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‘Ozark’: las 3 cosas que mejor supo hacer la serie en su temporada 3

El drama de Netflix se consolida en una entrega con giros y momentos de humor negro

(Fuente: Netflix)

Este artículo se ha escrito después de ver la tercera temporada de ‘Ozark’ completa.

Lo que comenzó en Ozark como la aventura de un tipo que se había metido en un lío se ha convertido en un gran entramado de personajes que dedican el tiempo a defenderse y tirotearse. La serie de Netflix ha conseguido consolidarse en una tercera temporada llena de giros y momentos de humor negro.

Ha sido una temporada algo extraña porque al principio transmitía cierta pérdida de rumbo, pero no hay más que ver el último fotograma del décimo episodio para comprobar hasta qué punto ha crecido la serie y ha encontrado su propio lenguaje y reglas internas. Repasamos algunos de sus puntos fuertes.

El drama en todo su esplendor

En esta temporada, Ozark ha podido jugar con el drama. Ya no es una buena serie dentro de sus competidoras; es buena, y punto. Nos habían acostumbrado a ver situaciones extremas, pero con algo parecido a la indiferencia. Los asesinatos, secuestros y ajustes de cuentas se sucedían sin que el espectador lo viviera como algo próximo. De alguna manera, la narración partía de una visión cuasi relativista donde nada era realmente importante.

Por fin ha encontrado su lugar moviendo sentimientos. Con la introducción de nuevos personajes hemos podido ver un cambio de actitud. Lo cómico ha salpicado un montón de momentos y se ha convertido en un recurso y uno de sus contrapuntos, solo hay que recordar a esa terapeuta o la peor pedida de matrimonio de la historia. De hecho la última escena de la temporada hace que el cuerpo no sepa cómo reaccionar, si con susto o carcajada. Pero si algo ha destacado ha sido la crudeza y la tragedia que despierta el fin del hermano de Wendy.

La situación es obviamente triste, pero el ritmo y el tono con el que es narrado no es el que nos tenían acostumbrados. Es el detonante que hace que la familia se active y funcione, por fin, como una piña; olvidando, de paso, las tediosas regañinas en las que habían se estaban acomodando. Es curioso que el final del que detecta sus funcionamientos tóxicos sea lo que los Byrde necesitan para unirse.

Wendy Byrde despega, por fin

(Fuente: Netflix)

Si alguien brilla en esta temporada es Laura Linney. El recorrido que hace durante los diez episodios es espectacular, desde la transformación en ese ser frío, calculador y retorcido, capaz de juntarse con quien haga falta para perseguir unos fines completamente personales a lo que hemos visto en los últimos capítulos.

Wendy se rompe. No hay otra forma de explicarlo. La explosión del llanto impotente con Marty es preciosa; nos congela ante la pantalla y, diría que por primera vez, pone el nudo en la garganta al espectador. El descenso a los infiernos es necesario para que la repentina unión familiar sea verosímil y Linney no podría haberlo bordado más.

En una serie donde parecía que ella iba a remolque y donde en el punto de partida las mujeres eran comparsas, de golpe vemos cómo todas las tramas están lideradas por señoras con mucho que decir. Desde la perversión de Helen Pierce a la naturalidad animal de Darlene, son ellas las que llevan el peso del carácter y temporada a temporada es un placer verlas.

La reinvención de los Byrde

Si Ozark acaba siendo una serie con muchas temporadas, la tercera será la que marque un punto de inflexión en su camino. Es algo irregular, tiene tramas que no acabas de entender a dónde van y de golpe da un giro de volante y se convierte en algo completamente distinto. Y es justamente el recorrido que siguen sus protagonistas.

Los Byrde se han visto obligados a aceptar la situación en la que están y a acomodarse en ella. Los cuatro, porque ya no hay más niños en la familia. Charlotte lleva la casa mejor que sus padres y Jonah posiblemente no haya sido nunca demasiado infantil, pero ahora, además, se ha puesto a la altura de su padre para idear nuevas herramientas. Jamás van a poder perder de vista a Navarro si él no quiere. Su papel es clave, con él hacemos que el cartel tenga cara visible y no sea un ente abstracto. Llegado el punto, solo dependerá de él que tengan permiso para retirarse, pero a su vez es a él al que hay que convencer hasta el momento.

Ya no hay intermediarios, ya se han ganado su confianza. Han necesitado tres años, varios casinos y multitud de muertos. Pero ahora los Byrde son la gran apuesta de Navarro, y queda mucho camino por delante.

La tercera temporada de ‘Ozark’ está disponible en Netflix.

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