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La temporada 4 de ‘Outlander’ ha tenido un problema: se llama Roger

La serie no consigue escapar de las protestas de que idealiza relaciones que deberían criticarse

Roger y Brianna, en la cuarta temporada de ‘Outlander’. (Fuente: Movistar+)

La adaptación a televisión de los libros en los que se basa Outlander ha tenido siempre que sortear un buen número de minas derivadas del género en el que se adscribe. Sí, su protagonista viaja en el tiempo (de 1945 a 1743), pero lo que importa es que se enamora de un highlander y que su amor es una historia épica que atraviesa años y continentes, con vidas arruinadas y derramamiento de sangre, como decía Logan Echolls en Veronica Mars.

En el retrato de Claire y Jaime se ha procurado siempre que ambos se vieran de igual a igual. Ella tiene una personalidad fuerte y no se deja amilanar así como así. Aprende a moverse en un siglo XVIII en el que las mujeres apenas tenían opiniones propias, y en el que la violencia sexual era habitual, y cuando se enfrenta a Jaime, se aprecia que la relación de ambos se construye desde el respeto mutuo.

Las principales críticas que se le hacen a Outlander llegan cuando el resto de la serie no sigue los mismos estándares que la relación entre sus dos protagonistas. El tratamiento de las violaciones, por ejemplo, siempre ha sido muy controvertido porque la línea que separa su uso justificado para la historia de un mero giro de guión efectista es muy difusa (en esta cuarta entrega hay una en concreto que ha generado mucha polémica, y lo hizo desde su inclusión en el libro de Diana Gabaldón), y algo similar ocurre con la tentación de idealizar comportamientos que, hasta hace no mucho, nadie se planteaba que no fueran románticos.

Los problemas con Joe Goldberg, el protagonista de YOU, aparecen cuando una parte importante de la audiencia ve como normal, y hasta atractivo, que sea un acosador. Outlander ha tenido su propia versión, menos psicópata, de ese personaje en Roger Wakefield.

Claire y Jaime están ahora en Carolina del Norte, todavía colonia inglesa en 1768. (Fuente: Movistar+)

Roger es el joven historiador escocés al que recurren Claire y su hija Brianna al final de la segunda temporada, en los años 60, cuando la primera está intentando averiguar qué fue de Jaime tras la batalla de Culloden. La serie nos muestra que Bree y el joven entablan una relación que, al principio, es más de una amistad tentativa separada por el océano Atlántico, pero él se da cuenta con bastante rapidez de que está enamorado y que quiere algo más.

Aquí está el origen de todo el problema que estalla en la cuarta entrega. De Brianna hemos visto cómo se relaciona con Frank y con su madre y, en especial, cómo le cuesta comprenderla y verla como Claire Randall Fraser, y no sólo como la mujer que le dio la vida. El camino de la joven ha sido, hasta ahora, acercarse más a su madre. Roger ha estado siempre en un segundo plano; sí, le gusta, e incluso lo quiere, pero su historia de amor no ha sido prioritaria para la serie ni para Brianna.

Sí lo es, sin embargo, para Roger. Es la característica que lo define, su amor por la joven pelirroja. Perseguirlo es su motivación en la cuarta entrega, y precisamente que lo persiga es donde está la clave de que haya sido el personaje más irritante de todos. Porque, en el género romántico, Roger debería ser el gran héroe, el gran ideal: lo abandona todo por amor, no acepta una respuesta negativa y hasta deja de lado sus propias decepciones con la otra persona porque la quiere demasiado y no soporta dejarla marchar.

A lo mejor, deberías.

Richard Rankin, como Roger. (Fuente: Starz)

Roger sólo está pensando en él. Lo que cree que son grandes gestos románticos son trampas que le tiende a Brianna para que ella no pueda escapar, como esas personas que aprovechan el intermedio de la Super Bowl para pedir matrimonio. Quiere que ella se pliegue al ideal que él ha formado en su cabeza, y aunque Bree le afea en varias ocasiones que, precisamente, no tiene en cuenta lo que ella piensa ni siente a la hora de tomar esas decisiones, al final, él acaba saliéndose con la suya. Es lo que marcan los códigos de este género.

Eso no impide que haya sido de los personajes que se han comportado de una manera más estúpida y desconsiderada de la temporada. Y, sobre todo, contrasta vivamente con la manera en la que se ha mostrado a Jaime Fraser. Cuando un highlander del siglo XVIII es más avanzado y respetuoso que un académico del siglo XX, es que algo no está funcionando.

Outlander intenta que Roger sea el romántico al que la audiencia apoya porque quiere que triunfe el amor. Pero eso no es amor. Roger no tiene en cuenta más sentimientos que los suyos. Aquello que cantaba Garnet en Steven Universe de que una relación es una conversación es demasiado elevado para él.

La cuarta temporada de ‘Outlander’ emite su último episodio en Movistar Series el lunes 28 de enero.

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