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Crítica: ‘Feud: Bette and Joan’ 1×06 — Tener el control

En ‘Hagsploitation’, los personajes se rebelan e intentan gobernar sus destinos

[Este artículo contiene spoilers del episodio 1×06 de ‘Feud’]

Esta semana, retomamos la historia durante la promoción de la película Strait Jacket que protagonizó Joan Crawford, aproximadamente un año después de la gala de los premios Óscar de 1963. Un episodio que casi podría considerar de transición y, sin ser mi favorito o, para ser honesta, siendo el que menos me ha gustado, tiene varios momentos para comentar.

Si tengo que elegir el tema central que salpica todas las tramas de Hagsploitation, sería la necesidad de los personajes de retomar el control sobre sus vidas y así los vemos a todos, plantándole cara a aquello (y aquellos) que habían permitido que los menospreciaran, utilizaran o decidieran por ellos.

Joan

Empezamos con Joan. Después de que Hedda (a ella le dedicaremos su propio párrafo más adelante) le haga saber que circula el rumor de que existe una stag film (películas pornográficas producidas de forma clandestina en la primera mitad del siglo XX) suya, Joan acude a la persona que asume es la fuente.

Esta persona es Hal, su hermano, y con esta situación aprovecha la serie para contarnos algo más de ese pasado, esa familia y esa realidad de los que tanto se avergüenza y cuya necesidad de erradicar la llevó a construir la persona que es. Joan va a visitarlo, a pagar el chantaje y a manifestarle su desprecio. Trama que culmina en esa escena en la que, después de recibir la noticia de su muerte por una acongojada Mamacita, Joan llama al banco para anular el cheque que le había entregado el día anterior.

A veces, me da la sensación de que la serie hace mucho esfuerzo en tirarnos a la cara razones para empatizar con Joan, y creo que no hace falta; por lo menos en mi caso. Puede que no apruebe sus actitudes, pero no me resulta tan difícil comprender qué las motiva, cuál es la raíz de sus problemas y de su vanidad enfermiza, puedo ver la persona detrás del personaje.

Tanto esfuerzo veo, que en ocasiones me confunde y, al final, me hace preguntarme si la forma de presentarnos a Joan en contraste con Bette, es una simple cuestión de preferencia por la segunda y que lo que consigue, en lugar de humanizar a Joan, es villanizarla.

Bette

Susan Sarandon aparece poco en este episodio, pero ese poco es suficiente para dejar huella. Ese entretenido montaje en el que se nos muestra a Bob convenciendo a sus actrices de incorporarse al proyecto finaliza con las condiciones que cada una exige para aceptar. Joan, pide destacar en los créditos y más dinero; Bette, pide control creativo sobre el guión y el montaje final.

Es imposible no aplaudir su actitud con relación a la nueva película, quiere controlar el resultado final, y este es precisamente uno de esos momentos de contraste entre las dos protagonistas a los que me refería hace un momento. La superficialidad de Joan y el derrotismo que le impide disfrutar de cualquier situación en la vida (como le recuerda Mamacita cuando le dice que le mandan flores y la invitan a fiestas) es la antítesis de la actitud de Bette.

Claro está, y volvemos a Joan, que el asunto es complicado y juzgarla es atrevido, la vida no se lo ha puesto fácil, es una persona muy insegura y con el ego muy frágil. Cuando en el hotel de Louisiana decide por fin tener una actitud más positiva, se desmorona al instante al escuchar a Bob y a Bette pasándolo bien. Se siente sola. Se sabe sola.

Hedda

Después de ese momento íntimo en el que le confiesa a Joan que ha sufrido un infarto, y que por su condición no será el último, parece que vamos a ser testigos de una de esas escenas en la que un personaje hace repaso de su vida, reconoce sus errores y busca la redención.

Pero Hedda es mucha Hedda. Ella ha abrazado la naturaleza de su juego y no piensa soltarla ahora, si no puede controlar el correcto funcionamiento de los órganos de su cuerpo, seguirá controlando la vida pública de los demás hasta su último aliento.

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Comentábamos la semana pasada la diferencia entre las relaciones de Bette y Olivia en comparación con la de Joan y Hedda. En ese episodio, se confirma lo tóxica que es la segunda, Hedda no acude como amiga para advertirle a Joan lo que está ocurriendo, va a darle la oportunidad de contar su historia porque, si la cinta a aparece, por supuesto lo va a publicar.

Mamacita

“La próxima vez que me tire algo, la dejo. Y entonces, ya no tendrá nada. Buenas noches”.
– Mamacita.

Me encanta su personaje. Ya sé que lo repito cada semana, pero es un acierto como la serie ha conseguido que sea más que una anécdota curiosa, lo ha llevado mucho más allá del alivio cómico y le ha dado entidad. Le permite brillar con pocas escenas en la que nos ha mostrado que es una mujer inteligente y con las cosas muy claras.

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En este episodio en concreto, nos ha demostrado que sabe muy bien lo importante que es para Joan. Es una buena persona y tiene paciencia, pero también amor propio, y hay cosas que no va a permitir. Joan, esperamos que sepas contener tus impulsos melodramáticos, no queremos ver cómo sería tu vida sin Mamacita.

Harriet

“Alguien tiene que hacerlo, y no vas a ser tú. Seguramente, porque tú nunca has dejado de tener una vida. No sé cuándo acabó la mía, pero la voy a recuperar. Y no contigo”.
-Harriet

Aunque el personaje de Harriet ha estado aislado de todas las tramas, siempre le ha dado a su marido el punto de vista reflexivo del que este carece, y que le impide ver más allá de sus berrinches de hombre que se siente emasculado por su superior. Hablando de retomar el control, no puedo obviar que Bob también lo hace, pero como habla de sus pelotas, y su interlocutor es la caricatura que es Jack Warner, lo dejaré aquí simplemente para que conste, pero sin darle mayor importancia.

Es Harriet quien me interesa, y me produce satisfacción saber que ha llegado al punto de tomar la decisión que le permita vivir su propia vida lejos de la sombra de su marido, que tiene la suya lejos del hogar, un lugar en el que ella es su Mamacita personal y no puede realizarse como individuo.

Notas al margen

  • Tuvimos más minutos de Jack Warner siendo Jack Warner, personaje que no ofrece nunca una versión diferente de lo que siempre hemos visto, solo una peor. Como cuando dice que ha descubierto que la razón del éxito de las películas del género hagsploitaiton (o psycho-biddy) es que degradan a las actrices mayores y lo que le perturba es que no tenga la oportunidad de degradarlas él.
  • “Es cinco años mayor que yo y tiene más éxito que nunca”, dice Joan, refiriéndose a George Cukor, director para quien, al contrario que ella, el reloj no marcha en su contra. Y eso que no habla de un actor, que ya sabemos que estamos educados para pensar que a los hombres le sientan muy bien las canas y por eso sus parejas cinematográficas deben tener siempre, como mínimo, 25 años menos que ellos.
  • Otra frase de Joan: “¿Ahora está haciendo televisión? ¿Realmente esa es una cara que el pueblo americano quiere ver en su salón a la hora de la cena? No lo creo”. La serie a la que hacía referencia es Wagon Train, aunque Davies realmente participó en algunos episodios entre 1959 y 1961. Más cercana a la fecha estaría su aparición otra serie, The Men from Shiloh, también del oeste. Joan Crawford también trabajará en series de televisión, y en el episodio de una antológica, dirigido por un director en ese momento muy joven y desconocido. No os cuento más, por si se menciona en lo que queda de serie.
  • Afortunadamente para todos, y a pesar de todo lo demás que va mal, los espectadores de hoy sí queremos ver caras como las suyas en nuestra televisión. Y queremos más.

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