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Nacho Vigalondo: “La obsesión por los spoilers es algo nuevo”

El director ha dirigido este año tres series y presenta nuevo programa de cine en TCM

Nacho Vigalondo, en la presentación de ‘Vigalondo Midnight Madness’. (Fuente: Raúl Vaquero/TCM)

Esta noche, Nacho Vigalondo añade a su currículum la faceta de “presentador de televisión”. El último viernes de cada mes conducirá en TCM Vigalondo Midnight Madness, un programa en el que se emitirán dos de sus películas de culto favoritas, precedidas por una presentación suya en la que explica por qué merece la pena acercarse a ellas. Le da una excusa para hacer una de las cosas que más le gustan, hablar de cine, a un director que en el último año ha estado dirigiendo más televisión.

Un capítulo de Into the dark, tres de la segunda temporada de Justo antes de Cristo y, ahora, el superhéroe de andar por casa de El vecino son el bagaje televisivo de Vigalondo en estos meses del que, por el momento, sólo se ha podido ver Pooka, su episodio navideño de la serie de terror antológica de Hulu. Con la excusa de la presentación de su programa en TCM (que arranca esta noche con A field in England e Ikarie XB-1), hablamos con el director sobre su experiencia de rodar televisión y cómo ve la fiebre actual por evitar spoilers a toda costa.

Últimamente, estamos viendo más tu nombre asociado a la dirección de capítulos de televisión.

Ya, me he pasado un año entero haciendo tele.

¿Cómo ha ocurrido esto? ¿Te ha surgido de repente o buscabas este cambio?

No, ha sido la providencia. De repente, lo primero que me ofrecieron fuer hacer un capítulo de Into the dark, que dije inmediatamente que sí porque era un largometraje, ya sabes que esta serie está compuesta por largometrajes. Tenía el beneficio de, de repente, rodar un largo de una historia que me interesaba sin tampoco sentir la presión de que luego hay que estrenarlo, que tenga todo ese recorrido que tiene, sino que es una cosa que haces, sueltas y ya está. Me apetecía hacer terror puro, me apetecía colaborar en el diseño de una criatura, me parecía muy jugoso aquello.

Mientras hacía esto, Pepón (Montero) y (Juan) Maidagán me llamaron para hacer tres capítulos de Justo antes de Cristo, y mientras hacía los capítulos de Justo antes de Cristo me llamaron para hacer El vecino, con lo cual he estado superponiendo la postproducción de una cosa con la preproducción de la otra. He estado encabalgando los tres rodajes, así que puedo decir que este ha sido mi año de hacer televisión. Y me gusta demostrarme a mí mismo que puedo hacer televisión.

Cuando eres director de cine, y cuando eres un director de cine muy concreto, parece que eres un alma libre y que eres incapaz de encajonarte en un sistema de producción más riguroso. En realidad, es todo estricto siempre, no se te puede ir la olla en ningún caso, pero es bonito ver cómo puedes culebrear dentro de estos márgenes. Me lo he pasado muy bien, pero ahora tengo el pálpito de volver a hacer cine o, de hacer tele, hacer un proyecto que sea mío.

Fotograma de la primera temporada de ‘Justo antes de Cristo’. (Fuente: Movistar+)

¿Nunca te han preguntado si querrías hacer una serie, o te han propuesto algún proyecto en concreto?

La responsabilidad es mía, soy yo quien tiene que ir a una televisión con un dosier de un proyecto que se me ha ocurrido. Para que eso suceda, la iniciativa tiene que ser mía. Ojalá suceda. (Con) un par de ideas para hacer televisión sí que estoy jugueteando, pero también es cierto que el formato largometraje también me gusta mucho, quizá por nostalgia de una época que ya no es la actual. La idea de un discurso que empieza y acaba, y es todo lo que hay, y que tiene hora y media para deslumbrarte, me interesa mucho.

En ese aspecto, hay también algunos directores de cine, como Jordan Peele con ‘The Twilight Zone’, que apuestan por un formato antológico y que parece una opción popular entre la gente más dedicada al cine que se pasa a la tele.

Y luego está el caso de Black Mirror, que es de las series más relevantes que existen ahora mismo. Black Mirror es una serie que ha construido un adjetivo, “esto es muy Black Mirror”. Es la serie que más describe esta época. No he visto la de Jordan Peele todavía, aunque me gusta mucho Jordan Peele, y la The Twilight Zone original es de mis cosas favoritas.

Has comentado en varias ocasiones que esta paranoia por los spoilers que estamos viviendo es absurda. ¿A qué te refieres, más en concreto?

Es algo nuevo. Parece que siempre ha sido así y es mentira. Es algo que existe ahora, el celo por no saber nada. Entiendo la dinámica que nos ha llevado a este punto, pero hay que reconocer las cosas como son. Y entiendo que la presión por los spoilers es diferente en un formato seriado que la que hay en una película que empieza y acaba, eso también tengo que reconocerlo y, por ejemplo, Vengadores no es una película, es el último capítulo en una saga de 22 pelis, tiene más que ver con una serie que con un largometraje al uso. Entiendo ese celo, pero también reconozco una época, la mayor parte de mi vida, en la que se reivindicaba generar interés por algo mediante hablar de esa cosa. Evidentemente, no le chafo a nadie el último capítulo de su serie favorita, pero sí me gusta contarle a alguien por qué A field in England me parece una película super interesante.

No pasa nada por contar algunas de las cosas que pasan.

Objetivamente, la ciencia y los estudios sobre este tema demuestran que el nivel de placer no disminuye. Yo tengo que reconocer que soy un poco vicioso de saber las cosas de antemano y que no me importa que me la hayan destripado antes de verla y no me quita ningún tipo de placer. También tengo muy claro que, a veces, confundimos película con trama, confundimos la película con su guión. Cuando lees críticas, muchas veces lo que se está criticando es el guión de la película y las interpretaciones de los actores, nada más, y como mucho, la calidad de los efectos especiales, pero no se está hablando de algo tan vital para mí como es el lenguaje de la película.

La película más importante emocionalmente para mí de los últimos años fue Mandy, y la historia se cuenta en dos patadas y me la sabía perfectamente, pero el lenguaje de la película es lo que me lleva por un camino que no sabía que necesitaba. Mi amor por el lenguaje del cine me lleva a entender que, de alguna manera, el cine tiene composición musical, y la música no se puede espoilear.

¿Cómo aplicas este interés por el lenguaje visual a las series que diriges?

Hay un tipo de reto distinto. El reto, cuando haces una película, es a ver cómo consigo que esto brille de una manera puntual. Cuando haces una serie, hay una presión clara, que es a ver cómo demonios consigo rodar eso en este lapso de tiempo, pero el puzzle es conseguir que brille aun rodándolo todo tan rápido. Haciendo televisión, la guerra la doy por mi interés por el lenguaje también. Si tuviera que rodar las cosas de forma plana porque no hay tiempo, perdería la gracia automáticamente. Si me ha gustado hacer tele este año es porque he buscado la manera de no sentir que estaba haciendo algo diferente a las películas. Con Pooka estoy muy contento, con el capítulo de Into the dark.

Eso es un poco distinto a rodar tres capítulos de una serie que está en marcha, ¿no? Into the dark es una serie antológica, de episodios independientes.

Sí, pero no deja de ser rodar una película muy, muy rápido, rodar algo muy rápido pero que tenga una textura concreta, que en este caso me metí de lleno en el charco de David Lynch. Pero también en Justo antes de Cristo ha sido muy interesante cómo, sin salirte de los márgenes que te han propuesto, puedes salirte de los márgenes.

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