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Los “monstruos de la semana” devuelven el lustre a ‘Expediente X’

La 11ª temporada ha conseguido algunos episodios al nivel de sus clásicos

Mulder y Scully investigan un caso en la 11ª temporada de ‘Expediente X’. (Fuente: FOX)

Las resurrecciones de series clásicas siempre son acogidas con escepticismo. Cuando se renueva el reparto y el concepto de la serie, siempre hay quien se pregunta si no había alguna idea original que hacer en su lugar, y cuando se opta por una continuación con los actores de entonces, surge la duda de si no estará todo agotado. En 2016, con la vuelta de Expediente X a FOX, esas cuestiones aparecieron con frecuencia porque la creación de Chris Carter parecía haber dado de sí todo lo que podía cuando finalizó su emisión original.

Desde 2002, cuando se vio un último capítulo que dejaba sin resolver su trama serializada, Expediente X había regresado en forma de película seis años más tarde, pero su acogida no había sido demasiado buena y tanto David Duchovny como Gillian Anderson aparecían haber superado a sus personajes, los agentes del FBI Mulder y Scully. Sin embargo, las celebraciones del 20º aniversario del estreno, y la entrada de la serie en el catálogo de Netflix, despertó el interés tanto de los fans de siempre como de un nuevo público.

La vuelta de Expediente X con una décima temporada, catorce años después de su final, se saldó con sentimientos encontrados. Sólo fueron seis episodios que dieron la sensación de querer comprimir en mucho menos espacio lo que la serie conseguía en una temporada de 24; es decir, avanzar la trama serializada de la Conspiración, contar casos autoconclusivos (los “monstruos de la semana”), desarrollar la relación entre Mulder y Scully y, de vez en cuando, hasta marcarse un episodio humorístico y autoparódico. Aquella décima temporada fue más un ensayo general, una toma de contacto para la undécima, y ésta sí ha devuelto el lustre a Expediente X.

Entre el humor y el terror

En su momento, la serie llamó la atención por la novedosa manera de entrelazar los casos que sus protagonistas investigaban cada semana con la Conspiración contra la que se pasaron luchando toda la serie, una trama que se mantenía al fondo y que, de vez en cuando, se desarrollaba en capítulos dedicados exclusivamente a ella, o asomaba la cabeza en algunos de los casos. Para cuando se vio la novena temporada, el aspecto serializado se había convertido en el punto más débil de Expediente X, pero los “monstruos de la semana” eran donde guionistas, directores y actores podían brillar de verdad y probar cosas nuevas.

Esto se ha mantenido en la 11ª temporada. El primer episodio, centrado en la mitología, tiene todos los peores tics de los últimos años de la serie y hasta algunos críticos han afirmado que es el momento en el que el salto del tiburón es irrecuperable. Algo gracioso ocurre, sin embargo, cuando Expediente X empieza a entregar casos autoconclusivos: se vuelve una serie muy entretenida, con algún episodio muy bueno y hasta relevante para el panorama social y político actual. “La verdad es fluida” es el nuevo lema que ha sustituido a “la verdad está ahí fuera”. No es que el gobierno oculte la verdad; es que sostiene que es relativa. Todo se ha vuelto un debate de Sálvame en el que cada uno tiene “su” verdad.

Y donde mejor está tratando la temporada ese tema es en sus “monstruos de la semana”. Personajes como Reggie, el tipo que afirma que a todos les han lavado el cerebro y han eliminado cualquier recuerdo de él, introducen el concepto de la posverdad y las fake news: la distorsión de una realidad de tal manera, que una mentira se venda como verdad, o la acusación de cualquier información perjudicial para mis intereses es una noticia falsa, fabricada para atacarme.

Son unas ideas que encajan perfectamente en el ambiente conspiranoico y de desconfianza hacia el gobierno en el que siempre se ha movido Expediente X, y la serie ha sabido crear unos “monstruos” que bien sólo quieren que los dejen en paz, o pretenden reivindicar alguna injusticia cometida contra ellos. En este último lado encajaba el villano de Gatito, que utilizaba un gas alucinógeno experimental del ejército para vengar todo el sufrimiento de su padre en Vietnam, o incluso el episodio centrado en William.

Skinner ha ganado un poco más de protagonismo esta temporada. (Fuente: FOX)

Todos esos casos han conseguido transmitir la sensación de que estábamos viendo la Expediente X de siempre, la que se ganó la etiqueta de “clásico contemporáneo”, mientras, al mismo tiempo, mantenía un ojo puesto en las preocupaciones actuales de la sociedad estadounidense.

Es cierto que algunos de estos primeros episodios reciclan tramas de la emisión original (El perdido arte del sudor en la frente es, por ejemplo, casi una secuela espiritual de José Chung’s From outer space), pero no ha sido un problema para que se vean como algo distinto, incluso con la legión de imitadores de Expediente X que hemos visto en estas dos décadas largas.

En parte, esto ha sido porque la serie nunca ha perdido de vista su centro, que es la relación entre Mulder y Scully. Su química se mantiene intacta, y el acercamiento entre ellos que ha mostrado la primera mitad de la temporada ha servido para que los “monstruos de la semana” no se quedaran en meras búsquedas de nuevos casos inexplicables. La evolución de la dinámica entre los dos agentes del FBI, más cómo se nota todo el peso de los años en ella, es lo más destacado de esta renovación de Expediente X.

La emisión de la 11ª temporada de ‘Expediente X’ se retomará el 6 de marzo en FOX España.

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