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‘The Morning Show’ y el episodio del MeToo que resignifica la temporada

‘Lonely at The Top’ (1x08) cierra bocas, abre los ojos, y reclama su lugar como uno de los mejores episodios del año

(Fuente: Apple TV+)

Esta columna se ha escrito después de ver el episodio 1×08 de ‘The Morning Show’, pero se ha omitido el nombre de un personaje. No contiene spoilers.

Menos mal que seguí viendo The Morning Show a pesar de que sus tres episodios de estreno no fueron la mejor carta de presentación. La historia que cuenta la serie de Apple TV+ fue reescrita cuando entró Kerry Ehrin como nueva showrunner en abril de 2018, para introducir la trama del MeToo que protagoniza Steve Carrell, y en esos primeros episodios se nota que hubo reajustes durante el proceso.

O eso es de lo que nos convencimos al tener en la mano esta información de detrás de cámaras. Durante varias semanas tuve la sensación de que el personaje de Mitch (Carrell) no estaba bien desarrollado; sentí que la serie emitía algunos discursos turbios sobre las denuncias del MeToo, y que se posicionaba a su favor. Entonces llegó Lonely at The Top (1×08) y me tapó la boquita.

El episodio en cuestión es un flashback que pone las piezas en su lugar y nos deja ver en todo su esplendor cómo funciona la cultura que ha permitido que, hasta octubre de 2017 (momento en el que se inició la revolución con las denuncias públicas a Harvey Weinstein), los abusos de poder y el acoso sexual reinaran campantes en los entornos laborales.

Verlo produce una sensación curiosa e incómoda, porque durante esa hora de televisión la pantalla se convierte en un espejo. Con nuestra mirada deconstruida de hoy, inmediatamente sentimos repulsión al escuchar los comentarios de Mitch sobre lo bien que le queda el vestido a una de las empleadas de producción a la que le gustaría ver desnuda, pero hasta hace unos años estábamos tan acostumbrados a que la vida era así, que cuando sus compañeros de trabajo le ríen las gracietas, en realidad nos estamos viendo a nosotros mismos, porque hasta hace unos días vivíamos en ese mundo. (Gracias, #MeToo).

(Fuente: Apple TV+)

Como en American Bitch, aquel magnífico episodio de Girls, en el que Lena Dunham exploró las complejas dinámicas del consentimiento, que es considerado tácito (o ni siquiera planteado) por parte de quien está en situación de poder, este episodio de The Morning Show nos muestra una situación similar y lo hace de forma sobresaliente a nivel técnico, narrativo y al otorgar el punto de vista a la víctima.

Para Mitch fue una noche más de su vida y está convencido de que no ha hecho nada mal, porque no la ató a la cama ni la amenazó con una navaja, pero la otra persona carga con las secuelas psicológicas y el sentimiento de culpa por creer que profesionalmente ha llegado a donde está por una cosa ajena a su talento; y queda claro que lo tiene.

Después de ver este episodio se resignifican muchos momentos de la temporada: la conversación entre Mitch y Dick, el conflicto interno de Alex, el temor de los directivos de que se haga público que conocían la existencia de un problema, y también el miedo en el rostro de un personaje cuando recibe la visita de Mitch para cobrar lo que él considera una deuda pendiente. Ahora lo entendemos todo.

Mientras yo estuve subestimando The Morning Show durante semanas, me distraía con la peluca de Reese Witherspoon, y ya la había aceptado como un espectáculo entretenido y vacío que, de vez en cuando, tenía alguna escena decente, la serie esperaba pacientemente, porque sabía que iba a llegar el momento en el que tendría que tragarme mis palabras y pasarlas con una copita de cava de la fiesta del cumpleaños 50 de Mitch. Si habíais dejado la serie, os aviso que es hora de volver.

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