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Que sí, las series no se escriben solas, PERO

¿Hacen mal los medios cuando omiten el listado completo de guionistas de una serie?

La sala de guionistas de ‘Arrow’ celebrando Halloween. (Fuente: Instagram)

#NoSeEscribenSolas es el hashtag con el que varias cuentas, entre ellas la del Sindicato de Guionistas ALMA y el blog Bloguionistas, reivindican que las series tienen autores y que deberían ser siempre citados. Es una cruzada que entiendo que emprendan porque necesitan esa visibilidad y ese reconocimiento, PERO no siempre tienen razón ni en lo que proponen ni en las formas de hacerlo.

Que la manera de protestar en redes sea ir a la gresca, buscando a veces la confrontación directa con los medios de comunicación (sí, a esos a los que “piden” que les nombren), es algo que ya les comenté alguna vez por Twitter y, a decir verdad, creo que últimamente andan un poco más calmados (no todos).

Pero la cuestión que realmente quería plantear aquí es hasta qué punto tienen razón en su queja y cuánto hay de pataleta. Empecemos por lo fácil. ¿Sin un guion no habría serie? Por supuesto. ¿Son, por tanto, indispensables los guionistas? Qué duda cabe. ¿Debe el guionista aparecer en el titular de una noticia o artículo aunque este no sea especialmente conocido por el espectador medio? Pues eso ya no.

La misión de quienes escribimos sobre series no es masajear el ego de ningún guionista -que diría Jesús Mesas en sus tuits sobre el sector- ni dar crédito a nadie, porque el crédito debe estar, valga la redundancia, en los créditos de la obra. La relevancia mediática del profesional, de la persona o personaje, es otro cantar. Nosotros no escribimos para el colectivo de guionistas y, ni mucho menos, para sus orgullosas madres. Escribimos para el lector y, ante todo, debemos pensar en qué información le será de interés.

Y ahí viene lo doloroso del asunto: todos los guionistas son importantes para sus series, pero no todos son destacables en un titular. Cuando hablamos de “La nueva serie de Fulano” o “El nuevo proyecto del creador de X” no pretendemos ensalzar su figura sino decirle al lector que ese próximo producto tiene la garantía de alguien que previamente ha escrito algo que le ha gustado, especialmente si este nuevo lleva una línea temática similar (Es como decir “si te ha gustado A, te puede interesar B”).

Si Paco ha escrito en La familia Mata y ahora ha creado una densa distopía militar, bien por él, pero al lector no le servirá ese dato como orientación de calidad al verlo en un titular (eso suponiendo que, de entrada, conozca a Paco). ¿Nombrar a Paco? Sí, por qué no, pero de momento no tendrá más prioridad en la información que la cadena, la productora o la propia premisa. Tampoco aporta demasiado al lector poner una lista de los ocho nombres del equipo de guion con currículums absolutamente dispares (“de los guionistas de Mar de plástico, Hospital Valle Norte y Carlos, Rey emperador llega una descacharrante nueva comedia”, OK), como si fuese la lista de la compra.

El colmo del absurdo en esta cuestión del #NoSeEscribenSolas fue cuando Netflix anunció que haría una serie de Cien años de soledad y desde Bloguionistas protestaban porque algunos medios titulaban que “Netflix adaptará Cien años de soledad”. ¡No la adaptará Netflix, la adaptará un guionista! Vale, colega. Entonces “Netflix producirá una serie de Cien años de soledad”. ¡No la producirá Netflix, la producirá un señor productor! Y así podríamos seguir con el ridículo hasta lo indecible mientras obviamos que las palabras tienen más sentido que el estrictamente literal.

Por supuesto, cuando decimos que “Netflix adaptará” queda implícito que la plataforma le encargará a alguien esa tarea de convertir el material literario en guiones televisivos. Pero lo gracioso de aquel caso es que, en esa ocasión en concreto, ni siquiera había voluntad de omitir quién había recibido semejante encargo ya que se desconocía. De hecho, es bastante común que una empresa adquiera unos derechos de este tipo y posteriormente busque quién puede llevarla a cabo.

Tanto en la industria española como fuera hay nombres que son titular por sí mismos y nombres que no. Shonda Rhimes, Joss Whedon, Alberto Caballero, Álex Pina… Lo son no solo por la calidad de sus obras, que también, sino porque sus nombres les suenan a los espectadores. E incluso ellos, los más conocidos, a veces serán sustituidos por “el creador de La casa de papel” porque eso llegará a más gente que el nombre propio. Y no es ningún demérito. Cuanta más gente entre al artículo y lea sobre su obra, más promoción, que de eso se trata.

Y tocamos una palabra clave: promoción. Porque para que tu nombre como guionista sea conocido no solo tienes que firmar grandes guiones, también tienes que moverte. Es tarea tuya (y no de los medios) que tu nombre se vuelva relevante; da entrevistas, cuenta curiosidades, crea una conexión con tu audiencia a través de las redes sociales y procura que se asocie a tu figura la autoría. Esa fue la estrategia de Javier Olivares para reivindicarse como showrunner y ahora su nombre sí da titulares. Hasta Michael Hirst, un señor anciano que escribe Vikingos desde el jardín de su casa apartado de todo, se traslada a la Comic-Con cada año para darse un baño de masas. Qué os voy a contar yo del show business.

¿Realmente eres un showrunner, querido?
Nos gusta el término, pero quizás no lo estamos asumiendo bienfueradeseries.com

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