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La agotadora gallina de los huevos de oro llamada ‘Juego de Tronos’

(Fuente: HBO)

Hasta la reciente moda de revivir series con un reboot o un spin-off, salvo honrosas excepciones, las producciones televisivas terminaban y se despedían de su audiencia. Y la vida televisiva seguía, los espectadores encontraban otra producción a la que aficionarse y, si merecía la pena, la guardaban en su memoria para siempre. El ciclo de la vida llevado a la pequeña pantalla, sin traumas, porque hubo un tiempo en el que lo que importaba era terminar con dignidad y no tratando de exprimir un producto hasta que la audiencia se retiraba agotada.

En HBO supieron ceñirse a los cánones de la narrativa con producciones tan exitosas y valoradas como A dos metros bajo tierra o The Wire, e incluso con Los Soprano hasta que hace unos años alguien se encaprichó con la necesidad de una precuela en forma de película. Esta ha sido la excepción de una estrategia de canal que parecía más interesada en proponer a sus suscriptores nuevas producciones que en seguir engordando universos creativos que se estrenaron, triunfaron y terminaron.

En 2011 llegó el estreno de su producción más exitosa, esa que en ocho años de emisión se convirtió en una fiebre mundial que se veía grupalmente en bares de todo el mundo, con la que se trasnochaba para no correr el riesgo de comerse spoilers y de la que sus tramas se analizaban hasta la extenuación y se utilizaban como referencia para explicar la actualidad. Juego de Tronos fue, porque tenía los medios para ello, un fenómeno difícilmente igualable, el sueño húmedo de los directivos de televisión cuya mayor aspiración desde entonces es poder conseguir, con razón y no solo con titulares, que su último estreno sea “la nueva Juego de Tronos”.

(Fuente: HBO)

En la compañía creyeron que el camino más corto para repetir su apabullante éxito no era seguir su trayectoria previa, lanzando nuevas historias, sino apostando por ese universo de dragones, familias enfrentadas y meditadas venganzas. Y antes de que la producción se despidiese, en 2019, comenzaron a trabajar en el desarrollo de ficciones ambientadas en el universo creado por George R. R Martin. Esas que, bajo su título y como inseparable coletilla, iban a llevar siempre “la precuela/el spin-off de Juego de Tronos”.

Dos años después del final de la serie, uno de los cuales la industria ha estado prácticamente detenida por culpa del coronavirus, los deseos de HBO de seguir explotando su gallina de los huevos de oro son apabullantes. A la ya confirmada precuela que llevará por título House of the Dragon y que está previsto que HBO Max estrene en 2022, en las últimas semanas los medios norteamericanos han anunciado el desarrollo de un proyecto animado y tres precuelas: una ambientada en Lecho de Pulgas, otra sobre la Princesa Nymeria de la Casa Martell y la que se centrará en Corlys Velaryon, apodado como la Serpiente Marina y considerado el mejor marino de la historia de los Siete Reinos. A todas ellas habría que sumar Los Cuentos de Dunk y Egg, basados en los relatos que el propio Martin ambientó en Poniente.

Las cinco producciones están pendientes de confirmación por parte de la cadena, aunque el desembarco internacional de HBO Max y el deseo de seguir los pasos de plataformas como Disney con universos como el de Star Wars o Marvel hacen que esta estrategia “tronera” tenga sentido empresarialmente. La cuestión es si lo tiene de cara a la audiencia. Y no solo porque es una osadía querer igualarse a las sagas mencionadas, en las que mucha gente ha trabajado durante décadas, sino porque Juego de Tronos no se fue precisamente por todo lo alto y el tiempo puede ser un factor demasiado importante.

(Fuente: HBO)

Resulta sorprendente que, con las prisas que se dieron por acabar de aquella manera la serie original, HBO vaya a tardar tanto en lanzar su primera serie derivada, y quién sabe cuantos años más para los rumoreados nuevos proyectos. Puede que esta sea una estrategia de despiste, que la verdadera intención sea que la audiencia se olvide del amargo sabor de boca final y que cuando se estrene House of the Dragon todos recordemos los buenos momentos y no la frustración que produjo el mal llevado desenlace. Pero, al igual que esperas que la audiencia se olvide de lo malo, también puede pasar que la audiencia se olvide de lo bueno, y cuando las marquesinas se llenen con los carteles de la nueva producción, y el consiguiente “la serie derivada de Juego de Tronos”, a la gente le importe un carajo lo que pase con esa historia que le dio tan buenos momentos… Hace tanto tiempo.

Lo peor para la compañía no es que su primer estreno derivado tenga que atraer al público que se quedó con ganas de más dragones y más soldados achicharrados con la serie original, es que la producción tiene que ser lo suficientemente buena como para que, por lo menos, las que vengan detrás no queden marcadas por la falta de interés o, en el peor de los casos, por que no cumpla las expectativas de los más entusiastas del universo creado por Martin. Y aunque de todas las historias posibles se han decantado por la más espectacular, por aquello de los dragones, al igual que se espera que el suscriptor tenga ganas de verla porque “es la serie derivada de Juego de Tronos” también se arriesga a que el espectador, después de probarla, opine que “era mejor Juego de Tronos”.

A la plataforma también le vendría bien emitir una nota de prensa y confirmar en cuantas series está trabajando. Porque el interés informativo que despierta Juego de Tronos, y que los medios conocen y explotan muy bien, juega en su contra y puede terminar agotando al espectador más motivado. Leer cada dos meses que HBO prepara una (otra) serie sobre su pelotazo internacional tiene más probabilidades de confundirle que de despertar verdadero interés. Si además Martin tiene sus propias inquietudes profesionales, que no pasan por acabar la saga literaria y sí por llevar los tronos a Broadway, casarse con HBO o lo que se preste, la sensación de vivir en un bucle informativo en el que siempre hay en marcha un proyecto relacionado con Poniente termina siendo irritante. Vivimos en una época en la que el chorreo informativo de estrenos, cancelaciones y nuevos proyectos es constante y el mar de rumores puede terminar desdibujando las verdaderas noticias. Y, como si del cuento de Pedro y el lobo se tratase, para cuando tengas algo verdaderamente importante que contar quizá ya no le importe a nadie.

Si la estrategia de HBO tiene éxito o no, solo el tiempo lo dirá. Lo que es innegable es que cuando Juego de Tronos se despidió, Netflix era la única plataforma que le comía la tostada en las entregas de premios y en interés a nivel mundial. Y cuando regrese con una de sus series derivadas, Disney+ ya habrá lanzado una docena de producciones sobre sus sagas de cabecera y habrán surgido otras plataformas, pero el tiempo de ocio del que dispone el espectador seguirá siendo el mismo. A todos nos ha pasado, lo que era una idea brillante hace tres años puede no ser tan buena hoy.

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