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Series de tacitas y sombreros: por dónde empiezo a ver dramas de época

El “costume drama” es un género que despierta muchos prejuicios injustos

Colin Firth y Jennifer Ehle, en una producción de ‘Orgullo y prejuicio’ de BBC en 1995. (Fuente: BBC)

Series “de tacitas”. Lo que parece un término despectivo, en realidad, es una expresión de amor por un género, el drama de época, que suele congregar bastantes prejuicios entre espectadores que creen que van a ver una colección de clichés sobre hermosas jóvenes que se enamoran de hombres distantes que, al final, resultan no serlo tanto. Aunque, en realidad, esas historias son sólo una parte de todas las que pueden entrar en este género, sinónimo de adaptaciones de grandes clásicos de la literatura de los siglos XVIII, XIX y principios del XX y que, en su mayoría, provienen de las televisiones británicas.

Pero, como decimos, eso sólo es una parte de lo que abarca lo que en el Reino Unido se denomina costume drama, o “drama de disfraces” si nos ponemos literales. Se refiere a producciones ambientadas en el pasado, lo que requiere un esfuerzo de vestuario mayor del habitual, y aunque podemos asociarlas a vestidos de corte imperio y sombreros de copa, es un género que abarca períodos históricos más amplios que sólo los que se recogen en las novelas de Jane Austen y Charles Dickens. De hecho, dos de las cimas del género, Yo, Claudio y Retorno a Brideshead, tienen lugar en la Roma clásica y la Inglaterra de los años 30, respectivamente.

A lo largo de la historia, el drama de época ha alumbrado grandes producciones televisivas, y hay que reconocer que sí que suele fijarse bastante en las costumbres sociales del momento, y en cómo influyen en los viajes personales de sus protagonistas. Si queremos ser puristas, y separar estas series de los dramas históricos, podríamos decir que las segundas están más interesadas en reflejar un período de la Historia, o un hecho concreto, de una manera más o menos rigurosa, aunque sus personajes sean ficticios. Pero, en realidad, todas son dramas de época.

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¿Y por dónde podemos empezar a ver estas series si nunca nos hemos asomado a ninguna? Ésa es la gran pregunta, una que no tiene una única respuesta.

Los dramas de época modernos

En los últimos años, estas ficciones han buscado ofrecer un algo extra a los espectadores, algo que las distinga de la multitud de series que se producen todos los años. Puede ser una superproducción lujosa como la última adaptación de Guerra y paz de BBC o algo que una una labor de ambientación impresionante con unos grandes guiones e interpretaciones, como es el caso de Wolf Hall. La miniserie cuenta el nacimiento del anglicanismo no a través de Enrique VIII y sus mujeres, sino de su principal asesor, Thomas Cromwell, un inteligente hombre que acabó enemistado con el rey.

Unos valores de producción de alto nivel pueden ser una buena excusa para empezar nuestra toma de contacto con el género por ahí. Por otro lado, también podemos optar por algo que subvierte la manera en la que se cuentan estas historias apostando por un estilo cámara en mano mucho más inmediato, como hace The Knick. Nos lleva hasta un hospital en Nueva York en 1900, pero Steven Soderbergh la rueda como si fuera un drama social del siglo XXI. Y en esa línea de dar toques diferentes a estas historias, tampoco hay que olvidar Britannia, o la conquista de Gran Bretaña por parte de los romanos pasada por la psicodelia.

Los dramas de época más recientes intentan que no puedan ser percibidos como “apolillados” buscando esos giros estilísticos o contando historias que, hasta ahora, no se habían tocado en televisión. Las prostitutas de Covent Garden en el siglo XVIII de Harlots son uno de esos temas.

Una imagen de la segunda temporada de ‘Harlots’. (Fuente: COSMO)

El tratamiento visual de estos dramas ya no es el limpio y estático (y más teatral) de antaño, sino que ahora se busca transmitir más la realidad de cómo era la época. También puede buscarse potenciar algún aspecto del relato de ese modo, como hacía The crimson petal and the white con la sordidez de los bajos fondos de Londres y la hipocresía moral victoriana.

No obstante, para encontrar la miniserie que adentró al género por otros caminos estilísticos habría que irse a 2005 y a Bleak House, adaptación de una novela de Charles Dickens que apostaba por una estética más oscura, unos planos con composiciones más “sucias” y una velocidad narrativa digna de las telenovelas, y cuyos mandatos se siguieron después, hasta cierto punto, en otra adaptación de Dickens, Little Dorrit, que fue la primera toma de contacto de la televisión con Claire Foy.

Los clásicos

Dickens, de hecho, es uno de los autores más populares si entramos en el terreno de los costume dramas que tiran de clásicos de la literatura. Entre él y Jane Austen, las cadenas británicas han llenado horas y horas de programación, y esas series son las que se acaban asociando más al concepto de “drama de época”. También pueden ser una puerta muy cómoda al género, especialmente para sacudirse los prejuicios de que están llenas de clichés o que son meros folletines.

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No hace falta que nos pongamos muy puristas y busquemos las miniseries de los 70. Si queremos iniciarnos con un gran clásico relativamente reciente, el inevitable es Orgullo y prejuicio, la adaptación que el guionista Andrew Davies (el gurú de este género) hizo para BBC de la obra de Jane Austen. Convirtió a Colin Firth en una estrella y mantuvo el humor, y el énfasis en el dinero, del libro original, y su sombra se deja notar en cualquier nuevo intento de llevar la obra a la pantalla, hasta en el caso de la película dirigida por Joe Wright en 2005.

Romola Garai, como Emma. (Fuente: BBC)

De Austen hay muchas versiones, pero para una mera iniciación nos quedaremos con otras dos: Emma, de 2009, con una Romola Garai fantástica y muy divertida, y una tv movie de La abadía de Northanger que exprime al máximo el humor de la obsesión de su protagonista por los romances góticos, y que fue también el primer trabajo de Felicity Jones.

Estos dramas de época también sirven, a veces, para descubrir (o redescubrir) a autores que son menos conocidos fuera del Reino Unido. Es el caso de Elizabeth Gaskell, de la que hay dos adaptaciones imprescindibles. Una es Norte y sur, una crítica a los cambios sociales que trajo la industrialización del XIX con el envoltorio de una historia de amor entre una joven del sur rural que se muda al norte urbano, y la otra es Cranford, con un encanto a prueba de bombas en su costumbrismo de un pequeño pueblo cuya vida está a punto de cambiar por la llegada del ferrocarril.

Hay multitud de opciones de dramas de época para darles una primera oportunidad porque son mucho más variados de lo que puede parecer a simple vista. Ni siquiera Arriba y abajo y su heredera espiritual, Downton Abbey, son tan similares. Poco tiene que ver la mirada realista a la vida en un pueblo victoriano de The Village con el romanticismo de Poldark o el juego metarreferencial de Dickensian.

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Lo que sí es verdad es que no es tan fácil encontrar muchas de estas series en plataformas de streaming. Muchas de ellas sí están editadas en DVD y el resto, pueden verse entre Filmin (donde están disponibles, por ejemplo, Wolf Hall, The Village o Dickensian), Netflix (que tiene Downton Abbey), el VOD de Movistar+ o Vodafone TV (donde pueden verse Harlots o, en el primer caso, Poldark) y HBO España (allí están The Knick y Britannia).

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