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La dama del lago: de la iconografía artúrica a ‘La maldición de Bly Manor’

Revisamos el cierre de la temporada y su lógica dentro de la historia

(Fuente: Netflix)

Este artículo contiene spoilers de ‘La maldición de Bly Manor’.

La dama del lago no es, ni mucho menos, una figura nueva. Desde la mitología celta hay testimonios de ella, fue reciclada en multitud de religiones y a partir del siglo XII hay pruebas escritas sobre el personaje, pero no sería hasta las leyendas artúricas cuando ganaría mayor peso. Así, no es de extrañar que con tal mochila histórica haya aparecido en varios títulos audiovisuales, siendo el más reciente La maldición de Bly Manor. Lo bonito de su relato es que en cada nueva versión que nace mantiene un espíritu común pese a que su definición pueda cambiar completamente. Bondadosa en algunas leyendas y completamente perversa en otras. Sin duda la versión de la serie de Netflix es de estas últimas, donde es la captora de las almas de sus moradores.

La clave de toda la temporada de La maldición de Bly Manor se encuentra precisamente en este personaje. Pese a que las pistas se van dejando caer a medida que avanza la serie, es con su octavo capítulo que se nos explica exactamente en qué consiste el embrollo. Y es que en la historia del caserón se encierra un relato que desembocará en la posesión de Miles y Flora. De hecho es interesante el uso de tres puntos cronológicos para completar la narración: primero con ambas hermanas, luego con la niñera y el chófer, finalmente, con la posesión de ambos hermanos.

Tenemos que remontarnos a tiempo atrás para conocer, en un penúltimo episodio exquisito y en blanco y negro, qué les sucedió a las herederas primigenias del lugar. En ellas se encuentra la clave y se explica la dualidad del fantasma; un ser perverso que deja atrapada en la mansión a las almas que se cruzan con ella, pero que no es más que una mujer traicionada por su propia hermana.

(Fuente: Netflix)

Con la historia de Viola se nos acerca a los precedentes, pero también se nos cuenta como la desfiguración y el olvido es lo que espera a un recuerdo condenado a seguir eternamente la misma rutina, encerrado en el camino que une el lago en el que habita de la casa donde murió. No queda claro qué pensar de su propia muerte, de hecho, ¿es acaso un acto de piedad o tras él se encierran los deseos de Perdita por tener lo que su hermana había logrado? La maldad de la dama nace de la perversión del acto final que la separa de su hija, pero sobre todo del transcurso del tiempo y del olvido al que está condenada, representado por la desfiguración del personaje.

Es interesante, además, el recurso de la invitación para la posesión del espíritu en los vivos. La necesidad de ser invitado es una herramienta habitual en las historias de vampiros donde, para lograr cruzar una puerta, deben ser convidados. Pero también entre las historias de espíritus y de demonios, tal y como se nos enseña en las clases del internado de Miles y como vemos tras repetirse el mantra “eres tú, soy yo, somos nosotros”. De alguna forma, para que el mal entre en nosotros tenemos que invocarlo, no basta con que este exista.

La guinda es que en la aceptación del final de nuestra existencia se encuentra la liberación. Cuando Dani invoca la presencia del alma en su propio cuerpo es cuando entiende qué sucede y decide ahogarse para permitir que el resto de los espíritus puedan seguir sus propios caminos. La muerte a la que Viola se había resistido repetidamente y el limbo en el que se encontraba necesita de la comprensión de su despedida para dejar de atrapar a otros espíritus, pero también para alcanzar ella misma la solución a su encierro.

Como decíamos antes, el drama gótico de Netflix no ha sido ni la primera ni la última vez que hemos visto en la pantalla a la dama del lago. Tenemos otras series donde encontrarla: en algún momento de The Witcher deberíamos verla, pues Sapkowski hasta le dedicó una novela, y también en Merlín nos hablaron de ella, así como en Las nieblas de Avalon, adaptación de la obra de Marion Zimmer Bradley. Sin embargo, ha sido este año cuando ha logrado, por fin, ser la protagonista de una serie con Maldita, donde fue encarnada por Katherine Langford.

‘La maldición de Bly Manor’ está disponible en Netflix.

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