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Por qué la vuelta de ‘Roseanne’ es tan importante

La sitcom ha regresado a la televisión estadounidense con su protagonista como defensora de Donald Trump

Los protagonistas de la nueva temporada de ‘Roseanne’. (Fuente: ABC)

En la historia de la televisión en Estados Unidos, las comedias familiares han ocupado un lugar muy importante en la conversación social. Reflejaban las costumbres del momento y, además, servían para generar debate. Norman Lear creaba todas sus sitcoms con el objetivo de plantear preguntas a su audiencia sobre temas que, quizás, de otro modo no se pararían a pensar, y si La chica de la tele sorprendió en los 70 porque su protagonista era una mujer soltera más interesada en su trabajo que en buscar marido, Roseanne fue una revolución porque su familia protagonista se parecía a la del estadounidense medio.

Es decir, eran de clase trabajadora, casi no tenían dinero y su principal impulsora, Roseanne Barr, tenía más aspecto de madre white trash que vive en una caravana que de la protagonista de una serie en horario de máxima audiencia. El propio Lear había producido comedias sobre familias que no eran ricas, y Fox había encontrado una mina en Matrimonio con hijos, pero la propuesta de Roseanne llevaba el concepto más allá. Y tuvo un enorme éxito.

Que lo tuviera centrando episodios en facturas de electricidad sin pagar era lo revolucionario. Estrenada en 1988, durante el último año de Ronald Reagan como presidente, reflejaba la realidad de una parte importante de la sociedad estadounidense, que se había visto afectada por el declive industrial que sufrieron amplias zonas del país desde finales de los 70. La serie estaba ambientada en Illinois, por ejemplo, cuya región septentrional forma parte del Cinturón del Óxido (Rust Belt), llamado así por todas las factorías de acero que se cerraron durante los 80. Las dificultades económicas que muchas familias atravesaban se trasladaron a la vida ficticia de los Conner.

La situación económica de esa clase trabajadora es todavía peor en 2018 y, además, se siente abandonada por los políticos y las instituciones, por lo que la vuelta de Roseanne sólo podía hacerse de una manera: convirtiéndola en una votante de Trump. Este hecho (y que la propia Barr lo sea también en la vida real) ha centrado una parte muy importante de la cobertura que los medios estadounidenses han dado al revival. Llama la atención porque lo más habitual está siendo que se muestre este clima social desde el punto de vista liberal de, por ejemplo, Diane Lockhart en The Good Fight, totalmente a la deriva en un mundo que siente que ya no comprende.

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Pero Roseanne Barr asegura que quería trasladar su apoyo al presidente al personaje para ser más realista, ya que es probable que los Conner hubieran estado entre sus votantes. “Quería representar al país y lo divididos que estamos”, explicaba la actriz a The Hollywood Reporter, y por eso Roseanne y su hermana Jackie no se hablan (a Jackie le horroriza que Roseanne votara a Trump). Sin embargo, no es tan nuevo que una sitcom tenga a un personaje de ideas conservadoras en su centro. All in the family lo hizo con Archie Bunker, y la serie se ganó fama de ser una de las más progresistas de su tiempo porque las discusiones de Archie con su familia y sus vecinos obligaban a los espectadores a ver todos los puntos de vista del debate, incluso con los que no estaban de acuerdo.

Roseanne Barr, Sara Gilbert y John Goodman, en un episodio de la nueva temporada de ‘Roseanne’ (Fuente: ABC)

Es la táctica que utiliza actualmente Día a día (producida por Norman Lear) y Roseanne no es ajena a ella. Es como quiere tocar temas como la fluidez de género, o las oportunidades perdidas, el coste de la sanidad o el embarazo subrogado como una manera de conseguir dinero. Barr ya no está involucrada en la escritura y la producción de la serie como antaño (lo que dio lugar a épicas y famosas peleas con los guionistas), dejando esa tarea para los showrunners Bruce Helford y Whitney Cummings, que se ha hecho conocida con un estilo de humor que tampoco tiene pelos en la lengua, y ellos dos son quienes determinan esos asuntos.

El revival tendrá nueve episodios, y está por ver si tendrá la misma acogida que el de Will y Grace, que ha sido renovado ya por dos años más. El impulso por tratar temas que preocupen a la sociedad estadounidense (aunque los críticos han señalado que, de momento, no se están abordando asuntos raciales) va a ser lo más diseccionado de esta nueva Roseanne porque quizás pueda reflejar bien cómo es el mundo con Trump desde otro punto de vista.

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