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‘The Crown’: los 7 mejores momentos de la temporada 3

Recordamos algunas de las escenas más destacadas de la última entrega de la serie de Netflix

(Fuente: Netflix)

Este artículo se ha escrito después de ver la temporada 3 de ‘The Crown’ al completo. Contiene spoilers.

El primer año de reinado de Olivia Colman como la reina Isabel II en The Crown ha finalizado y la valoración general de la temporada 3 es, como ya nos tiene acostumbrados la serie de Peter Morgan, excepcional. A pesar de ser una producción de Netflix, y con la que cuesta resistirse a no verla en maratón, gracias a la estructura de sus temporadas, es fácil identificar y recordar cuáles son nuestros episodios favoritos en cada entrega.

Los míos, por ejemplo, son el de la tragedia de Aberfan (3×03), el de la princesa Alice (3×04), y el del viaje a Gales del príncipe Carlos (3×06). Esos son los más satisfactorios, pero hay repartidas escenas y frases destacables en los diez que conforman la temporada. Esos momentos que, por una razón u otra, se han quedado en nuestra retina como los mejores de esta última entrega son los que hemos incluido en este listado.

Las fiestas de la princesa Margarita (3×02 y 3×09)

(Fuente: Netflix)

Una de las ideas a las que siempre regresa The Crown es que la princesa Margarita podría haber disfrutado más del papel de reina que su hermana Isabel. En los eventos sociales se ve la diferencia entre sus personalidades, pero esas restricciones de la que se queja la princesa, que siempre ha estado frustrada por no poder ocupar un papel más relevante ni casarse con quien habría querido, son precisamente las que, paradójicamente, le permiten tener la libertad de disfrutar de una vida social más plena.

Así lo demuestran las fiestas en las que la vemos en esta temporada, bailando y cantando rimas con doble sentido junto al presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, o en su aventura en el jardín de las delicias junto a su amante de temporada, Roddy Llewellyn.

La lágrima de la reina (3×03)

(Fuente: Netflix)

Aberfan también tiene más de un momento (y más de tres) para destacar, como la secuencia de inicio, que deriva en el conocida tragedia de 1966, en la que fallecieron 168 personas, de las cuales 144 fueron niños; la audiencia con el primer ministro; o el pañuelo que Isabel II se acerca a los ojos en pose compungida en cuanto se enfrenta a los flashes de las cámaras.

Tal como se indica en la cartela del final del episodio, el retraso de su visita es uno de los mayores arrepentimientos de la reina y, el retrato que se hace de este hecho en la ficción, no intenta suavizar las razones que lo motivaron. Por lo que implica, por lo que sabemos de la represión de muestras afectivas del personaje, y por el “momento Emmy” de Olivia Colman, nos quedamos con esa única lágrima que deja caer en el momento preciso en la última escena.

La historia de la princesa Alicia de Grecia y Dinamarca (3×04)

(Fuente: Netflix)

Por la estructura elegida para narrar esta historia, y por el personaje en el que se centra, Bubbikins, el episodio en el que conocemos a la madre del duque de Edimburgo, se ha convertido en uno de mis episodios favoritos de esta temporada (y probablemente de la serie).

Está repleto de pequeños momentos, entre los que me costaría elegir solo uno (así que no lo haré), como la ilusión con la que la princesa Ana escucha a su abuela, cuando hace que ocupe su lugar cuando llega el periodista y, por supuesto, conocer el resultado de la entrevista, a través de los extractos de la bonita publicación que lee su hijo; un reconocimiento público y privado muy necesario para el personaje.

La grabación del documental (3×04)

(Fuente: Netflix)

En el mismo episodio, asistimos a la grabación de un documental sobre la vida la familia real con el que se pretendía mostrarlos cercanos y contrarrestar la narrativa antimonárquica que se estaba instaurando, para demostrar que el dinero que recibían del pueblo era acorde con el valioso trabajo que realizaban.

Verlos tan antinaturales frente a las cámaras, sin saber comportarse como personas normales (porque no lo son), ni como una familia, y tampoco una trabajadora, ofrece unos momentos de humor que solo se ven superados por las críticas que recibe después de su emisión y la decisión de la reina de borrar su existencia de la faz de la tierra.

La relación del príncipe Carlos con su tutor en Gales (3×06)

(Fuente: Netflix)

La misión política que se le encomienda a Carlos antes de su coronación como príncipe de Gales parecía un mero trámite que ninguno de los implicados tenía ganas de hacer y que los iba a dejar descontentos a todos. Sin embargo, el retrato que hace el episodio de la relación que se desarrolla entre él y su tutor asignado, Edward Millward, se convierte en una de las tramas más satisfactorias de la temporada, que culmina con un discurso de coronación muy personal, que habría hecho saltar las alarmas de su familia, si hubieran entendido una palabra de lo que estaba diciendo en ese momento.

Villanos de telenovela (3×09)

(Fuente: Netflix)

Una de las cosas que más me gusta de The Crown es que es un (carísimo) drama histórico y también uno familiar; a veces, es una trama de espionaje; en otras, una intriga política; y que también es un culebrón.

La imagen que acompaña este apartado, en la que Carlos y su tía Wallis (Geraldine Chaplin) observan a la familia vestida de negro, mientras son observados a su vez por ellos, me recordó a la alienación de un grupo de villanos, que podrían ser de cualquier película, pero que encajan en lo telenovelero, por la escena previa: la de la conspiración a la luz de la chimenea, en la que todos decidieron que la relación de Carlos y Camilla no podía continuar.

La última audiencia de Harold Wilson (3×10)

(Fuente: Netflix)

Tal como nos recordaba la princesa Margarita en esta temporada, Isabel II es una constante, porque ha visto pasar por su sala de audiencias a siete primeros ministros distintos, mientras ella siempre está ahí, sentada en la misma postura, como si no existiera fuera de esas (altísimas) cuatro paredes.

En esta temporada vimos cómo evolucionó su relación con Harold Wilson, desde la distancia esperada, protocolaria e ideológica de sus primeros años de mandato, hasta que presenta su renuncia por problemas de salud, momento en el que manifiestan un sentimiento mutuo de amistad y afecto que se verá oficializado en una futura cena en el palacio de Buckingham, honor que solo le había sido concedido anteriormente a Winston Churchill.

‘The Crown’ está disponible en Netflix.

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