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‘Will y Grace’ se quedaron anclados en los 90, para esto no hacía falta volver

Los protagonistas de la serie reprodujeron ideas arcaicas y dañinas sobre la bisexualidad en su último episodio

(Fuente: IMDB)

La primera etapa de Will y Grace, que estuvo en antena desde 1998 hasta 2004, tuvo un gran impacto cultural en la televisión de Estados Unidos. Fue la primera serie de televisión en abierto y en horario de máxima audiencia protagonizada por personajes abiertamente homosexuales (a Ellen Degeneres la habían condenado al ostracismo en 1997), y años después, Joe Biden, mientras ocupaba el cargo de vicepresidente, la citó como una influencia positiva en el pensamiento del país en materia de derechos LGBT: “Creo que Will y Grace hicieron más para educar al público americano que casi cualquier cosa que nadie ha hecho nunca”.

Sus méritos han sido reconocidos incluso por el Instituto Smithsoniano, donde se incluyó una serie de objetos de la serie dentro de la colección de Historia LGBT que hay en sus instalaciones, pero 15 años después del final de la que entonces fue su última temporada, los espectadores que han visto el episodio titulado Bi (11×09) del revival que está actualmente en emisión, hemos asistido perplejos a una situación a la que resulta difícil encontrarle explicación.

El mundo ha cambiado mucho, sobre todo en los últimos años, especialmente desde 2017, el año en el que la serie empezó su nueva etapa, pero los personajes de la serie parecen haberse quedado estancados en el siglo pasado. En el episodio en cuestión, salen de la boca de los protagonistas las ideas más arcaicas sobre la bisexualidad. A un joven que les acaba de decir que es bisexual le responden que no, que es homosexual y que si ha elegido estar con una mujer ha sido solo por la presión social; que la bisexualidad no existe, que es como quien dice que le gustan los perros y los gatos “¡elige uno de los dos!”; y que las letras BQ y de la sigla LGBTQ son las personas que aún no han decidido si son L o G.

Mientras todo eso está ocurriendo, y con el patinazo del final de la temporada pasada con el “homenaje” al episodio de la salida del armario de Ellen en el aeropuerto aún fresco en la memoria, los espectadores estamos esperando que llegue el momento en el que descubramos por fin qué era lo que nos querían contar con esta trama. Queremos pensar que estamos siendo impacientes y que todo esto va hacia algún lado, confiamos en que realmente van a aprovechar la plataforma para algo positivo. Pero ese momento nunca llega.

Al final, los personajes admiten que han sido intolerantes y que están dispuestos a aprender, pero no vemos que ocurra tal cosa. En ningún momento se disculpan con la persona a quien acaban de invalidar y no hay ninguna indicación de que hayan aprendido nada, más allá de que seguramente en el futuro se guarden sus propias opiniones, porque “somos viejos y nos hemos quedado atrás”, como si la bisexualidad fuera un descubrimiento tecnológico del siglo XXI.

Si lo que querían era mostrar que no importa lo abiertas que creamos que tenemos nuestras mentes, siempre estamos en proceso de aprendizaje porque tenemos algunos vicios culturales muy interiorizados, el plan no les salió bien, hizo falta más. Algo parecido ocurrió esta semana en Operación Triunfo, cuando un profesor propuso un ejercicio que fomentaba la transfobia; hubo disculpa oficial, pero la persona que cometió el error se convirtió en la víctima: “no entiendo cómo a mí precisamente se me haya podido escapar algo así”.

A pesar de haber sido una plataforma normalizadora de la cultura gay en el público mainstream en su momento, Will y Grace, como digna hija de su tiempo, no consiguió escapar de muchos estereotipos de la vida gay y su representación de las otras identidades del colectivo fue problemática (o nula, en el mejor de los casos), por eso, su vuelta parecía una buena oportunidad para corregir algunos errores del pasado, y lo que ha pasado es justo lo contrario. Para esto no hacía falta que volviera.

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