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Todas las series son políticas

No hay que contar una historia ambientada en la Casa Blanca para hablar de política

Adrian Boseman, Liz Reddick y Diane Lockhart, en ‘The Good Fight’. (Fuente: CBS)

Una serie no es política porque se ambiente en los pasillos de Moncloa. Mostrar el día a día de un ministro como Juan Carrasco no quiere decir nada en ese aspecto porque, en realidad, todas las series son políticas. Elegir a un determinado protagonista por encima de otro y narrar una historia concreta son tanto declaraciones políticas como que el presidente Bartlett pronuncie un discurso sobre inmigración. Scandal ya estaba mandado un mensaje simplemente al hacer que Olivia Pope fuera una mujer negra con poder.

De The Good Fight se ha dicho que esta temporada 3 es más una columna de opinión que una serie, en parte por esas cancioncillas que explican qué es un acuerdo de confidencialidad, quién era Roy Cohn o que satirizaban la narrativa de Melania Trump como Primera Dama inmigrante (es eslovena), pero la creación de los King no se ha arrugado en ese frente desde su primer capítulo. Situarse en un bufete de abogados mayoritariamente afroamericano es una declaración de intenciones que colorea todas las historias que se cuenten después. Es ahí donde se ve que es una serie política, en las discusiones de sus empleados sobre si hay cuestiones raciales detrás de la disparidad salarial entre los abogados de tercer año más que en las actividades de ese grupo clandestino de mujeres liberales que quiere hacer algo para evitar nuevas victorias electorales de Trump.

La serie de Diane Lockhart, de todos modos, trata habitualmente con políticos, del mismo modo que lo hacía The Good Wife, por lo que no es raro que se meta en el saco de “ficciones políticas”. ¿Qué pasa con las que están alejadas de ese mundo? Pues que también lo son, a su manera. Gentleman Jack, por ejemplo, es un drama de época que cuenta una historia de amor y pinta un retrato más amplio de cómo era la vida en una finca noble del campo inglés en el siglo XIX. Nada de eso parece una toma de partido política, pero lo es porque su protagonista es una mujer con tierras, independiente, enérgica y decidida a vivir libremente su identidad y a cumplir su deseo de casarse sólo por amor, lo que quiere decir que lo hará con otra mujer. El modo en el que vemos a Anne Lister ,y cómo el resto de personajes reacciona a ella, es ya una declaración de intenciones.

Como también lo es que una ficción juvenil como SKAM España lance dos clips en los que, primero, dos chicas se besan en plena calle y, después, un chico sufre una agresión homófoba. La reacción de ellos, de sus amigos, el modo en el que se presentan ambas escenas, están dejando bien claro un mensaje. Mostrarlo ya es política, como lo es que el protagonista de otra serie sea un hombre que soluciona sus problemas a golpe limpio. Sí, todo es jodidamente político, como cantaban Skunk Anansie.

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Jorge, Don Carlos y C.J. hacen el draft de las mejores series políticas de todos los tiemposfueradeseries.com

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