tras caer por el acantilado, aunque no le dejaron. A lo largo de la temporada, Mario se ha trabajado mucho redimirse y lo consigue, así que era lo justo para el personaje”.

Ferro cumple su promesa

Acabada la contienda entre Nemo y Germán y con la disolución del imperio del narco planeada, Nemo llega al final de su enfermedad y, en la playa donde fue tan feliz años atrás, termina de perder la memoria. Es entonces cuando Ferro, entre lágrimas, debe acabar con su vida tal y como prometió: “Ferro es el perro fiel hasta el final. Cuando Nemo inicialmente no se acuerda del nombre de sus hijos, pero luego rectifica y sí, Ferro no puede cumplir su promesa aún. Ve que ha tenido una laguna, pero todavía sigue siendo Nemo. El problema de la secuencia final es que Nemo ya se ha ido, no es él, y ahí es cuando Ferro se da cuenta de que no tiene otra cosa que hacer que cumplir con su promesa”.

Un final planeado desde el principio

(Fuente: Mediaset)

Aunque durante esta temporada ha sido David Bermejo quien ha coordinado los guiones de Vivir sin permiso, fue Aitor Gabilondo, creador de la serie, quien ideó cómo empezaba y hacia dónde iba. El final de la serie, por tanto, estaba más o menos pensado desde el principio, aunque faltaban detalles por concretar por el equipo de guionistas de esta etapa. “El final de la serie era la muerte de Nemo y tenía que ser en el último capítulo de la segunda temporada”, recuerda Bermejo.

En este asunto, él y sus compañeros estuvieron en consenso: “Sobre el cómo, también teníamos claro que Nemo no podía morir en cama ni podíamos contar la ausencia de Nemo durante muchos capítulos, por ejemplo, que perdiese la cabeza en episodios anteriores. Sabíamos que tenía que ser una muerte violenta y que tuviese que ver con su enfermedad. Desde el principio estaba sembrado, así que nos pareció lo más adecuado que fuera Ferro. Era un final anunciado, pero creíamos que era a donde teníamos que ir”.

La simbología del plano final

Finalmente, tras la muerte de Nemo Bandeira, la cámara nos lleva hacia el mar. No se trata simplemente de una imagen bonita, que lo es, sino mucho más, como nos explica el guionista: “La temporada empieza y acaba así; empieza viniendo del mar y acaba yéndose hacia el mar. Tiene mucha carga simbólica en muchos sentidos. Todo lo que han tenido los Bandeira ha venido del mar y cuando el clan Bandeira se va, lo hace hacia el mar. El mar lo es todo para ellos, ha traido lo bueno y lo malo. Ha traído la droga o a los mexicanos, pero también el amor surgió en el mar, en esa playa. Así que Nemo se va hacia el mar. Nos gustaba darle esa circularidad a la temporada”.

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