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‘Better Things’ y un insulto que no tiene traducción al español

De zorras, feministas, la reapropiación de palabras peyorativas, alguna historia etimológica curiosa y una confesión

Mikey Madison, como Max, en una foto promocional de la temporada 4. (Fuente: FX/Pamela Littky)

En el episodio de Better Things de la semana pasada (4×04) se dijo la palabra “cunt” 15 veces en una escena. Una escena maravillosa, por cierto, como toda la serie (¿por qué no estáis viendo la serie de Pamela Adlon?). Para muchos, cunt puede parecer un insulto más, de hecho, la traducción en los subtítulos de HBO España fue “zorra”.

Aunque el sentido de la escena mantiene la progresión dramática y la resolución funciona, se pierde intensidad con respecto a la versión original, porque para los estadounidenses, cunt es una de las palabras más ofensivas de su lengua, tanto, que para referirse a ella muchos usan la expresión C-Word, como hacen con la N-Word, aunque esta última tiene historia de opresión y unas connotaciones sociales y políticas muy serias.

La traducción literal de cunt sería “coño” y que se considere una afrenta no tiene que ver con una forma de hablar vulgar. No fue hasta el siglo XVII cuando adquirió una carga obscena; en la literatura medieval cunt campó a sus anchas como un sustantivo que se refería al aparato reproductor femenino de una forma más o menos neutral y que, como adjetivo, se usaba para describir algo inteligente, inusual o bello. Etimológicamente, la palabra está conectada con Cundi, una diosa poderosa (también con country, kind o cunning); históricamente siempre estuvo asociada al poder femenino, hasta que se convirtió en motivo de vergüenza.

¿Por qué? Algunos diréis “ya estamos otra vez con el tema”, pero sí, amigas, son las cosas del patriarcado. La misoginia ha echado raíces en toda nuestra cultura desde el principio de los tiempos y, por supuesto, también en el lenguaje, porque ya me diréis qué lógica hay en usar “coño” como un insulto, pero como todo lo que tiene que ver con la mujer se sexualiza, se pervierte o se teme (holi, Satisfayer), se fue convirtiendo en esa cosa que no se puede nombrar y que, sobre todo las mujeres, no se atreven a decir.

En la traducción de Better Things tradujeron el término como “zorra”, que sería lo que más se acerca a la idea general del insulto, porque la traducción literal aquí carece de sentido. Y zorra nos vale perfectamente como ejemplo para esto de lo que estamos hablando, porque ya sabéis qué implicaciones tiene cuando se usa para describir a una mujer, pero cuando decimos zorro estamos hablando de alguien muy astuto. Si lo pensáis, hasta para insultar a un varón siempre termina saliendo esquilada la mujer. Un respeto a las prostitutas y sus hijos.

La mejor solución para quitarle poder a las palabras, es reapropiarse del término para revertir su significado peyorativo. La reapropiación de los insultos es un acto de reivindicación política con la que se abraza aquello con lo que otros pretenden estigmatizarnos; si el colectivo insultado pasa a autodenominarse con el término con el que se le intenta ofender, el insulto pierde todo su poder.

Un ejemplo curioso de reapropiación es el de “feminismo”, porque antes de ser una etiqueta política, feminista era un insulto dirigido a los hombres. En Un apartamento en Urano (Paul Preciado) aprendí que la palabra feminismo la acuñó el médico francés Fanneau de La Cour en 1871 para referirse al cuadro clínico que presentaban algunos hombres enfermos de tuberculosis, a los que se les caía la barba, les crecían las pestañas y se les redondeaban las facciones; el buen señor decía que sufrían de feminismo, porque parecía que se feminizaban, y eso era peor que la tuberculosis.

Un año después, Alejandro Dumas, el hijo del autor de Los tres mosqueteros, que también era escritor, retomó la palabra feminista en un folletín titulado El hombre-mujer para referirse con desprecio a los hombres que apoyaban la causa sufragista. Según él, los hombres que simpatizaban con la lucha de las mujeres por sus derechos sufrían de feminismo, lo que quería decir que habían perdido su virilidad y se habían feminizado, como los tuberculosos. Unos años más tarde, en 1881, la sufragista francesa Hubertine Auclert se reapropió del término feminismo para usarlo en el sentido político con el que hoy lo conocemos.

En algunos círculos feministas se ha hablado de que el colectivo se reapropie del término “feminazi”, porque ese es el camino más fácil para desgastar el insulto y restarle poder. El señoro Rush Limbaugh, responsable de haber acuñado el término, al equiparar la defensa de los derechos reproductivos de la mujer y el aborto libre con el Holocausto, nos fastidió bien, porque, claro, yo no soy capaz de definirme con una palabra asociada con el nazismo por muy reivindicativa que me quiera poner. Por ahora, me basta con seguir explicando que feminismo no es lo opuesto al machismo. Mimimimi.

“Ni machista ni feminista”
Esta postura indefendible solo puede nacer de la ignorancia, o de la perversidadfueradeseries.com

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