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Criticar series malas no me hace feliz (son gajes del oficio)

Aunque haya guionistas que nos odien por ello

Jay Sherman protagonizaba ‘El crítico’. (Fuente: Gracie Films)

El otro día un productor me llamó “prepotente” en Twitter y después me hizo unfollow. Se sintió aludido por un tuit irónico que puse sobre la falta de capacidad que tienen algunos guionistas para distanciarse de sus productos (¡sus hijos!) y analizar los fallos que les han llevado al fracaso. No me refería en concreto a su caso (han sido muchas las series españolas nuevas que han fenecido en los últimos meses), pero su tono, tan faltón como herido, me subrayó algo que siempre me ha sorprendido: la dificultad de algunos para no tomarse como personal algo que es estrictamente profesional.

Me refiero a las críticas que se hacen desde los medios sobre las series y que son parte del juego. Uno expone un trabajo y otros hablan de él. Pero aquello de que lo importante es que se hable de ti, sea bien o mal, algunos no lo contemplan. Solo escuchan cuando vienen los halagos: entonces abrazan el éxito de crítica de su bebé, especialmente si la audiencia no acompaña (bocatto di cardinale, pensarán). Si es del revés (un desastre para la crítica, pero funciona en audiencia), entonces se escudan en que el respetable es el que manda. Si ni crítica ni audiencia les respalda, entonces que si la abuela fuma. Los malos somos críticos y ellos, cero autocrítica.

Parece que los críticos de televisión españoles seamos unos ogros o unas salvajes bestias deseando que caiga entre sus fauces la siguiente presa para desangrarla y despedazarla. Y yo no creo que esa sea la tónica general y, desde luego, no pienso que sea mi caso. Mi cometido es analizar las series y, según yo entiendo el oficio, a quien me debo es al lector. Única y exclusivamente. No me debo al ego de ningún guionista, por supuesto, pero tampoco al mío propio. Porque no me agrada esa crítica onanística, altiva y lanzarreferentes que solo busca colocarse por encima del bien y el mal y demostrar su clarividencia.

Para mí, el objetivo es tratar de ayudar al usuario a la hora de elegir entre las cientos de series que tiene a su disposición, separar el grano de la paja, sugerir, recomendar, despertar la curiosidad. Y por eso, en tiempos del Peak TV, una crítica nefasta o una desapasionada de poco me sirven. No disfruto cuando una serie es mala por el hecho de poder hacer leña; todo lo contrario, es una hora de mi vida perdida y una información menor para el lector que, como mucho, podrá ahorrarse esa hora de la suya.

Lo verdaderamente bonito de la crítica, para mí, es decirle al espectador que tiene que ver raudo una nueva serie y saber que le acabará gustando o que, al menos, no le he hecho perder su tiempo. Así me hace feliz comprobar que Señoras del (h)AMPA cumple las expectativas (vedla si queréis echaros unas risas con esas madres desquiciadas que propone Telecinco), como me apasiona recomendar Así nos ven, una de las series del año. O hablar siempre que tenga una oportunidad de lo buenas que son Please like me, Killing Eve, A very english scandal, American Horror Story: Roanoke o Desaparecida, por citar algunos títulos que se me agolpan en la cabeza.

Yo creo que no soy sospechoso de tener nada en contra del productor que me insultó. En la última década he escrito bastante, y muy bien, de algunas de sus series. Incluso me caía bien en el trato personal que, hasta el otro día, había sido cordial y amable. Tampoco es que le deba nada. Ni para bien ni para mal. Seguiré diciendo lo que opino de sus series porque es mi trabajo y ojalá tenga cosas buenas que decir. Y lo mismo del resto de series que vayan saliendo, suyas o de otros. Les guste o no. Solo faltaría.

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