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Si abandonaste ‘Orange is the new black’, es el momento de volver

La última temporada de la serie merece mucho la pena

Una imagen de la séptima temporada de ‘Orange is the new black’. (Fuente: Netflix/Movistar+)

Para Netflix, Orange is the new black es una de sus series fundacionales. No sólo porque fuera su segunda producción original, después de House of cards (y si descontamos Lillyhammer), sino porque fue de las que popularizó su modelo consumo (el binge-watching) y, también, la primera que generó a su alrededor un fandom lo suficientemente ruidoso como para mantener la serie “viva” durante sus largos hiatos entre temporadas.

House of cards era la ficción de prestigio, la apuesta de Netflix para llamar la atención de crítica, público y premios sólo con la presencia de gente como David Fincher, Kevin Spacey y Robin Wright, pero fue Orange is the new black la que acabó ganando Emmys y siendo un verdadero éxito. Sin embargo, siete temporadas son muchas para aguantar entre los títulos más populares y, sobre todo, para mantener el nivel.

La creación de Jenji Kohan, basada en el libro de Piper Kerman, ha ido evolucionando de la historia más o menos amable de sus inicios hacia un drama carcelario con un importante componente social bastante más serio, y por el camino se ha dejado a algunos espectadores que no aguantaron hasta el motín de tres días de la quinta entrega o que se bajaron del barco incluso antes. Si es tu caso, es el momento de que vuelvas a la serie.

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La temporada 7 necesita de ciertos conocimientos de lo ocurrido anteriormente para su visionado, pero vale con el resumen de cinco minutos que Netflix publicó en YouTube. Así ya podemos ver qué les van a deparar estos últimos trece capítulos a las reclusas que conocimos al mismo tiempo que Piper Chapman entraba en prisión, y a algunas nuevas que han ido llegando según las protagonistas principales se movían, por ejemplo, a la prisión de máxima seguridad de Litchfield.

Maritza protagoniza una trama muy relevante. (Fuente: Netflix)

A partir de la temporada 4, la serie empezó a reflejar la frialdad, deshumanización y crueldad del sistema penitenciario estadounidense, que es más una industria multimillonaria. En cuanto Litchfield es comprada por la compañía PolyCon, los personajes experimentan de primera mano lo que es ser tratados como si fueran maquinaria de una fábrica, o peor. Si en la cárcel perdían su individualidad, al pasar a formar parte de una compañía cuyo objetivo es ganar dinero se transforman en números: tantas presas a por las que se cobra al gobierno federal 150 dólares por día, con el menor gasto posible y aprovechando el espacio al máximo.

La entrada de PolyCon en el negocio de los centros de detención de inmigrantes todavía muestra una cara aún más cruel del sistema. ICE, la agencia migratoria, es un ente kafkiano y voraz, y que el presidente Trump le haya dado casi carta blanca para actuar en las calles hace que los jefes de PolyCon saliven pensando en los millones de dólares que van a ganar construyendo y operando dichos centros.

Que Orange is the new black se adentre en ese terreno con las historias de Maritza y Blanca le otorga a la temporada una relevancia todavía mayor, y le pone cara a un problema que, probablemente, no sea más que algo abstracto que ven en las noticias para buena parte de sus espectadores. También pone de relieve lo más destacado de la entrega, y es que el desarrollo de sus personajes es lo más importante.

Desde Piper, que ya ha salido de la cárcel y le cuesta adaptarse a que el resto del mundo haya continuado su curso como si ella no hubiera existido, a Taystee, que se ve con una condena a cadena perpetua por una mentira, todas las mujeres de la serie se van enfrentando a asuntos que, en ocasiones, arrastran sin resolver desde el principio. Es lo que le ocurre a Suzanne al plantearse, seguramente por primera vez, si es justo que esté encarcelada, o a Lorna cuando vuelve a recurrir a sus delirios para ocultar una tragedia, o a Gloria y a Red al aferrarse a lo que mejor saben hacer para seguir adelante.

Alex quiere mantenerse alejada de problemas, pero le cuesta. (Fuente: Netflix/Movistar+)

Taystee, quizás, es la que mejor representa cómo la prisión puede destruir emocional y psicológicamente a una persona. La fan de Harry Potter siempre alegre de la primera temporada es, ahora, incluso peligrosa y se ha aislado de las que antes eran sus amigas. Muchas de ellas intentan sobrevivir adoptando un “sálvese quien pueda” que enseguida se ve que es poco efectivo.

Los toques de humor en la trama de Piper, la sensación de impotencia ante la sentencia que pesa sobre Blanca y Maritza, los problemas mentales de Suzanne y Lorna, los esfuerzos por evitar que otras presas caigan en espirales de depresión, o arrastradas por la actividad de bandas en la cárcel… Orange is the new black recupera el nivel de su primera temporada para llevar a sus personajes al final de sus caminos, y añade esa crítica social que antes no estaba presente.

Será su última temporada, pero merece la pena subirse al carro de la séptima si hace tiempo que dejamos de ver la serie. Es una despedida a la altura para una serie que contribuyó a crear el mundo del “veo lo que quiero cuando quiero” en el que estamos inmersos, y también una que demostró que apostar por la diversidad de historias y personajes conectaba con el público.

La temporada 7 de ‘Orange is the new black’ está disponible completa en Movistar+.

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