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Columnas | Cuatro trazos mal contados

‘Paranoia Agent’, la serie para acabar de perder la cabeza por Satoshi Kon

El director de clásicos del anime como 'Perfect Blue', 'Paprika' o 'Millenium Actress' solo firmó un serial para televisión antes de morir

(Fuente: Filmin)

Desde hace casi dos semanas se puede ver en cines Millenium Actress, uno de los cuatro apabullantes largometrajes que dejara tras de sí el inconfundible autor de anime Satoshi Kon. Quienes abran boca con la cinta, que ha llegado a las salas restaurada en 4K por su vigésimo aniversario, seguro querrán más del particular lenguaje del director japonés. Y estarán de enhorabuena, porque Filmin colgó no mucho antes Paranoia Agent, la única serie que Kon firmó antes de morir.

Aunque rebosa personalidad por los cuatro costados, Paranoia Agent es una serie adscrita muy claramente a un género, el policiaco. En consonancia con ese marchamo, sus 13 episodios componen una investigación deslavazada sobre unas misteriosas agresiones ocurridas en un barrio nipón: las calles de Musashino, en la prefectura de Tokio, se hacen eco de los frecuentes ataques del llamado Chico del Bate, un colegial en patines que atiza por sorpresa a los vecinos más atribulados con un bate de béisbol metálico.

Desde los primeros compases, la intriga de la identidad y el propósito del joven agresor queda desplazada del centro del relato en favor de las frustraciones, perversiones y vicios de los golpeados, que se trenzan sin nexo aparente, más allá del hecho de que todos parecen adoptar luego actitudes renovadas ante los problemas que los atenazaban hasta el momento del zurriagazo. Entre las líneas de esas historias paralelas puede leerse el pecado original de Paranoia Agent, que Kon y Madhouse, su estudio de confianza, hicieron brotar de un mejunje de viejas ideas acumuladas que el director no había conseguido hacer encajar en proyectos anteriores.

Cuando hablamos de esos proyectos precedentes, nos referimos a la mencionada Millenium Actress, estrenada en 2003, pero también a las cintas que realizaría antes y después de esa –Perfect Blue, de 1997, y Tokyo Godfathers, de 2003-. Tras esta última vendrían Paranoia Agent y Paprika, la última película que Kon pudo ganarle por completo al cáncer de páncreas por el que falleció en 2010. A día de hoy, Madhouse sigue sin sacar adelante el proyecto que el cineasta dejó a medias, Dreaming Machine, que durante años se ha tratado de completar en honor a su memoria.

Con Paranoia Agent, Kon aderezó las fogosas rupturas de la barrera entre lo onírico y la vigilia que lo habían hecho reconocible en el cine mundial con un repaso inmisericorde de las disfunciones más sórdidas de la sociedad japonesa. En los personajes opacos que sirven de piñata al Shōnen Batto, el asaltante prepúber, están inscritas las penurias y las vergüenzas de un país por cuyo cine Kon tampoco sentía especial apego.

Incluso habiéndose forjado como ayudante de Katsuhiro Ōtomo -responsable de Akira-, el director encontraba la inspiración en los desvaríos de un extranjero como Terry Gilliam, de igual forma que él serviría de ejemplo más tarde para realizadores como Christopher Nolan o Darren Aronofsky, que han basado algunas de sus películas más famosas en obras del asiático. La sombra del genio originario de Sapporo, aunque densa, es menuda, tanto que seguramente suenen más los nombres de estos discípulos que el suyo propio. Solucionémoslo: este mes no hay excusa que valga para no perder la cabeza por Satoshi Kon.

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