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Como si bastara con meter a una lesbiana en tu serie

Muchas veces, la representación de la lesbiana en ficción se aleja totalmente de la realidad

Martina Cariddi y Claudia Salas en ‘Élite’. (Fuente: Netflix)

Hoy, 28 de junio, es un día muy importante y significativo para el colectivo LGTBIQ+ en el que, además de celebrar, también hay que reivindicar todo aquello que todavía nos hace estar lejos de vivir en igualdad. Como lesbiana y, por lo tanto, como parte del colectivo, analizo la forma en la que las lesbianas son representadas en las series de ficción, ese medio tan poderoso para visibilizar y concienciar, que muchas veces nos muestra una imagen errónea de la realidad.

No puedo empezar este artículo de otra forma que no sea hablando de Rebeca y Mencía, la pareja que forman los personajes de Claudia Salas y Martina Cariddi en la recién estrenada cuarta entrega de Élite. Estos días no he parado de ver por redes sociales a personas del colectivo shippearlas llenando mi time-line de Twitter con mensajes como: «Qué monas son». Desde el principio, no entendía que se estuviera alabando esta trama cuando (lo siento, va a haber spoilers) estaba claro que volvíamos a ver a un hombre (el personaje de Andrés Velencoso) metido en una relación entre mujeres. Aunque ambas son bisexuales, el tema no se ha enfocado en que no podían disfrutar de su relación por sí mismas o porque alguna de ellas también se sentía atraída por el personaje de Velencoso, sino que, sin quererlo y por medio de la prostitución y el engaño, este se estaba metiendo de lleno entre ellas. Y no entiendo por qué no se está hablando de esto.

Dos chicas que se gustan comienzan lo que parece una relación, pero, claro, al ser dos mujeres no lo podían tener tan fácil. «¿Cómo hacemos para meterles dramita?», se debieron preguntan los guionistas. «¿Por qué no metemos a un hombre?», debieron responder con una bombilla iluminada en sus cabezas. Ya no es solo que llame la atención que se vuelva a insinuar que una relación entre mujeres no puede funcionar sin un hombre, sino que molesta especialmente lo que hay detrás: que en todas estas tramas haya una visión masculina. Conforme van avanzando los capítulos, el personaje de Velencoso se convierte en una especie de salvador para las chicas: les paga el hotel para que tengan un sitio en el que quedarse, les regala invitaciones para un concierto y, en definitiva, las trata como reinas, algo que ellas consienten (a pesar de que luego se descubren los verdaderos motivos). Aunque el tema de la romantización del putero daría para un artículo aparte, considero que el debate debe establecerse en que otra vez un hombre hetero guapete hace peligrar una relación entre mujeres. Como si las parejas de chicas, sean lesbianas o bisexuales, no pudiéramos vivir nuestras relaciones sin la existencia de alguien del género opuesto.

La problemática representación de esta pareja en concreto no acaba aquí, porque, aunque Élite sí que ha mostrado adecuadamente todo tipo de relaciones heterosexuales, homosexuales y bisexuales, se nota de forma clara la falta de igualdad entre ellas. A lo largo de la temporada, vemos a todas las parejas follar una y otra vez y pasamos de la escena de unos a otros. ¿Y qué vemos de la intimidad de Rebeca y Mencía? Que se dan dos besitos y que cuando intentan ir más allá, les pilla la madre de una de ellas y fin de la historia. Una única escena sexual vemos entre esta pareja en toda la entrega, en la que ni siquiera se ve ni se intuye nada y en la que solamente se las erotiza llenándolas de chocolate. Justamente pasa lo contrario con el trío formado por Omar, Ander y Patrick, que no solo protagonizan un gran número de escenas sexuales, sino que también son mucho más explícitas.

Respecto a la forma en la que se representa el sexo entre mujeres en las series también hay otros claros ejemplos que nos demuestran lo lejos que estamos de alcanzar la igualdad. Lo podemos ver en Killing Eve, en la que después de tres temporadas no hemos visto ni un ligero roce entre sus protagonistas, Eve y Villanelle. Está claro que, en esta serie en concreto, el juego y la tensión sexual entre ellas es lo que mueve las tramas de sus personajes, pero me da por pensar que va a llegar el final de su cuarta y última temporada y estas dos no habrán follado ni una sola vez y recemos para que no maten a alguna de las dos. Qué descabellado sería si vivieran las dos, claro.

Sandra Oh y Jodie Comer en ‘Killing Eve’. (Fuente: HBO España)

Si habéis reflexionado o leído en algún momento acerca de la representación lésbica en ficción, lo más probablemente es que ya sepáis que estos personajes no suelen acabar bien, más que nada porque las matan. El síndrome de la lesbiana muerta que se llama. Lo vimos con Lexa en Los 100, con Silvia en Los hombres de Paco, con Tara en Buffy, cazavampiros, con Marissa en Todos mis hijos o con Denise en The Walking Dead, entre muchas otras. Y si los guionistas no deciden meter a una lesbiana en su serie para matarla más adelante, tienen más opciones con las que hacernos sufrir como tratarla como a una extraterrestre. Un ejemplo de ello es Emily de Pequeñas mentirosas: del resto de su grupo de amigas conocimos todos los detalles de sus relaciones sexuales y lo felices que estaban con sus novios estables y monísimos. Y luego estaba Emily, de la que no sabíamos nada sexualmente, a cuya primera novia mataron y cuyas otras parejas le hacían sufrir más que respirar. Cómo no vamos a sentirnos distintas las personas LGTBIQ+ si nos tratan como si no perteneciéramos al mismo mundo que el resto de personas heterosexuales.

A día de hoy, después de todo lo que ha pasado el colectivo, me siento a ver una serie con mi novia y en cuanto vemos una pareja lésbica sufrimos automáticamente. Está claro que queda un largo camino por recorrer en cuanto a la representación de las lesbianas en ficción, pero también es verdad que otras de ellas sí saben desarrollar bien sus tramas. En Vis a vis, con el personaje de Alba Flores nos mostraron que se puede ser gitana y lesbiana; en The Wilds con la pareja de Shelby y Toni nos enseñaron que, a pesar de que tu familia te intente inculcar ciertos pensamientos, eres tú la que decides vivir siendo fiel a lo que eres; en Atípico con Casey e Izzie nos plantean el descubrimiento de nuestra sexualidad y cómo afecta salir del armario cuando eres adolescente; incluso en Élite con la mencionada y criticada Rebeca y Mencía, nos demuestran que no hace falta poner en entredicho constantemente la sexualidad de cada persona.

Con el fenómeno que se ha creado alrededor de Luimelia, la pareja formada por Luisita y Amelia y Maitino, compuesta por Maite y Camino, queda claro la falta de referentes que tenemos las lesbianas. Ambas pertenecen a series diarias, la primera de ellas a Amar es para siempre y la segunda a Acacias 38, y ninguna de ellas ha pasado desapercibida. La petición e insistencia por parte de los fans han llevado a la creación de un spin-off de #Luimelia y a la posibilidad de desarrollar otro sobre Maitino. #Luimelia no solo es la primera serie española protagonizada por lesbianas, lo cual me parece un dato muy impactante estando en el siglo XXI, sino que también visibiliza lo que otras series no muestran: una pareja de mujeres viviendo su relación libremente y en la que, cabe destacar, el sexo está muy bien representado con el perfecto equilibrio entre pasión, deseo y delicadeza, que la alejan de esas escenas más pornográficas a las que nos tienen acostumbradas.

Como mujer lesbiana, me gustaría llegar a un punto en el que no sienta que debo dar las gracias a los guionistas de una ficción por incluir una trama lésbica o por que no maten a la lesbiana en la cuarta escena por el hecho de serlo. Daré las gracias cuando no tenga la sensación de que las incluyen para colgarse la medallita, sino que realmente lo hagan porque quieren mostrar nuestra realidad, concienciar y hacer ver a cualquier chica que se sienta sola, excluida e incomprendida, que lo que le espera si sale con mujeres no es tan catastrófico como nos quieren hacer ver. No se trata de que todo sea positivo, de que estos personajes no sufran y vivan en una burbuja de felicidad, sino de que se traten como algo más allá de su orientación sexual, con sus inquietudes y objetivos como cualquier otro. No debemos conformarnos con que hayan personajes LGTBIQ+ en las series. Luchemos y reivindiquemos que haya una representación justa y real de lo que realmente somos.

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