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Por qué me gustaba ‘Smash’

Cómo una serie musical fracasada se convirtió en fenómeno de culto

El 8 de junio de 2015, el teatro Minskoff de Nueva York (hogar habitualmente de El rey león) celebró uno de los conciertos más improbables vistos en Broadway en los últimos tiempos. Mediante una campaña de crowdfunding, y a beneficio del Actors Fund, durante una noche se hizo realidad Bombshell, el musical basado en la vida de Marilyn Monroe que era el centro de Smash.

El concierto era improbable porque Smash había sido cancelada, con poca ceremonia, por NBC dos años atrás, tras haber movido los últimos episodios de la segunda temporada a los sábados y después de que se hubiera convertido en el hazmerreír de la crítica televisiva estadounidense. Hasta fue la serie que popularizó el concepto de hate-watching.

Sin embargo, ya en aquella primavera de 2013 empezaba a surgir un peculiar culto alrededor de Smash, o mejor dicho, de sus números musicales. Y, de un modo aún más curioso, animó a más cadenas a probar suerte con sus propias series musicales. Antes estaba Glee, sí, pero después del fracaso de NBC fue cuando llegaron Nashville o Empire.

¿Qué tenía ‘Smash’?

La serie era una apuesta personal de Robert Greenblatt, recién nombrado presidente de NBC, que había empezado a desarrollarla, junto a Steven Spielberg, cuando todavía era el jefe en Showtime. Lo que buscaban ambos hombres era una serie que mostrara el proceso de puesta en pie de un musical de Broadway centrado, en este caso, en la vida de Marilyn Monroe.

Los guiones se le encargaron a la dramaturga Theresa Rebeck y se llegó a hablar que, si la serie, tenía éxito, se seguiría el montaje de un nuevo musical en cada temporada, con la posibilidad de que éstos hasta subieran a las tablas de Broadway. El piloto, desde luego, recibió en general buenas críticas. En The Hollywood Reporter decían que “Smash es una excelente oportunidad para elevar el nivel en las cadenas en abierto”.

Aquel primer capítulo tenía todas las virtudes de la serie, pero también mostraba las semillas de los defectos que terminarían por hacerla descarrilar. Chaco Morais, periodista de El Heraldo de Aragón y seguidor fiel de la serie, destaca ese piloto “que parecía una peli de esas que hacen para ganar Oscars. Con Anjelica Huston, en un papel maravilloso, y con esos creadores del libreto, con tanta complicidad y talento. Ahora que medio mundo está loco con La La Land, Smash era el clásico musical, metamusical, más bien, porque te mostraba cómo se creaba una obra de Broadway desde los cimientos”.

Y ahí, en ese vistazo a las bambalinas del teatro neoyorquino, es donde la serie atrapó a espectadores como Pilar Toro: “lo mejor era la oportunidad de ver el mundillo de Broadway desde dentro, ver el proceso que supone crear un musical desde el concepto, el casting, la financiación, el desarrollo, los tech, la promoción y el estreno en Broadway, con todos los imprevistos que pueden surgir por el camino”.

Todos sus responsables tenían experiencia de sobra. Además de Rebeck, las canciones corrían a cargo de Marc Shaiman y Scott Wittman, ganadores de un Tony por el musical de Hairspray, y entre el reparto figuraban veteranos de Spamalot y Wicked como Christian Borle y Megan Hilty. Talento musical tampoco faltaba con la otra protagonista, Katharine McPhee, ex concursante de American Idol que ya llevaba un tiempo dedicándose a la actuación.

Reparto de ‘Smash’ para la segunda temporada.

Gran parte del armazón de la serie estaba en la rivalidad entre Ivy, la veterana que parece atascada en el coro, y Karen, la novata, por conseguir el papel de Marilyn. Y que llevó a que los fans de la serie, como Juan Luis López, tuvieran sus propias discusiones sobre si eran #TeamIvy o #TeamKaren. “Porque me gustan las series musicales, necesitaba una que me enganchase como lo había hecho Glee anteriormente”, explica, añadiendo que “además, tenía el tema rivalidad entre ellas. Me gustaba que hubiese amoríos, vamos, el puntito culebrón ayudaba”.

Mientras Juan Luis era #TeamKaren, Chaco, por ejemplo, estaba en el lado de Ivy y ese enfrentamiento también era importante para su enganche: “pasados los episodios, que no estaban a la altura del espectacular inicio, lo que me hizo continuar fue la rivalidad entre las dos protagonistas. Como en el ‘Apueste por una’ de María Teresa Campos, yo tenía a mi favorita (Megan Hilty, sin lugar a dudas) y veía religiosamente cada semana el episodio esperando que ella fuera la elegida, la star que prometían los productores. Las historias a lo Eva al desnudo siempre funcionan, si no en audiencia, al menos en el interés de los que nos convertimos en fieles. Y en Smash ahí estaba la recién llegada frente a la eterna aspirante. Un poco Showgirls, pero con menos mala leche”.

La segunda vida de ‘Bombshell’

Los problemas que Smash tuvo entre bambalinas fueron contados con cierto detalle en su momento por Kate Aurthur en BuzzFeed, después de que la serie fuera renovada por una segunda temporada con un nuevo showrunner (Josh Safran, creador de Quantico) que introdujo otro musical para competir con el de Marilyn Monroe, Hit List, muy inspirado en Rent y en la historia de su puesta en pie y su éxito agridulce en Broadway.

Esa segunda temporada conseguía algo más de interés en el retrato de los nervios y las inseguridades de algunos de los responsables de Bombshell en su estreno en Nueva York, y en su camino hacia los Tony, y aunque en Hit List había algunas buenas canciones, ha sido ese primer musical el que ha acabado generando cierto fenómeno de culto a su alrededor.

Porque, si somos justos, no es Smash lo que ha terminado teniendo fans entregados, sino Bombshell. El propio Chaco Morais cuenta que “ la música ayudó también a seguir una producción que, desde luego, no siempre fue perfecta. Pero que ha quedado en mi memoria como esos viajes que no salen como uno planea, en los que te pasan mil cosas no siempre positivas pero que, con el paso del tiempo, les guardas cariño y los recuerdas más que otros. Por imperfectos y, quizá por ello, más reseñables. Aún me pongo de vez en cuando los discos”.

Lo que nos lleva de vuelta a aquel 8 de junio de 2015. No era más que un concierto de todas las canciones escritas por Shaiman y Wittman para Bombshell, una colección de temas que tenían que funcionar tanto dentro de ese musical ficticio como en la trama de la serie, y que han acabado teniendo una segunda vida propia.

El éxito de aquella velada convención a quien tuviera que convencer de que, tal vez, merecía la pena trasladar Bombshell de verdad a Broadway. Los dos compositores afirmaron el año pasado que estaban buscando un libretista y que tanto Robert Greenblatt como Steven Spielberg seguían interesados en el proyecto. Si acaba siendo realidad, será otro desarrollo improbable en la todavía más improbable longevidad de una serie de la que lo que molaba era verla para odiarla.

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