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Series de hombres, series de mujeres (y viceversa)

Intentamos avanzar en materia de género, pero seguimos siendo muy reduccionistas con la ficción

¿Una serie de amor es automáticamente una serie “de mujeres”? (Fuente: Movistar+)

Los niños van de azul y las niñas van de rosa, los niños juegan a la pelota y las niñas a las casitas. Afortunadamente ese planteamiento ya nos suena a obsoleto, pero pasada la edad escolar, en pleno 2019, seguimos utilizando la distinción de género para categorizar las series -y otros productos culturales- que vemos. Series de hombres y series de mujeres. Por favor.

Las series de hombres tienen tiros y explosiones y en las series de mujeres lo que importa es el amor. Y de ahí p’alante. Podría parecernos igual de anticuado que lo de los niños, de no ser porque las cadenas siguen fijándose en sus análisis de audiencia el género de los espectadores (y obviamente no es tan simplón el resultado como pudiese parecer) y también es importante para las plataformas y sus algoritmos.

Se sabe que Netflix nos mete en grupos según las cosas que hemos visto y, en función de eso, nos ofrece unas cosas u otras y no las vende con unas imágenes u otras. Lo que no se sabe es cómo se llaman esos grupos, pero intuyo que serán de lo más políticamente incorrecto (“marujas”, “mariquitas”, “negros”, “se cree cinéfilo por ver dos de Tarantino” y “señoros que fuman puro” son algunas de mis apuestas). Que si ves RuPaul’s Drag Race te meten en un loop infinito de series con personajes LGTB (e intentan colarte Special como buena) y de previews de tíos cachas (Miguel Herrán en bolas para venderte Élite), por ejemplo. Es la sofisticación del big data para acabar reducidos a lo mismo de siempre, espectadores-cliché.

Pero luego llega el espectador real y desmonta toda esa teoría del target. Que tú puedes estar llorando como una magdalena viendo a señoras de época que sufren mucho y tu madre enganchada a un thriller escandinavo. Señoras de Murcia viendo travestís de Chicago y series teen con un público medio de 35 años. Porque a todos nos gusta lo nuestro y lo cercano, pero también lo opuesto, lo que nos reta y lo que nos intriga. Y, básicamente, todos queremos LO BUENO, independientemente de nuestra genitalidad o del constructo social de género con el que nos identifiquemos.

No obstante, en esta cuestión del género de las series somos los periodistas los primeros que tenemos que replantearnos las cosas. Hablamos sin pelos en la lengua de que Las chicas del cable es una serie femenina o de que Brigada Costa del Sol solo podría gustar a los hombres. O lo que es peor, si una serie como La otra mirada está protagonizada por mujeres, asumimos que su público son mujeres. No seamos tan reduccionistas. Yo hace unos días preguntaba a un ejecutivo de Movistar+ si las series originales que venían no eran todas muy masculinas (La unidad de polis, la serie de antidisturbios de Sorogoyen, los bandoleros de Urbizu…) y no se estaba atendiendo a otro tipo de historias. Me dijo que tenían también Velvet, Instinto, Vida perfecta, El embarcadero

Entonces me dí cuenta de una cosa. Al igual que pasa en la sociedad, donde el patriarcado establece que lo masculino es la norma, cuando se abordan series “femeninas” siempre se tira de lo mismo: series de romance, series emocionales, series en las que ser mujer es el tema o series de mujeres adelantadas a su tiempo que las pasan putas. Las series generales suelen ser de hombres con alguna “mujer fuerte” en el reparto. Una policía en un mundo de hombres.

Seguimos vestidos de rosa y azul. Y, de verdad, qué pereza. Yo quiero vestirme como me da la gana.

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